jueves, 26 de junio de 2014

AÚN CREES EN EL DESTINO?...

Resumo tus palabras y me quedo con un adiós. Esta es la síntesis de un tiempo que se fue y el prefacio de otros que vendrán, pues el fin es algo muy etéreo que aún no soy capaz de situar en el momento temporal idóneo.

La rareza del ser humano radica en su complejidad. Durante siglos nos hemos estado preguntando si hay vida después de la muerte olvidando que sí hay vida antes de ésta. Y se abre delante de ti en el momento preciso que tú desees transformar lo que eres en lo que quieres ser. Estamos a un simple pensamiento de cambiar nuestras vidas, y cuando dejes de un lado el miedo el camino se abrirá ante ti, y entonces tendrás la sensación que el universo conspira a tu favor.

El sofocante calor desaparece en el justo momento que tomo rumbo a lo desconocido, buscando esa sonrisa perdida que nunca vi pero que sé que existe. Contemplo el paisaje, y me es familiar, pero ahora, como todo lo que dejé atrás,  simplemente es algo que solía conocer. Como aquella voz que dejó de tener sonido en mi cabeza, como aquella sonrisa que se perdía entre el bullicio de la soledad y que yo quería para mí, aunque fuera solo un instante, aunque fuera por el privilegio de ser importante par ti. Como esas palabras de cielo que me llevaron al infierno, buscando un nuevo sonido, una nueva melodía.

¿Has tenido alguna vez una pesadilla? Las pesadillas, la mayoría de las ocasiones, no son más que mecanismos que pone en marcha nuestro cerebro para que, de alguna forma, podamos enfrentarnos a eso que tanto miedo nos da y así, cuando el momento en cuestión llegue, si es que llegase, nuestro organismo se encuentre preparado para afrontar ese momento. Es una anticipación que nuestra mente hace sobre aquello que tanto nos preocupa. Si cambiamos nuestra forma de pensar, nuestras preocupaciones, las pesadillas desaparecerán y se tornarán como los más bellos de los sueños.

¿Y qué es de un sueño sin princesas de cabellos rubios, sin casitas de hadas mágicas, sin árboles frutales, sin un verde lleno de vida, sin un cielo negro lleno de estrellas y  sin la niebla que sube del valle inundando toda tu vida de paz? El olor a tierra de cultivo, a labranza, el olor a hogar, el sabor que quisiera robarte para poder tenerte un poco más de tiempo entre mis brazos. Todavía no te conozco y ya te extraño, pues has matado mis pesadillas y las has convertido en sueños.

Cualquier pequeña variación en un punto del planeta genera, a la larga, un efecto considerable al otro extremo de la tierra. El simple aleteo de una mariposa en Nueva York, podría generar un huracán en las costas asiáticas. Pero piénsalo por un instante. Cuando te dejas olvidadas las llaves, cuando tu jefe te dice que tienes que quedarte a terminar el trabajo, cuando pierdes el autobús, cuando decides pasar el fin de año solo y de repente todo cambia, y no sabes por qué. Las pequeñas oscilaciones que vivimos a diario son las que hacen que hoy podamos unir los puntos y las que han hecho que yo hoy, aquí y ahora, esté escribiendo estas palabras, y que tú hoy, ahí y ahora, estés leyendo las mismas. Es la teoría del caos, y a lo que la gente llama destino, aunque con algunas diferencias.

El destino, así tal como hemos conocido la acepción, ocurre sin más. Es como si alguien hubiera escrito de antemano nuestras vidas. Como un guionista de una película cómica para algunos, de terror para otros, quizás dramáticas y, como no, de ciencia ficción para la mayoría. ¿En serio creemos que existe alguien en este universo que se tome la delicadeza, el tiempo suficiente, la preocupación instintiva, el interés voluntario y las ganas necesarias de dirigir cada una de nuestras vidas?

Lo que si es cierto es que las cosas ocurren. Claro que si hubiéramos tomado otro camino las cosas serían diferentes, pero eso no lo sabremos nunca. Como tal, todo es un caos, y es la magia de la vida la que hace que ahora sople esta fresca brisa, la que se lleva mis palabras allá donde tú la puedas leer ahora. La diferencia en todo esto radica en la acción. Sin acción las cosas no ocurren, y la acción parte de un pensamiento, ¿cierto?

Con el mismo patrón de pensamientos las cosas seguirán más o menos desarrollándose de la misma manera. Así que, ¡muévete! Haz que las cosas sucedan. Tienes que ser un “hacedor” de cosas. Sal, camina, llama, habla, corre, conduce, grita, llora, pero no te quedes quieto porque nada cambiará. No pasa nada si en el camino se te pierden las llaves, si no llegas a tiempo al autobús, si tu jefe te dice que tienes que quedarte un par de horas más en la oficina. No importa que te haya ocurrido todo lo que llevas en tus hombros ahora, porque eso es lo que ha hecho que hoy seas lo que eres, y eso es lo que ha hecho que estés ahora ahí, haciendo que ocurra eso que muchos llaman destino.

Muévete y deja de preocuparte por las cosas que suceden, y hablo por experiencia. Porque no todo lo puedes controlar. Lo que si puedes controlar es lo que piensas en cada momento, el sentido que le veas a las cosas y como afrontes lo que vaya viniendo. Nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir y estamos, como dijo Ramón Núñez Centella “estamos programados para vivir, y para vivir felices”, así que no te preocupes por las cosas que no puedas controlar, controla tu forma de pensar. De esta manera habrá una retroalimentación positiva entre lo que pienses y lo que vendrá; ya que si nuestro cerebro está programado para vivir, y ser felices, y dedicamos buena parte de nuestra vida a pensar de una forma positiva, lo único que puede venir es esa niebla matinal que sube desde el valle, ese cielo negro y estrellado, ese verde lleno de vida y esos sueños de princesas y sonrisas.



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