domingo, 18 de mayo de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ. CAP 1

Esta historia podría ser un hecho real o no. Podría ser mi historia o la de un amigo. También podría ser tu historia. La he dividido en unos cuantos capítulos porque es un poco larga. La intención de contarla no es más que soltar unas ideas, unos hechos y unos pensamientos que me inquietan. He intentado ser lo más objetivo posible, siguiendo mis principios. sin intentar engañaros ni engañarme a mí mismo. La intención es que la gente piense en este tipo de casos y en las circunstancias que hace que actuemos como lo hacemos en diferentes situaciones. ahí queda eso...

PRIMERA PARTE: LA CÁRCEL

En el verano de 2013, a finales de agosto de ese caluroso verano,  pasé 3 noches en los calabozos de la comisaría de policía de mi ciudad. Mi ex pareja, con la que llevaba una relación de 8 años, impuso una denuncia por acoso cuando yo, después de que ella me dejara por enésima vez, fui a la playa donde siempre íbamos los tres (ella, su hija y yo), con la intención de hablar con ella. Ella me amenazó con denunciarme mientras yo esperaba pacientemente, jugando a las palas con la pequeña, poder hablar con ella. Se ve que esa situación no le gustaba y se dirigió a la comisaría de policía. Yo la acompañé a las dependencias policiales, ya que no veía que pudiera ocurrir lo que, a posteriori, ocurrió. 

Ella impuso una denuncia por ACOSO y yo pasé 3 días en los calabozos sin poder decir nada. Nadie me preguntó si era cierto eso que ella dijo. Era viernes y allí me quedé hasta el lunes, cuando se celebró el juicio rápido. Recuerdo que mi amigo J. me preguntó, días después, por mi fin de semana, a lo que respondí con un irónico “genial”.

 Estar en la cárcel es como en las películas, pero con alguna diferencia. Te leen tus derechos, te hacen las fotos, te dan algún cigarrillo, hacen que te quite los cordones de los zapatos, el del bañador y te encierran. Lo que sí aprendí fue una cosa en esas 3 noches que pasé encerrado entre 3 paredes y una puerta de gruesos barrotes de acero. Y es que “la policía no es tonta”.

 Me trataron genial. “hacemos nuestro trabajo. ¿Acaso crees que no sabemos la diferencia entre  cuándo una tía está despechada y se beneficia de la ley de otra mujer que verdaderamente está sufriendo malos tratos y sufre?” Recuerdo que me tuvieron que llevar al hospital justo después de que la puerta se cerrara delante de mi cara porque me dio un ataque de ansiedad.  Vieron en mí “tanto peligro” que me llevaron sin esposas (que ellos llaman grilletes). Me dijeron que ella se contradijo en muchas ocasiones en su declaración, pero ellos, por ley, tenían que encerrarme hasta que se celebrara el juicio. No podían hacer otra cosa más que darnos cigarrillos y ánimos. ¡Hasta ellos me dijeron y advirtieron de lo que sucedería posteriormente, lo que voy a contar…

En el juicio rápido me pidieron un acuerdo al que no accedí (una orden de alejamiento y 6 meses de prisión que no cumpliría por no tener antecedentes penales). Al no haber acuerdo, en el plazo de un mes se celebraría un juicio más “formal”. En él pedían una orden de dos años o algo así y una pena de 9 meses de prisión (que no cumpliría por no tener antecedentes) Mientras tanto, mientras que no se celebraba el “gran juicio” me impusieron una orden de alejamiento hasta que no se celebrara el juicio. A los dos días de salir de los calabozos ella se puso en contacto conmigo a través de un amigo común, incumpliendo la orden. Se mostraba desconsolada, arrepentida. Me dijo que me amaba, lloró, me pidió disculpas. Estaba segura, eso decía, y eso me creía yo, ingenuo de mí, que había sido el mayor error de su vida y a mi amigo A. le llegó a decir que hubiera dado lo que hubiera hecho falta por cambiarse por mí en todas esas horas que yo pasé allí. Así que la perdoné. La quería, y sabía que necesitaba ayuda. Comenzamos a vernos y durante un mes estuvimos incumpliendo una orden de alejamiento. Recuerdo una conversación, de las poca que tuvimos en la vida, en la que le dije que por qué no iba a ver a un psicólogo. Quizás éste pudiera echarle una mano. Yo creía que no era normal que tuviera tantas incoherencias en sus pensamientos y actitudes. O hacía una semana o ahora estaba mintiendo. Me dijo que primero viviríamos juntos y si la cosa no iba del todo bien entonces iría a un psicólogo. Nunca llegamos a vivir juntos pues nuca fue a un psicólogo. Era como querer encadenar un 8b antes de empezar a entrenar. Yo encadeno el 8b y luego entreno, ¿vale? Porque eso que estábamos haciendo era como intentar un 8b, de adherencia, sin cuerda, con los gatos rotos y un día de calor.

Al mes se celebró el juicio y ella dijo que no quería testificar. Le dijo al juez que seguía siendo mi pareja y se acogía al derecho a NO declarar. Salí absuelto.

A partir de ahí hablamos. Era octubre, la orden de alejamiento se canceló y volvimos a ser pareja. En ese periodo me dijo, como ya he dicho, que quería que viviéramos juntos, que me amaba (una palabra un tanto grande y manipulativa). Me dijo que iba a hablar con sus padres (o que había hablado ya, no lo sé) y que éstos deberían aceptar que ella quería estar conmigo, pues como el padre argumentó en gran número de ocasiones yo no les caía bien. Nada nuevo. Lo del psicólogo parecía aparcado. A mí eso me convenció. ¡¡¡¡Me dijo que me amaba!!! Era algo que pocas veces había ocurrido en esos 8 años de relación. Creo que fueron más veces la que me puso la mano encima que las que me dijo que me amaba. ¿Podría haber cambiado?

Oficialmente, en octubre de 2013, habíamos retomado la relación. Exactamente el día 3 de octubre.
Pero el tiempo, ese tiempo que todo pone en su sitio, ese tiempo que le da significado a la palabra verdad, mostró lo que cada uno somos.

Durante la primera semana en la que volvimos a retomar la relación no nos vimos salvo el fin de semana para escalar. Eso no me acabó de gustar, ya que sus intenciones, como me argumentó en sus crisis de culpabilidad, era la de convivir juntos, que yo le ayudara con la cría, que fuéramos una pareja normal. Yo quería pasar tiempo con ella y con su hija, la que por aquel entonces tenía 10 añitos y a la que yo llevaba viendo desde que tenía 3 años. También era pronto. Solo había transcurrido una semana desde que se celebró el juicio. Ese primer fin de semana nos fuimos a escalar.

La segunda semana transcurrió igual que la primera. No quería que nos viéramos salvo el fin de semana…para escalar.  Eso estaba produciendo en mí ciertos desatinos mentales, obviamente. Recuerdo comentárselo, y  ésta siempre decía que no tenía tiempo de que nos viéramos. Nos fuimos el fin de semana a nuestro pueblo favorito, que por aquel entones celebraban la fiesta de “Los Bandoleros”.
A la tercera semana volvió a suceder lo mismo….

Entonces fue cuando le expuse, en una de las situaciones más difíciles de mi vida, que habláramos acerca de la situación, ya que esto no se correspondía con sus intenciones de convivir juntos que ella “tanto ansiaba”. Recuerdo que era viernes, recuerdo que era uno de los días en los que más tranquilo me encontraba. Y encontrarse tranquilo después de lo vivido, después de todo lo ocurrido, después de haber escuchado sus promesas, su arrepentimiento, haberla abrazado, perdonado, secado sus lágrimas y aceptado el hecho de que cualquier persona pudiera equivocarse, no era fácil. Recuerdo que ella no quería hablar conmigo y canceló, después de que yo le pidiera cordialmente mis intenciones de hablar con ella, el plan de ir a escalar ese fin de semana. El sábado hablamos.

Pero el sábado ella no era ella. O quizás ella no fuera ella en algún momento de las semanas pasadas cuando mostró su arrepentimiento. Intenté hablar y conversar. Pero vivimos en un mundo en el que discutir es un término que destruye el hecho de conversar. La diferencia es que en el primero de ellos no se muestra empatía, y en el segundo hay que escuchar a la otra persona, ponerse en su lugar y ser objetivo. Estamos muy lejos, a años luz, de poder acercarnos a conversar con humildad.

Me volvió a dejar…

Encajar eso no es que fuera fácil precisamente después de lo que había aconteció hacía tan solo un mes. Cárcel, falsas promesas, y el hecho de que me convenciera que su amor, palabra bien grande, era verdadero.

Un mes después aproximadamente…

Llegó un nuevo fin de semana. Y nos fuimos a escalar. Ahora como amigos, claro. Yo me agarraba a un clavo ardiendo para poder estar con ella. Volvimos a mantener relaciones sexuales. Cuando le pedí explicaciones sobre su actitud ella me dijo que si yo la calentaba… éramos amigos….

Habían pasado 4 semanas desde que estuve entre rejas. Era el tercer o cuarto fin de semana de octubre y llegaba el fantástico puente de noviembre. Yo cogí una casa en El Chorro. Hablé con ella y le invité a que pasáramos allí unos días. Me dijo que tenía que pensarlo, que tendría que ver cuánta tarea tenía la niña para esa semana. Le expuse que, como las tardes eran cortas, podríamos escalar y, después, podríamos estar en la casa, con la chimenea, y que ayudaría a la cría a estudiar. Ella accedió.

Un par de día antes, si no el mismo día, ella me dijo que iría un amigo de ella a escalar uno de los días, el sábado. Un amigo de esos virtuales que le regalaba los oídos y al que a mí no me gustaba demasiado.
Pero éramos “amigos”, ya que me había vuelto a dejar hacía una semana. Entonces recuerdo decirle que cuando el amigo estuviera allí, escalando, yo me iría a otro sector, pues no me gustaba la idea de echar un día con él. (Era lo único que podía hacer porque ya no éramos pareja. Ahora solo éramos amigos que escalaban juntos y tenían relaciones sexuales cuando quisieran. O sea. Éramos como antes, salvo que ahora lo llamábamos de otra forma). Eso a ella no le gustó (el hecho de que yo me fuera a otro sector el día que su “amigo” apareciera por allí), canceló nuestro plan, rompió todo tipo de comunicación conmigo y se fue con él a pasar el puente. Yo me quedé en casa los 4 días, desconsolado, traicionado, dolido y herido. Volviéndome loco (metafórica o literalmente, no estoy seguro). !!!Solo 4 semanas después del juicio y un mes después de que hiciera que me metieran entre rejas!!!


Jamás, después de aquel día, he tenido la oportunidad de hablar con ella.

continuará...

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