sábado, 30 de mayo de 2015

Amor de contrato...

Cuando el amor se convierte en un contrato…

¿Quién me engañó? ¿Acaso fueron mis padres, los cuentos de princesas, las películas románticas, los versos de Sabina; o quizás fueron tus abrazos, tus miradas o tus “te quiero” mientras hacíamos el amor?

Yo no sabía que el amor se sellaba con un abrazo y se olvidaba en un mensaje de texto, un viernes cualquiera por la mañana. Yo pensaba que era al contrario, como siempre. Pensaba que al amor era algo inductivo, que se crea de la nada y se forja con el tiempo, a pesar de todo. 

El amor.

El amor. Repítelo de nuevo; el amor. Siente la palabra. Ahora sé capaz de ponerle una imagen, una cara, un olor, un sabor, un sonido, un latir… ¿Con qué parte del contrato se corresponde, con el inicio o con el final? No sé quién decía que el amor tiene más de desamor que de amor. Amor de contrato basura, en todo caso.

El amor es “cuando a pesar de todo”.

Cuando a pesar de todo te miro a los ojos, escucho tu voz y te doy un abrazo mientras te digo que aquí estoy yo, a pesar de todo. El amor es estar a tu lado cuando lo necesitas tú y no cuando lo necesito yo. El amor no se circunscribe a uno mismo, porque el amor, el amor es expansión; expansión que se dirige desde uno mismo y viaja allá donde es necesario, porque el amor es cura y sanación para quien lo necesita. ¿Cómo retener al amor? No puedes retener al amor, y si crees que lo estás reteniendo, si crees que puedes, eso no es amor, al igual que si crees que alguien no lo merece, porque eso tampoco es amor.

El amor sin recargo, sin medidas, sin balanzas ni compensaciones.  El amor es antagónico al egoísmo, y no pueden coexistir ni en el espacio ni en el tiempo, al igual que no puede haber luz en la oscuridad o pasión sin deseo. El amor es no necesitar perdonar y entender que hoy somos diferentes a ayer, que “ahora” es lo único que tenemos y que quizás mañana sea demasiado tarde. Cuando hay amor no hay espacio para el egoísmo, para resentimientos, para los “perdono pero no olvido”, para la indiferencia, para la omisión, para el olvido.

Cuando el amor está presente el egoísmo muere, pues no encuentra su lugar porque el amor es expansión y lo abarca todo. Es una cuestión de la lucha por la presencia, pues ambos no pueden coexistir, como el bien y el mal, como el día y la noche. No hay ocasos ni crepúsculos porque el amor es integral, pleno y rotundo.

Contratos de letra pequeña, de abrazos que asustan, de magnitud excesiva, desmedida y fuera de lugar. Abrazos de postal, incongruentes con cualquier significado, pues se esfuman cuando son requerido y se trafica con ellos a cambio de un poco de sexo barato. Contratos que rescinden con un puñado de palabras escritas con rencor, después de haber escuchado un último te quiero,  de esos “te quiero” que duran “lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks”. 

La incongruencia llega con ese abrazo que sabe a poco, por mucho que duren el tiempo, cuando no hay amor de por medio y, sin embargo, cuán falta hace, por poco que dure, cuando el amor verdadero, ese que no es de postal, lo requiere.

El amor  de contrato es el amor de conveniencia, de egoísmo, de amar porque quiero algo a cambio. Y cuando ya no me sirve, cuando ya tengo lo que necesito, se esfuma. Y si se esfuma es porque nunca se instauró en ti, créeme, nunca. Cuando el amor te invade lo hace para siempre, e incluso se incrementa cuando te hiere el ser amado, porque es quien hiere quien realmente sufre y quien necesita ser perdonado. Porque el sufrimiento se eclipsa, se empequeñece, se oscurece con Amor. Porque el perdón no es tan siquiera necesario para alguien que vive con Amor.