sábado, 8 de febrero de 2014

MEMORY

Llevo un tiempo pensado en ello. Quizás demasiado tiempo, o quizás demasiado poco tiempo. Ando en la línea que subyace en cada uno de nosotros y que divide lo real de lo ficticio. Una línea oculta que no podemos ver, de la que no nos podemos dar cuenta de que existe porque somos incapaces de darnos cuenta de nada. ¿Cómo darte cuenta de algo si no tienes la capacidad de darte cuenta de las cosas?

Como decía el psicólogo Daniel Goleman, autor de Inteligencia Emocional, respecto a esto último, respecto a nuestra situación colectiva: “ ¿Cómo despertar, cómo darnos cuenta?

Yo, personalmente, creo que lo primero que tenemos que hacer para despertar, y para posteriormente darnos cuenta, es percatarnos de la forma peculiar en la que estamos dormidos.

El rango de lo que pensamos y hacemos
está limitado por aquello que no advertimos.
Y debido precisamente a que no advertimos
aquello que no advertimos,
hay muy poco que podamos hacer
para cambiar esto,
a menos que advirtamos
el modo en que nuestro fracaso en advertir
determina nuestras acciones y nuestros pensamientos.
“R.D. Laiding”

Recientemente hablaba sobre un hecho empírico del que nunca había prestado atención. “Somos lo que somos porque tenemos memoria.” Y es ésta la que nos ha traído hasta aquí y la que nos irá marcando el camino venidero. El pasado forma parte de las páginas que quedaron atrás, las páginas pasadas de nuestro libro personal, de nuestra historia que un día se escribió, que un día escribimos nosotros mismos, con más o menos gloria, sin duda de la mejor forma que supimos, y es inalterable. Solo podemos esforzarnos encrear, desde ahora, buenos recuerdos para el futuro.

La memoria tiene interferencias, se desvanece, se altera, tiene agujeros. Nuestra mente trata de rellenar esos agujeros de cualquier forma y, a veces, nuestros recuerdos no son tal  como creemos, o queremos creer. Como siempre, nuestro cerebro busca el camino fácil y va a rellenar esas historias, esos huecos abstractos desvanecidos en el tiempo para siempre, de la forma más cómoda para él.

Hay muchos estudios relacionados con la memoria. La neurociencia trata de poner remedio a  una de las enfermedades más trágicas que puede padecer el ser humano. Hablo del Alzheimer. Cuando se tiene Alzheimer se pierden los recuerdos, y se hace de una forma gradual. Puedes empezar por no acordarte en qué año vives, desorientarte en la calle e incluso no recordar si tu piso es un segundo o en un quinto. Luego la cosa se pone cada vez más y más complicada, olvidando todo cuanto  ha vivido, olvidando su historia, su primer amor, su primer beso, el nombre de sus hijos, su último trabajo, si le gusta o no su comida favorita, el olor del pelo de aquella persona con la que solía dormir, y a la que cada noche, entre las sábanas,  introducía la mano derecha a través de su ropa interior de seda, para luego quedarse dormido, con la mano entre la suave seda y la suave piel de la nalga de ella. Todo, lo olvida todo. Toda la memoria explícita, hasta que en su estado más avanzado, el enfermo de Alzheimer pierde la totalidad de su identidad. No se reconoce como ser humano, como persona, nada existe. Él ya no existe. No hay memoria por lo que no hay vida.

No sé si te podrías parar por unos instantes a pensar en ello. ¿Qué pasaría si no pudieras recordar ni tu propia existencia, ni tu propia identidad?

Entonces, si tan aterrados suena, ¿por qué tratamos de poner barreras a nuestros recuerdos? ¿Por qué vivir seleccionando unos y descartando otros como si fueran simples fotografías de tu teléfono de ultima generación? Recuerdo aquel famoso discurso de Steve Jobs a un grupo de universitarios que se acababan de graduar. Jobs hablaba de "unir los puntos". Cada una de las situaciones vividas a lo largo de su vida, las buenas y las malas, son las que le habían llevado a convertirse en lo que fue. Esas situaciones, todas y cada una de ellas, son las que le hizo tener los hijos de los que tan orgulloso estaba. Cada una de las situaciones de nuestra vida son las que nos han hecho que ahora, tú y yo, estemos aquí leyendo estas líneas. Cada una de las circunstancias vividas hasta ahora, con las que comiences a crear recuerdos desde este preciso instante, son las que van a determinar qué clase de persona serás mañana.

Tú  formas parte de la historia. No puedes hacer nada por desear no haber leído estas líneas porque acabas de hacerlo. Quizás haberlo hecho te sirva para tomar la decisión y la drástica determinación de no volver jamás a pinchar sobre el enlace que te ha traído hasta aquí. Eso es todo lo que puedes hacer.

Yo te recuerdo princesa.  Te echo de menos mucho.  Porque aún te recuerdo. Y como sé que los recuerdos se desvanecen  y se deterioran tengo miedo. Tengo miedo que las fibras de mi mente que conectan nuestras vidas se desvanezcan, o que cojan sendas diferentes, o que sean cortadas por aquellos que no tienen memoria.

Cada día cierro los ojos un rato. Tumbado en mi cama intento recordar ese millón y medio de recuerdos. Los dedos en forma de pinza, tu sonrisa, tus lágrimas, las mías. La sonrisa de esta foto y cómo protestabas cundo te decía que te pusieras así, como estás en la foto.  Pero, ¿sabes qué nunca olvidaré? Aquella mano sobre mi espalda, ese consuelo que tú solo fuiste capaz de darme en aquel momento cuando más lo necesitaba.

Me da pena tener que esforzarme ahora para poder recordar el sonido de  tu voz. Es lo que más cuesta Siani. TQ


3 comentarios:

  1. El cerebro funciona como un disco duro, aunque el gestor de recuerdos se asemeja mas a una memoria caché , es decir, fija los recuerdos a los que mas accedes y les da prioridad sobre los demás, lo malo es que a los que durante un tiempo no accedes los borra por falta de espacio para almacenar nuevos recuerdos, por eso de 5º de EGB solo recordamos 4 fotos por ejemplo.

    Lo estás haciendo de lujo, mientras no dejes de recordar, nunca desaparecerán esos recuerdos y cuanto mas intentes recordar aparecerán otros nuevos, pero ten cuidado no se te olvide como se pone el arnés jejjeje

    Por cierto impresionante el post, como siempre, Saludos!!! ;-)

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  2. Pues a este paso se me va a olvidar también ponerme el arnés...

    Bromas a parte es triste, doloroso, incomprensible, irracional y cruel que el motivo por el que no pueda tener a esa niña salvo es mis recuerdos sea el despecho, la ira, el ego y la crueldad de personas adultas que utilizan esos medios para hacer daño. No soy el padre de la pequeña. Ella tiene 11 años y desde los 3 añitos he estado a su lado. Cuidándola lo mejor que he sabido y podido, aconsejándola, enseñándola, riendo y llorando con ella.

    Es triste, porque puedo ejercitar mi memoria para que no se desvanezca en el cajón del olvido pero nada me garantiza, y es lo que más duele, que ella vaya a hacer lo mismo, pues es una niña todavía.

    Muchas gracias por tu comentario. me da fuerzas.

    Un abrazo...

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  3. La aconsejabas, la cuidabas, le enseñabas y dices que no eres el Padre??? Pues mas padre que muchos que viven con sus cachorros y solo les riñen por hacer las cosas mal sin haberles enseñado antes a hacerlo bien...

    Saludos!!!

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