martes, 4 de marzo de 2014

LUCHAMOS POR LO QUE CREEMOS?

Estoy en el gimnasio, como últimamente, hablando contigo. Deambulo entre las máquinas, las observo, e intento buscar sentido a mi presencia en este mundo de acero y poleas; a este mundo de gente perdida entre los espejos sugerentes, la música tecno y los IPhone´s fijados en los brazos.

Veo a un hombre de mediana edad al que le sobran muchos kilos, quizás demasiados, haciendo una gran cantidad de abdominales, bíceps, tríceps y cuádriceps. Habla con un amigo y le comenta que esta vez está empeñado en perder esos kilos que tiene de más. Y yo, atónito y desconcertado, me pregunto si lo que a este buen hombre le ocurre es que le invade y le posee la ignorancia o, sin embargo, ha aprendido, asumido e interiorizado el hecho de que quizás yendo al gimnasio y haciendo alguna que otra cosilla los michelines desaparecerán.

¿Se puede vivir engañado en post de una comodidad pasajera?

Recuerdo este verano pasado, ya lo he comentado seguro por aquí, en una playa de Cádiz, que permanecí inmóvil durante aproximadamente cinco minutos contemplando como los turistas, y los no turistas del lugar, pasaban a escasos metros de una lata de refresco que había en la orilla a unos cincuenta metros de mi posición. En ese tiempo que tardé en acercarme al lugar y recoger la lata pudieron pasar unas cien personas por el lado de ésta. Y no es que nadie no agachara el culo para recogerla, sino que ninguno de los orgullosos bañistas de esta playa con distintivo de bandera azul pareció percibir que allí se encontraba la lata en cuestión. No daba crédito.

¿Podemos perder la objetividad en post de tener una conciencia tranquila?

Una mujer mete en la cárcel a un hombre, su pareja, argumentando que éste la está acosando. El hombre jugaba en la playa con uno de los hijos de ambos y ella, ante su enfado y su malestar porque éste estuviera allí, lo denuncia. Ahora entenderéis por qué digo que ella lo mete en la cárcel. Mujer denuncia a pareja masculina porque no friega los platos y éste, esa noche, come fabada asturiana de bote y comparte dormitorio con un asesino,,, La mujer se arrepiente, retira la denuncia, llora, le pide disculpas y a las dos semanas, como seguía sin fregar los platos lo deja de nuevo, y le dice que no quiere volver a verlo en la vida. Ese hombre, ¿qué hace? Quiere una explicación para poder entender algo pero sabe que si insiste más de lo que debiera tendrá que volver a cenar fabada de nuevo. Y odia la fabada, sobre todo de bote.

¿Estamos aprovechándonos de las circunstancias de un país desestructurado?

Joven, 28 años, hace tiempo acabó la carrera de derecho y no encuentra trabajo. Vive indignado ante una sociedad corrupta y corrompida por gente ajena y carente de principios. Contaba que, una vez, esperando su turno en Hacienda, preguntó en la ventanilla la causa que las demás mesas avanzaran, pero la suya, la mesa número 5, llevara un rato parada. El chico de la ventanilla, una vez cerró Facebook, Whatsaap y Twitter, le dijo es que la encargada de la mesa número 5 había tenido que salir. Cuarenta y cinco minutos después ésta, la encargada de atender la mensa número 5, entró por las oficinas de Hacienda con dos bolsas de Mercadona clavadas en las muñecas. Pero lo sorprendente de esta historia, que tenía indignado a éste joven abogado en paro, fue que, años después, consiguió, el joven abogado, aprobar unas oposiciones de funcionario de un cargo similar. Esa indignación desapareció, pues él ya estaba dentro. hoy en día, de 11 a 1:45 va acompañado a Mercadona por Teresa, la encargada de la mesa número 5.

Yo tuve que vender mi furgo. La furgo. Y eso no es cualquier cosa. Vender la furgo está plagado de daños colaterales. Al quedarte sin furgo pierdes esa autonomía que te tenías  para escalar, pierdes algo de ti. De hecho, como decía una sabia madre, que no era tan sabia como la mía, pero resultó tener muchos dotes para predicciones de este tipo, “quedarse sin furgo es como quedarse sin pareja” allá que cada uno…. En fin. El caso es que, con el tiempo, descubrí que hay un escalador de la zona que pertenece a uno de los increíbles, eficaces y bien estructurados cuerpos de seguridad del estado. El chaval lleva tres años, o más, o menos, o por ahí por ahí, de baja por depresión. Yo sé esto porque me lo ha contado uno, bueno,,,muchos de sus “amigos” (“amigos” necesariamente tendrá que ir siempre entre comillas, a no ser que nombre a algún cánido). El chaval depresivo en cuestión es un insulto para la tremenda cantidad de personas que sufren a día de hoy esa jodida enfermedad. Pues en estos tres años, o más, o menos, o por ahí por ahí, el depresivo en cuestión se las pasa de escuela de escalada en escuela de escalada disfrutando de la vida. ¿Sabéis dónde? En una furgo parecida a la mía. Sí, sí, la que tuve que vender. Indignante, ¿verdad?

Y esto es lo que ocurre…

Recientemente oí una frase que llamó mucho la atención. Decía así: “El mal solo necesita para triunfar en la vida que los hombre buenos no hagan nada”
La verdad es que la frase me impactó. Hemos caído en el colosal  y descomunal error de creer que ser buenas personas implica tener la boca cerrada, y eso no es así. Y no es así porque de esta forma el mal ganará. Siempre fue así.

Recuerdo cuando se quitaban los bocadillos en el colegio a los más débiles (bueno yo no, por supuesto, pero me lo han contado). El alumno débil en cuestión se callaba por miedo a que la justicia no fuera lo suficientemente buena, por lo que temía, una vez formulada la denuncia, que los asaltantes de bocadillos de chorizo tomaran encima represalias contra ellos.

Queremos un mundo mejor, queremos un mundo donde estemos delgados, pero no queremos entrar en la clase de spining. Queremos unas playas limpias y alardear de bandera azul, pero no estamos dispuestos a agacharnos a coger una puta lata. Del mismo modo no queremos gente corrupta en nuestro país, pero no hacemos nada por evitar que la corrupción siga adelante.  Y no  me refiero solo a la corrupción laboral que tiene a nuestro país inmerso en una profunda crisis, sino a la corrupción que ejercen muchas personas, día a día, con aquellos que se encuentran en una situación más desfavorable, aquellas personas que creen ser superiores a otros y que rompen la igualdad por poseer algún tipo de arma arrojadiza como la falta de honestidad, de principios, de dignidad y humanidad.

Había otra frase que siempre me gustó y que encontraba muy a menudo en los típicos sobres de azucarillos de la marca “Antoñín”, como mi amigo, que ahora es Antoin porque viven Francia.

“Si quieres conocer realmente a alguien, dale poder”

Podemos hacer algo más, podemos entrar en la clase de spining. Sabemos que no va a ser fácil, sabemos que vamos a sudar y que, a priori, no va a ser divertido. Pero es la única manera de que las cosas puedan ser algo diferentes.



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