lunes, 27 de enero de 2014

Tengo miedo...

“Harlow introdujo muchas variantes: Algunas damas de hierro duchaban a sus crías con agua helada, otras los acuchillaba. El científico observó que, fuera cual fuese la tortura,  las crías no la soltaban. Nada las disuadía. No se dejaban frustrar. Dios mío, qué fuerte es el amor. Nos vapulean y volvemos arrastrándonos. Nos congelan y volvemos buscando calor donde no lo vamos a encontrar. No hay refuerzo parcial que refuerce esa conducta, solo el lado oscuro del contacto, la realidad de las relaciones de los primates, que es que son capaces de matarnos al tiempo que nos sostienen en brazos… y es triste.

Con todo, una vez más encuentro cierta belleza:

Somos seres con una gran fe. Construimos puentes, los construimos contra todo pronóstico, desde aquí hasta allí, entre uno y otro. Nos acercamos”

Elizabeth Loftus, “Cuerdos entre locos”

Realmente me da miedo, mucho miedo. Temo de lo que somos capaces. No son los primates del estudio de Harlow quienes me aterran. Temo de ti. Temo de mí.  Temo de aquellos que dieron descargas eléctricas porque alguien se lo ordenó. Quizás una autoridad, quizás alguien con cierto poder. Pero no fue el quien accionó la palanca que haría que alguien inocente se estremeciera de dolor, aun cuando todo fuera un montaje.  Me da miedo como una persona puede asesinar a otra en medio de la calle, en tres ataques diferentes, que, entre los tres, duraron más de media hora, mientras que más de treinta y ocho personas fueron testigos desde las ventanas de sus cálidos pisos. Me asusta tanto que busco el calor de mi cama. Me giro y flexiono mis piernas adoptando posición fetal. Como si quisiera volver a la seguridad de un mundo más seguro. Me asustan aquellos que etiquetaron como locos a quienes demostraron que los locos, de ser alguien, serían ellos. Me asusto. Tanto que echo mi edredón por encima de mi cabeza buscando oscuridad. No quiero que nadie me encuentre.

Me asusto que no pueda volver a verte porque te estén utilizando para hacerme daño. Están decidiendo por ti, te están adoctrinado y tú no lo estás eligiendo. Ni tan siquiera te estás dando cuenta.

Temo terriblemente tener que luchar constantemente contra creencias y conductas. Pero lo que más miedo me da es que, ante la incongruencia entre mis creencias y mi conducta, decida escoger el camino equivocado. Racionalizar para quedarme tranquilo y no tener que hacer nada. Porque quien no hace nada vive en la seguridad de las masas. Y cuanto más dentro de ellas estemos, cuanto más fuerte la hagamos, más seguro nos sentiremos. Así sin sentir. Vacíos, sin hacer nada, pero seguros.

Me da miedo. Me da miedo acercarme a ti y no saber a quién tengo delante. Me da miedo mirar a unos ojos que oculten crueldad. De no saber de lo que puedes llegar a ser, de lo que puedes llegar a hacer.
Reniego de ser humano si para ello tengo que ser como tú. Reniego de escoger el camino de la racionalización de mis creencias para adaptarlas a mis actitudes. Prefiero la revisión, de verdad que lo prefiero. Y si un día tengo que agachar la cabeza lo haré porque nadie es perfecto, nadie tiene la razón absoluta. Existen grises.

Diré NO una y otra vez. Todas las veces que sea necesario. Caminaré por senderos ocultos y oscuros antes de la someterme a ello. Antes de ser como tú, antes de quedarme inmóvil tras la seguridad y la calidez de mi hogar mientras acuchillan a esa pobre mujer. ¡Por qué joder! No quiero ser así. Quiero ser libre. Pero la libertad va más allá de lo que nos dicen los demás, de los patrones que seguimos día a día. ¿Cómo ser libres si ellos nos muestran cuál es la libertad? La libertad es tener conciencia, principios propios y decir NO. Decir que eso no está bien. Romper los moldes es la libertad. Salirse de lo que se supone que debemos hacer,  y hacemos, vaya si lo hacemos, una y otra vez por miedo a quedarnos fuera.
Así no….

Reniego de ser humano. Exijo pasaporte de pájaro.


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