lunes, 26 de mayo de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ: CAP 4

"Hay que reivindicar el poder de la palabra, poderosa herramienta que puede cambiar nuestro mundo. <>"

“Los rifles no pueden matar las palabras”. Algo así decía una canción que escuchábamos juntos por el camino serpenteante que nos llevaba a la gloria que se infectaría al cabo del tiempo. Ahora soy yo quien sortea con mis palabras las balas que dispara ese arma sin confiscar, un arma que solo algunas personas poseen, arma gratuita, que no necesita licencia para ser usada. Un arma de la que nadie oirá el sonido de sus disparos que nos atravesará el alma. Y no podremos evitarlo, a no ser que sea de esta forma, con palabras, las que los rifles no pueden matar.

Durante estos días he intentado expulsar, con palabras, todos esos sentimientos que mi mente ya no era capaz de retener por más tiempo. “Escribí, escribí, para no morirme”. Sentía que si no “gritaba” iba a explotar; y nunca encontré mejor forma de gritar que escribiendo. Porque cuando escribes tienes tiempo para reflexionar, corregir, repasar, pensar y respirar. Siempre me fue mejor escribir que hablar cuando un sentimiento de la magnitud de todos aquellos que he experimentado durante este tiempo se apoderaba de mí.

Pero no solo yo he escrito en estos últimos días de frio invierno. Muchas otras personas lo han hecho también. Algunos de forma anónima, otras con nombre y apellidos, muchos amigos míos, y algún que otro amigo de las tinieblas. Era consciente que no era yo el único hombre que estaba pasando por una situación en la que una mujer, aprovechándose de la ley, le quita la libertad a un hombre y deja que lo traten como un delincuente. Pero, ¿tantos? Un conocido casi pasa doce años en prisión por una denuncia falsa. ¿Dónde está el límite? ¿Cuánto debemos temer? La mayoría apenas asoman la cabeza, temerosos ante la repudia de una sociedad que aclama igualdad en las calles, frente a los parlamentos, mientras que en los callejones oscuros de nuestras ciudades, mientras cuando estamos dormidos, nos imponen estas leyes de las que nadie quiere, ni puede, hablar.  http://www.alertadigital.com/2014/01/03/26-hombres-asesinados-por-el-hembrismo-en-2013/

Datos de 2013:
·          48 mujeres asesinadas por el machismo
·          26 hombres asesinados por el hembrismo
·         5 niños asesinados por sus padres
·          8 niños asesinados por sus madres
       700 mujeres se han suicidado
·          2.700 hombres se han suicidado 

Me sorprende cómo nunca supe nada de esas veintiséis muertes de hombres a mano de mujeres, ni de esos dos mil setecientos suicidios de hombre que, en multitud de ocasiones, no tuvieron otra salida ante la injusticia, ante el horror, ante la humillación.

Creo que debemos un respeto y una consideración a todas esas víctimas que pagaron con su vida la locura de algunos seres violentos y desquiciados. Sinceramente, creo que esto no ayuda nada a que esas cifras disparatadas disminuyan. Policías, jueces y funcionarios sonrieron, irónicamente, incrédulos, cuando les expuse mi caso. “No puedes hacer nada. Esto, lamentablemente, es así”. En los juzgados de “Violencia contra la Mujer” veía la sonrisa de incredulidad de algunas funcionarias que, día a día, se encuentran con multitud de casos como el mío. Ellas lo saben, yo lo sé, pero cuando les preguntas solo sonríen, frunciendo el ceño, con resignación e indignación, cuando les dices que la juez no me dejó llevar a un testigo que sabía que ella me había agredido físicamente en más de una ocasión, cuando la juez sabía que el día que me denunció fue el día siguiente de que me encontrara con ella en la playa, después de que el padre escuchara de boca de mi amigo que yo debía tener más miedo de su hija que ésta de mí. En ellas vi la indignación y la repudia; quizá avergonzadas por estar en el bando privilegiado, quizás ellas también quieran igualdad, y no jugar con ventaja, como si de una partida de póquer se tratara en la que vale todo. No somos rivales, sino personas.

Hace una semana fui a escalar y me encontré con ella. Me fui a la otra parte de la zona de escalada. Lo más alejado que podía, en el otro extremo. Ella bajó de una vía y comenzó a hacerme fotos. Inmediatamente marché. Para irme tuve que pasar por su lado. Cabizbajo, sin levantar la mirada por un momento. Pero percibo su presencia. “Teme tanto” que se queda inmóvil junto a la puerta del sector por la que yo tenía que pasar para marchar, con su cuerpo dirigido hacia mí. Noto como miraba, amenazante, desafiante. ¿Acaso es cierto que teme o, por el contrario, estaba usando el arma que la ley le ha otorgado injustamente? Si realmente hubiera temido no se hubiera quedado en la puerta, mirándome desafiante, gozando, me atrevería decir, del momento, del poder.

No la molesté, no la saludé, ni tan siquiera la miré. Estaba apartado, lo más lejos que podía. Yo estaba con una amiga. Ella con un montón de amigos y su nueva pareja. ¿Por qué esa acción? Me dio mucha pena, porque me hubiera gustado que se hubiera preocupado por estar feliz, con su nueva pareja, disfrutando de esos momentos maravillosos que se tienen cuando comienza algo bonito, en lugar de estar disparando con su cámara, no sé con qué intenciones. Me da pena de ese chico, la verdad. Pero lo que sí me da coraje es que ella era alguien a la creí conocer desde siempre cuando empezamos la relación, y a la que parece que nunca llegué a conocer cuando todo acabó, después de ocho largos años. Ahora simplemente es alguien a quien solía conocer.

 “LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ” ha sido, sin duda, lo más duro que escribí jamás por muchas razones. Primero por exponer una parte de mi vida que todo el mundo escondería. Vivimos en una época en la que sólo mostramos nuestra mejor cara, quizás hasta retocada por la tecnología, para aparentar quienes no somos ante gente que no conocemos y a quienes no le importamos. ¿Qué diferencia existe entre publicar al mundo cuando encadenas la vía más dura de tu vida y en contar todo lo que te ha ocurrido y que ha torturado tu cuerpo, tu mente y tu alma? ¿Acaso no sigo siendo la misma persona? Yo creo que sí. ¿Acaso no soy más genuino, más auténtico, más yo? Segundo porque escribir todo esto implicaría unos daños colaterales, para mi familia, para ella y para la familia de ella. Pero como dije antes “escribí, escribí para no morirme”.

Ahora vivo con miedo. Miedo a que cuando, después de una hora de carretera, llegue a una zona de escalada en la que he quedado con amigos me encuentre con ella refugiada tras su rifle en forma de teleobjetivo, tratando de cazar a su presa y llevarle el trofeo a su padre. Vivo con miedo de no estar preparado cuando me llamen de comisaría por otra denuncia falsa e injusta. "Si ella llega, huye” ¿Sabéis qué triste es tener que oír esa frase de amigos, familiares e incluso de policías, abogados, funcionarios y jueces?

Todavía me decía el otro día una chica que si necesitaba “gritar” que me fuera a un psicólogo, que no debía contar nada aquí. ¿Yo? No tiene ni idea de a cuántos he visitado, a cuántas personas le he tenido que contar mi historia, cuántos tratamientos farmacológicos, cuántas terapias para vencer una mentira!! 

Cuando ocurre este último suceso, el de las fotografías, voy a la comisaría a informar del atestado y la policía me dice que he hecho bien, que cada vez que me encuentre con ella vaya y lo diga. Ellos están en primera línea. Ellos son los que cada día ven como muchas de estas mujeres despechadas se benefician del terror que sufrieron el año pasado esas 48 mujeres y, cómo no, esos 26 hombres.

Pero hoy, y siempre, me haré la misma pregunta:

¿Por qué me denunció al día siguiente? ¿Por qué no el mismo día cuando me la encontré? Es la típica pregunta a la que nunca solía responder.



Continuará….


3 comentarios:

  1. mucho ánimo tio, no tengo la suerte de conocerte pero el tiempo pone a cada persona en su sitio. un abrazo

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  2. Gracias Rubén.
    Sabes qué me da mucha pena? Pues que eso que has dicho es cierto. Y verdaderamente no quiero que nadie tenga que sufrir, ni pensar que el sufrimiento de esas personas que me han originado tanto mal me haga sentir mejor ni me sirva de consuelo. Pero la vida es así y, como tú dices, el tiempo pone a cada uno en su sitio.

    No he escrito nada de esto por herir a nadie, sino por salvarme a mí mismo. Un abrazo y mil gracias!!!

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  3. Paciencia!!! como dice Rubén el tiempo pone a todos en su sitio, a unos antes y a otros después;...a veces con tanta frase bonita, tanto mensaje "romántico" en la red nos olvidamos de que el "amor" no siempre es lo más importante, y que muchas veces más vale poner tierra de por medio que seguir insistiendo en un supuesto amor que no es tal...lo has aprendido por la vía más dura, y las cicatrices que esto te va a dejar te ayudarán a ser más fuerte,...Aquello que no nos mata, nos hace más fuerte que diría Nietsche, o lo que no mata engorda que diríamos en Andalucía. Paciencia y ánimo.

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