viernes, 14 de febrero de 2014

Tienes miedo?? EXPONTE....

Nuestro cerebro. Ese entramado mundo de conexiones neuronales que nos hacen partícipe de nuestra propia existencia, de lo que somos. Nuestro cerebro empezó a formarse a las tres semanas de que fuéramos concebidos y, hoy en día, nos guste o no, sigue modificándose con cada acción, con cada pensamiento, con cada sentimiento  y emoción. Lo “otro”, esa masa gelatinosa con diferentes estructuras compuesta de materia gris, y a lo que  muchos llaman cerebro es el encéfalo. Allí se reúnen, por así decirlo, todas esas conexiones de las que hablaba, para dar origen a nuestro comportamiento, nuestros deseos, nuestros miedos. En definitiva, nuestra conducta. Somos lo que somos regidos por la máquina más sofisticada y compleja del universo. Sí, más incluso que el IPhone5  y el Ipad2 al mismo tiempo. Cien mil millones de neuronas que se conectan entre sí, más de cien billones de estas conexiones que conforman nuestra personalidad, nuestra conducta, nuestra identidad.

El encéfalo está formado por un montón de partes diferentes, muchas de ellas similares a las de otras especies animales. Otras, en cambio, evolucionaron a lo largo de nuestra historia, e  hicieron de nosotros  esos seres “pensantes” que somos hoy  en día. A saber…

Mientras escribo estas palabras hay una mosca revoloteando entre mi cara y la pantalla del ordenador. No sé exactamente qué está buscando. Se posa una y otra vez en mi mano izquierda, donde tengo una pequeña herida aun sin cicatrizar. Busca alimento ajena del peligro que pueden generar sus acciones para su supervivencia. Por otro lado, esta criatura, tan diminuta y frágil como molesta, es la que me ha hecho escribir estas palabras. 

Alentado por una mosca....

Tengo su vida en mis manos. Puedo decidir ahora mismo si matarla o, por el contrario, abrir la ventana de mi escritorio, armarme de paciencia y esperar que emprenda su marcha en busca de algún excremento que haya dejado mi perra Luna por el jardín esta mañana.

Existe una región en nuestro encéfalo que se llama cortex prefrontal. Es la última zona encefálica que se ha desarrollado en cualquier especie. Esta zona es la encargada de lo que se conoce como Funciones Ejecutivas. Esto quiere decir que es la zona que ejerce el control de nuestra conducta, la inhibición de acciones que pudieran ejercer algún tipo de peligro para nuestra supervivencia o, en menor medida, cualquier tipo de conducta que pudiera tener consecuencias indeseadas en nuestras vidas. Si mato a la mosca podría sentirme mal, porque decidí por su vida, pudiéndole haber dado unas horas más de libertad.

“El hombre no reacciona pasivamente a la información que recibe, sino que crea intenciones, forma planes y programas de sus acciones, inspecciona su ejecución y regula su conducta para que esté de acuerdo con estos planes y programas; finalmente, verifica su actividad consciente, comparando los efectos de sus acciones con las intenciones originales, corrigiendo cualquier error que haya cometido. (Luria, 1979)”

Hay otra región más primitiva en nuestro encéfalo y que es vital para la supervivencia de cualquier ser vivo. La amígdala. Una región más interna compuesta por diferentes estructuras, entre ellas la amígdala, que se llama sistema límbico. Allí están las amígdalas, porque realmente son dos (cuatro si contamos las de la garganta, pero No tienen nada que ver). La amígdala, la del encéfalo, es la que controla el miedo, las emociones, el aprendizaje de estas situaciones de peligro. Ante un estímulo amenazante, la amígdala se activa. Esta activación desencadena una serie de mecanismos fisiológicos que nos disponen para realizar una de estas dos acciones: Luchar o huir. Nuestra frecuencia cardíaca se dispara, el corazón bombea más sangre a los músculos esqueléticos para que éstos estén preparados para luchar o para correr, para realizar una acción defensiva que garantice nuestra supervivencia.

Algo muy interesante, y sobre lo que realmente quiero hablar, es de las conexiones existentes entre estas dos regiones mencionadas anteriormente. El cortex prefrontal y la amígdala.

Estás escalando. Eres principiante y algún imprudente amigo te ha convencido para que te metas en una vía de primero.  Al principio parece que todo está controlado, pero cuando llegas a la sección clave de la vía notas que te estás quedando sin fuerzas y que no vas a ser capaz de resolver esa secuencia de movimientos. Miras hacia abajo y la última chapa queda allí, lejos, muy por debajo de tus temblorosos pies. El corazón se dispara, un sudor frío recorre todo tu cuerpo y no sabes qué cojones hacer. Tu amígdala se ha activado a tope.

Tienes miedo, quieres que eso acabe, pero no puedes controlar la situación. Tu corazón late más y más deprisa. Y caes. Gritas horrorizado ante la situación más peligrosa de tu vida. Un segundo después todo ha acabado, la cuerda ha detenido la caída. No ha pasado absolutamente nada y estás bien. Quizás un poco furioso al escuchar las carcajadas de tu asegurador algunos metros por debajo tuya,  en el confortable suelo; firme y horizontal. Capullo...

Como dije al principio, nuestro cerebro se modula y modifica a lo largo de nuestra vida. Con cada situación, con cada acción; en definitiva, con nuestra experiencia. Es ésta la que hace que nuestras conexiones vayan cambiando día a día y, por lo tanto, nosotros también.

Ese mismo día ves como otros escaladores más experimentados que escalan cosas más difíciles caen una y otra vez. No muestran horror ni miedo alguno. Se han visto expuestos a esa misma situación infinidad de ocasiones. En sus mentes algo funciona de forma diferente. Incluso tienes la sensación de que llegan a disfrutar en esas situaciones en las que tú te has hecho, metafórica,  o literalmente me atrevería a decir, caquita.

¿Qué es lo  que ocurre?

Cuando existe una situación de peligro la amígdala se activa. Sí o sí. Rápidamente ocurren todos esos mecanismos fisiológicos descritos anteriormente para garantizar nuestra supervivencia. Pero la amígdala también está interconectada con esa otra parte de nuestro encéfalo; la parte pensante, el cortex prefrontal. Éste es el encargado de sopesar si realmente la amenaza existe. Si es así, la amígdala seguirá con su trabajo de preparación para “lo peor”. De lo contrario, si nuestro cortex prefrontal decide que la situación carece de peligro, la amígdala se “desactivará”. Es este el mecanismo por el cual tú te has hecho caquita y el escalador experimentado no. Como mucho, éste habrá sentido un pequeño y fugaz subidón de adrenalina.

Así que, si eres escalador principiante, o llevas mucho tiempo escalando pero siempre lo haces con la  cuerda por arriba, tengo una mala noticia. No te vas a levantar una mañana sin miedo. No vas a dejar de pasar miedo por mucho que te pongas a mirar desde el pie de vía las chapas y la distancia existente entre ellas. No vas a dejar de sentir  miedo porque te pongas el casco (cosa que está muy bien que hagas) o porque tires treinta y ocho veces de la cuerda de tu asegurador antes de subir para comprobar que el Grigri frena bien la cuerda. El Grigri frena bien la cuerda, a no ser que esté mal puesto (eso es otra historia), solo bastaría con comprobarlo un par de veces (los lumbares de tu compañero te lo agradecerán)

La única forma que el miedo se vaya es exponiéndote una y otra vez a esa situación. De esa forma tu cerebro se modificará, aprenderá a que tal situación no entrama peligro alguno y dejarás, poco a poco, de percibir esa situación como amenazante. Cuando la amígdala se active, tu  cortex prefrontal le dará la orden de parar porque la situación carece de peligro.

¿Recuerdas la primera vez que condujiste por las serpenteantes curvas que te llevan a ese sector  de escalada? ¿Recuerdas la primera vez que te montaste el aquella atracción de  feria? ¿Recuerdas la primera vez que tuviste relaciones sexuales?


Si tienes miedo exponte. Sé objetivo, contrólalo todo. Una vez que el nudo esté bien hecho, el Grigri bien colocado, el asegurador preparado y tú estés con ganas, escala, exponte, haz que tu “cerebro” se modifique y que aprenda. El miedo desaparecerá….

Continuará....

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