miércoles, 24 de diciembre de 2014

ANTE UN SOLO PENSAMIENTO

“Estamos ante un solo pensamiento de cambiar nuestras vidas”.

Quizás nos podamos agarrar fielmente al contenido literal de esa afirmación; quizás solo baste con uno, el pensamiento desencadenador del cambio. Y de no ser así, ¿qué más da? Sigue intentándolo, pues no será en vano. Quizá ese uno no sea suficiente, quizás no sea el desencadenante, pero sí el impulsor. En cualquier caso hazlo, empieza ahora, no creo que exista mejor momento que ahora para comenzar a cambiar.
El cerebro se modifica a cada instante, te guste o no. Ahora mismo lo está haciendo mientras lees estas líneas, y lo ha hecho durante todo el día de hoy, pero tal vez de formas bien distintas. ¿Quieres saber cómo?
La introspección retrospectiva se refiere al hecho de ser conscientes de los estados mentales propios que han quedado atrás en el tiempo. ¿Cómo te has sentido hoy?

Cuando aprendemos algo nuevo se forman en nuestro cerebro nuevas conexiones, mientras que cuando repetimos una y otra vez las mismas situaciones las conexiones existentes se fortalecen. Un ejemplo muy famoso en neuropsicología es el caso del hipocampo de los taxistas de Londres. El hipocampo es la estructura cuya función es de vital importancia para la consolidación de los recuerdos. Los taxistas de Londres, debido a que tienen que memorizar miles de rutas, presentan un hipocampo significativamente más grande que el de personas que no realizan ninguna actividad mnésica de semejantes características. A base de repetición, sus conexiones se han fortalecido, con el consiguiente aumento estructural del cerebro. También se produce un cambio en nuestro cerebro cuando aprendemos algo novedoso, nuevas conexiones se forman. Intenta aprender a hacer malabares. El primer día no darás pie con bola, nunca mejor dicho. Poco a poco se irán creando nuevas conexiones, nuevos caminos en nuestro cerebro para que la información de lo que queremos hacer se estructure en nuestro cerebro.

 Es como hacer una autopista para que la información viaje de la mejor forma posible.

 Imagina un destino increíble y maravilloso que acabas de descubrir y a donde quieres llegar. Un destino del que te separan ríos infranqueables, una frondosa vegetación, montones de tierra y cúmulos de rocas por doquier. Llegar la primera vez se convierte en una tortura, algo tedioso, insufrible y agotador, pero ese lugar te encanta y quieres volver allí continuamente. Poco a poco, día tras día, vas labrando un camino. Al principio no deja de ser un pequeño sendero que te hace la aproximación más llevadera y soportable y, con el paso del tiempo, para llegar más pronto y disfrutar más de ese bello lugar, se ha de convertir en un camino, para pasar a ser una pequeña carretera y, finalmente, una autopista.

Así es como funciona nuestro cerebro cuando tratamos de aprender algo nuevo. Por el contrario, cuando hacemos una y otra vez lo mismo no estamos construyendo nada nuevo, sino más bien viciándonos en el recorrido que ya nos sabemos de memoria. Y esto está bien, o no, dependiendo de cómo haya sido esa introspección retrospectiva de la que hablaba antes.

Seguro que habéis oído hablar de la zona de confort. Todo el mundo siempre habla de que hay que salir de la zona de confort. Pero, ¡espera!, ¿por qué? No creo que esto haya de ser así necesariamente, no creo que tengamos que estar siempre teniendo que realizar el esfuerzo que, no nos engañemos, conlleva el hecho de salir de la zona más cómoda del mundo, nuestra zona de confort. ¿Y si nos gusta y nos sentimos plenamente realizados. Supongo que tiene que haber un momento donde podamos acomodarnos por fin y descansar. Si no, ¿qué sentido tendría que hubiera una zona de confort si no la podemos disfrutar nunca, teniéndonos que marchar siempre a lugares más incómodos? Introspección e introspección retrospectiva. Cómo me siento y cómo me he sentido, cuán realizado me siento con la vida que estoy viviendo y cuán fiel estoy siendo con unos ideales que un día construir y a los que prometí nunca engañar.

A partir de ahí podemos tomar la decisión de repetir las acciones, conductas y comportamientos que estamos realizando en estos momentos fortaleciendo esas conexiones que ya, por suerte, nos hacen vivir una vida plena y fiel a mi ideal de felicidad o, por el contrario, si es momento de comenzar a construir nuevos caminos, con esfuerzo y determinación, con constancia y tesón, con amor e ilusión.
“Estamos ante un solo pensamiento de cambiar nuestras vidas”.

Seguro que habéis oído hablar de la visualización. Pero, ¿sabíais que cuando imaginamos una acción se ponen en marcha las mismas estructuras cerebrales que cuando realizamos esa misma acción?

Cuando pensamos nuestro cerebro cambia. De ahí la importancia de saber manejar los pensamientos, de ser conscientes de ellos, de ser capaces de identificar la procedencia de los mismos y de gestionarlos de una manera adecuada. Nuestros pensamientos modifican nuestro cerebro a cada instante. Pensarás que éstos vienen de una forma desorganizada y desordenada, y que tú no tienes nada que ver con ese incesante ir y venir de pensamientos que continuamente te bombardean sin piedad. Pero no es así. En tu mano están todas y cada una de las herramientas necesarias para hacer de tu mente y de tu vida un lugar mejor.

“Estamos ante un solo pensamiento de cambiar nuestras vidas”.




sábado, 1 de noviembre de 2014

Impermanencia

Todo es impermanente.

Como el olor a bebé de tu piel, como el sonido de tu sonrisa grabado en mi mente. Ambos se difuminan en el corazón de mis recuerdos. Los recuerdos del ayer que me llevaron hasta aquí. Los recuerdos alterados por un sentimiento maltrecho, que atraviesa mi pecho en cada pensamiento que evoca tu ser.

Cierro los ojos y sigo viéndote. Tu imagen aún no se ha ido, y no creo que lo haga, pues ni tan siquiera es difusa. De cualquiera de las formas ahí permanecerás, siempre real, siempre tú, princesa. Eres ese recuerdo, esa imagen en mi cabeza que hace que mirar hacia atrás tenga hoy un olor a esperanza.

Estoy seguro que en todo este tiempo nuestros pensamientos se habrán cruzado en el mismo espacio temporal, pues solo basta con que hayas pensado una sola vez en mí para que así fuera. 


Me gustaría saber qué piensas y cómo ves el mundo ahora que eres capaz de pensar en abstracto, de ver el mundo de una forma diferente a cómo lo tiempo atrás. Ahora sé que algo ha cambiado en ti, por evolución, por necesidad, por madurez. Para ti hoy, lo real, como decía Piaget, es un subconjunto de lo posible, al contrario que antes. Lo real era lo que veías y oías amor, pero ahora tienes la capacidad de hacerte preguntas, realizar hipótesis y ver el mundo de una forma diferente. Me alegro por ello.


Ahora ya no sé dónde te llevan tus pasos; los que un día pisaban encima los míos mientras te agarraba fuerte por las manos. Siempre te agarré fuerte, y sé que lo notabas, pues percibía cómo te sentías segura, sobre todo cuando de tus labios salía el sonido de mi nombre. Sonaba diferente y especial.


Te quiero pequeña princesa para siempre…

martes, 23 de septiembre de 2014

UN ACTO DE FE...

Como suele decirse, todo final es el comienzo de algo. Y sí que es cierto que podemos entender cada situación novedosa como un final o un principio. Todo ello depende de lo apegados que estemos a cada situación y de lo difícil que nos resulte abandonar nuestra zona de confort o, por el contrario, dependerá de la disposición que mostremos a enfrentarnos a nuevas situaciones y a ampliar nuestros horizontes. Todo cambio implica una mejora, un aprendizaje y una evolución. Aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra es un mito, porque aunque volvamos a caer ante esa pedazo de roca inerte, siempre será diferente y nunca será tan desastroso.

Nuestro cerebro aprende y se modifica a cada instante. Ahora mismo, mientras lees estas líneas, está ocurriendo. Es lo que se llama plasticidad cerebral. Nuestro entramado de conexiones neuronales se modifican a cada instante, con cada conversación, con imagen que percibimos, con cada paisaje que contemplamos, con cada palabra que leemos, con cada palabra que escribimos…

Y de la misma forma que nuestro cerebro cambia y evoluciona nosotros cambiamos y evolucionamos. No podemos separar nuestra mente de nosotros como individuos como si de dos entes  independientes se tratara. Nadie querría vivir en un cuerpo sin mente ni en una mente sin cuerpo.

Atreverse a cambiar es atreverse a dar ese paso que tanto asusta. Porque asusta. Pero, ¿y si te dijera que ese cambio será SIEMPRE a mejor? Seguiría asustando, lo sé. ¡Para qué mentir!

Entonces, ¿qué hacer?

Debemos tener un acto de fe. Así es. Me explico.

Tenemos la falsa creencia, bajo mi  humilde punto de vista, que siempre tenemos que hacer aquello que nos apetezca, aquello que nos haga vibrar, aquello que haga que salten chispas de nuestro corazón. Quizás eso vaya bien para algún anuncio de bebida refrescante de extracto de cola y de otras muchas cosas que ni sabemos, pero no para la vida real. Eso no sirve para que evolucionemos, para que nos adaptemos, para que crezcamos, para que encontremos un camino que nos ilumine y nos engrandezca como individuos.

En una sociedad como esta, una sociedad que vive con prisas y aturrullada, una sociedad que nos está enseñando a obtener las recompensas de una forma inmediata y sin esfuerzo, todo cambio asusta. Porque el cambio no se produce de la noche a la mañana porque, como todo aprendizaje, necesita un proceso, como lo fue aprender un idioma, montar en bicicleta o usar Internet. Un proceso que no estamos dispuestos a llevar a cabo por la anticipación de la recompensa de la que hablaba. Queremos las cosas ya, y así nos va.

El acto de fe, como yo lo veo, es hacer no solo lo que nos hace sentir bien, sino lo que en un futuro nos hará no solo hacernos sentir bien, sino ser mejores personas. ¿Quién dijo que solo debemos hacer lo que nos guste en este momento? ¿Qué hay de aquello que podemos hacer AHORA y que nos hará sentir mejor en un tiempo? Súmale ahora el hecho de que la mayoría de las veces cuando hacemos algo que creíamos que no nos gustaba o que nos iba a hacer sentir mal el resultado es bien distinto al esperado, porque ahí entra en juego la instrumentalización de las acciones consonantes con nuestros principios y eso es algo que a todos nos hace sentir bien.

Ten ese acto de fe. Haz lo que tu honestidad y tus principios te impongan, y no lo que te alienten hacer de una forma automática, manipulada y conducida por unos cuantos dictadores.
Yo acabo de hacerlo.

No sé cómo poder expresar correctamente lo que ha supuesto en mi vida darme cuenta de que a veces lo mejor que te puede ocurrir es que no te ocurra aquello que deseas. Me ha costado muchos años, muchos dolores de cabeza y mucho dolor entenderlo. Cuando sabes lo que haz de hacer y no lo haces por miedo a dejar la “comodidad” de la vida que llevas te conviertes en una persona cobarde. Y yo lo fui. Esa disonancia me estaba matando día a día. Esa sensación de no estar teniendo una vida plena y no querer cambiarla, y no querer verlo…

Ahora mi vida a cambiado…

Una cuidad nueva, Granada, con el encanto que enamora a cada persona que recorre las calles de esta emblemática ciudad. Con la Sierra Nevada, El Albaicyn, La Alhambra, las tapas y cómo no, la cantidad de roca que rodea este encantador lugar…

Un hogar cerca de la universidad. Una de las mejores universidades de España para estudiar psicología…

Una compañera increíble que me está enseñando cada día a ser mejor persona, a comer con palillos (y no es china), a preparar unas ensaladas de quince pavos, a comer un poco de pescado cuando apetezca, a tonificar mi Qi de hígado, a ver la vida de una forma muy diferente a como la estaba viendo no hace demasiado tiempo.

Hoy me siento feliz…

Llegar a casa y recibir un abrazo, llegar a casa y ver a alguien al otro lado de la puerta. Y ese alguien está deseando verme.

Gracias Bea.

Gracias por estar, por existir, por regalarme tu tiempo, tu impresionante sonrisa, tus ganas de vivir, de sentir, de amar, gracias por enseñarme, por animarme a dejar la zona de confort, por apostar por mí…
Gracias por darme lo más bonito de tener, gracias por regalarme tu confianza…

"Hooolaa cositaaa"




miércoles, 17 de septiembre de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ: CAP 6 (¿el último?)

Nada ha cambiado. Lo sé,  y lo sabía, y  lo sentía. Quizás hoy te extraño más que ayer, y quizás aquellas palabras que una vez me atravesaron, las que tantas veces oíste, no eran las palabras adecuadas, porque unas palabras no compran un sentimiento, porque yo hoy aún te amo, te extraño y te echo de menos princesa.

Nada ha cambiado. Porque yo hoy sigo preguntándome cómo sonará  tu nueva voz de mujer, sigo pensando cuán largo debes llevar el pelo y cuántos jóvenes andarán por ahí con el corazón palpitando por una mirada y una sonrisa tuya.

Nada ha cambiado.

Y mientras que sigo amándote, extrañándote, llevándote conmigo en mi pensamiento, en cada viaje, en cada recuerdo, aún hoy sigo viéndote reflejada en la mirada de aquella niña de tres años, o quizás de seis, o quizás de once.

Para ti princesa…

 Nada ha cambiado. Salvo el tiempo.

Ya han pasado tres meses desde que escribí el quinto capítulo de “Lo más duro que escribí”. Un capítulo que concluyó con un “continuará” y con la esperanza de que esa continuación fuera diferente a la que sigue, aunque mucho me temía que no iba a ser así.

Cuando decidí contar mi historia, mi vida, necesitaba gritar, alzar la voz ante la injusticia, una voz que muchos hombres quizás necesitaron oír. Y así fue. Algunos me escribieron por privado haciéndome llegar su apoyo, muchos en la misma situación que la mía, otros en situaciones aún peores. Esto debe acabar. ¿Pero cómo acabarlo?

Pues de la misma forma en la que ocurren las cosas. Haciendo algo, luchando, haciéndonos oír, teniendo principios y siendo fieles a los mismos, no dejándonos pisar por una ley llena de agujeros, unos agujeros que se tapan con el miedo, con el miedo a perder la libertad, quizás en los calabozos de los  sótanos de alguna comisaría.

Cuando escribí esa historia, que podría ser la mía, pero también la tuya y la de muchos otros hombres, algunos amigos me aconsejaron con la mejor de las intenciones que no lo hiciera. Era doloroso pensar en la posibilidad de no poder expresarme, de no poder hacer nada ante la injusticia, ante el rencor, ante la actuación de una mujer despechada que se aprovechaba, que se servía y beneficiaba del sufrimiento de aquellas mujeres que padecieron malos tratos, de aquellas mujeres que un día perecieron en manos de sus parejas. Un  acto desconsiderado, no solo hacia aquellos hombres inocentes, sino desconsiderado también hacia las demás mujeres que realmente temen por sus vidas. Lo que me hace pensar en si realmente se hizo por temor o por rencor. ¿Qué es lo que impulsó este acto? Nunca vi en esos ojos temor alguno…
Aún así, quizás por mi condición de tauro, lo hice. Y lo hice porque tenía la necesidad de hacerlo, tenía la necesidad de hacer algo que fuera justo, y me pareció justo que yo pudiera contar libremente mi historia. Lo que ocurrió después de contarla es lo que sigue…

Hasta que conté la historia se me había impuesto, de forma gratuita e injusta, una orden de alejamiento de seis meses y debía pasar ocho días de arresto domiciliario. En el trascurso de esos ocho días que debía permanecer en casa la policía venía a verme tres veces al día. Una a la mañana, otra a la tarde y otra a la noche. Era curioso porque esas visitas me producían una doble sensación. Por un lado me sentía apoyado y comprendido por ellos, pues no sé por qué extraña razón ellos siempre saben cuando uno es víctima de una injusticia. Como se suele decir, la policía no es tonta. Pero por otro lado, el hecho de que la policía venga a tu casa tres veces al día producía en mí una sensación un tanto desagradable. Sensación que se incrementó uno de esos días. Creo que fue el sexto, si no recuerdo mal. Vienen a verme, y mientras tomamos unas pastas con té caliente (esto último es broma) me entregan una notificación para que compadezca en los juzgados de violencia contra la mujer para declarar ante una nueva denuncia de la misma persona (esto último no es broma, aunque pudiera parecerlo).

Una nueva denuncia. Esta vez por un delito contra la integridad moral. Juicio por lo penal. El fiscal pide UN AÑO DE PRISIÓN y una orden de alejamiento de dos años y medio para con la madre y la hija. ¿Parece que el padre está consiguiendo aquello que se proponía?

Es decir. Ocurren unos hechos, me ocurren unos hechos, y yo los cuento, porque es mi historia y la cuento, cuento mi historia, mi vida, sin nombres, sin mentiras, y se me quiere meter en la cárcel. No doy crédito.
Se celebra el juicio y ella acude con un clan, pandilla, cuadrilla o como queráis llamarlo, que de alguna forma ha reclutado para testificar en mi contra. El padre, el hermano, el mejor “amigo”, la prima, la madre de la prima… ¿En serio? Esto es de risa. Pudiera parecer un capítulo de “Aquí no hay quien viva”. Faltaba Fernando no sé qué, el que hacía de portero, por cierto para mi gusto pésimo actor. Todos testifican en mi contra alegando cosas que realmente no acababa de entender. ¿Pero de veras que el padre, el hermano, el “amigo”, el novio (que también estaba citado pero no asistió porque por lo visto estaba malito), la prima y la tía iban a ser los testigos de una denuncia de ella? Me lo dicen y no me lo creo. Pero así fue… Ella se pone agresiva con el juez que incluso le tiene que llamar la atención y cuando el juicio acaba la emprende conmigo con insultos. Una lástima.

Pues el tiempo pasa y pasa, y hasta hoy no llega la sentencia. Absuelto una vez más. La verdad es que es una buena noticia, pues que en un país de corruptos, de mafiosos y de gente sin moral, sin empatía y sin recursos emocionales aún se haga justicia es una muy buena noticia.

Espero que este sea el final, el último capítulo de una historia dolorosa, y que como todo final sea el comienzo, el renacer de algo nuevo y mejor. Que todo haya servido para aprender, para que cada uno mire hacia dentro, hacia su propia alma. Que todo haya servido para que cada uno de nosotros luchemos y nos esforcemos para ser siempre la mejor versión de nosotros mismos. Todo esto me ha enseñado que a veces lo mejor que puede ocurrir es que no ocurra aquello que quieres que suceda. Por toda esta historia doy las gracias porque me ha enseñado a conocerme, a conocer mi corazón y a tener esperanza. Aún hay esperanza.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Y la esperanza es lo último que se pierde. Y seguiré esperando y teniendo fe en que tú, princesa, reúnas los recursos y los conocimientos, mantengas vivo tu corazón, tu razón se haga fuerte y con ambas, con la razón y con la emoción que siempre acompañó tu inocencia sepas, en un futuro que espero no sea muy lejano, comprender que yo te quise, te quiero y te querré para siempre.





martes, 5 de agosto de 2014

I´M BACK....

Eres escalador, ¿verdad?

Un día supe que lo era. Y no importaban los números, las letras o los signos, pues ser escalador era un sentimiento; y no importaba cuánto escalaras en un momento determinado de tu vida, pues ser escalador era una forma de ver el mundo; y no importaba lo motivado que estuvieras o el estado de forma que tuvieras en un momento en concreto, pues ser escalador era una forma de vida, una manera de pensar, un modo de sentir…

Somos lo que somos por lo que hemos sido en el pasado. Es para lo único que sirven los momentos vividos que permanecen en nuestros recuerdos, para determinarnos como individuos, como personas. Es cierto que el pasado se fue, pero siempre que se va, a cada instante, va haciendo que nuestro presente sea diferente. Ahora mismo, en este momento, estamos creando nuestro futuro; el futuro que se vuelve presente y el presente que se vuelve pasado.

Pudiera pensar que quedaron en el olvido esos momentos de roca, de olor a tierra húmeda, del tacto calcáreo y áspero de ese trocito de pared pétrea que hacía mella en nuestros dedos, de risas a pie de vía, de esos “venga bicho que te la llevas”, de los momentos de pegues, de proyectos, de viajes de escalada, de manos agrietadas, de ropa mojada en magnesio, de cervezas en el bar después de haber intentado una vía, de acostarte con una secuencia de movimientos en la mente y repasarlos una y otra vez, e imaginarte encadenándolos todos, encadenando la vía más dura y bella que jamás escalaste. Pudiera pensarlo después de todo…







Ahora pienso que sólo necesitaba un descanso, un alto en el camino, una pausa, un reencuentro con otro azul - con tu azul-,

un momento para que todo se reorganizara, un momento para unir los puntos y dejar que todo fluyera y se encauzara de nuevo de la forma idónea, como debía ser, dejándome llevar hacia lo que la vida quisiera que fuera, así, sin más..

Ahora quiero, ahora voy a volver a escalar, a sentir mis brazos hinchados, a empaparme de movimientos y de todas esas cosas maravillosas que llenaban mi vida y que un día olvidé en pos de la locura, del desconcierto y de la incertidumbre.

Ahora quiero ver hasta dónde puedo llegar, hasta dónde podemos llegar, escalando las rutas más hermosas que la vida nos ponga por delante, unidos por una cuerda tan fina como resistente, teniendo tu vida en mis manos y dejando la mía en las tuyas, sentir tu aliento allá arriba, danzando, moviendo mi cuerpo, sintiendo tu alma y tu fuerza.

Ahora quiero comenzar a crear recuerdos bellos para el  futuro, recuerdos de escalada, recuerdos de la vida, una vida plena, justa, verdadera, como nos merecemos…

¿Vamos a escalar?

Gracias Bea






martes, 8 de julio de 2014

EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

Disfrutar del sufrimiento es la única forma de poder llegar a valorar algo tan vital y necesario como la felicidad. La perfección no existe, y no hay nadie que haya sido capaz de sortear en todo momento algún periodo de desasosiego, de incertidumbre o de profunda tristeza. Nadie está libre de experimentar el vacío, y así debe ser.

Ese beso que te robé no hubiera significado nada si no lo hubiera estado echando en falta tanto tiempo. Es la mirada de aquel que sueña con el reflejo de unos ojos limpios donde se pueda respirar un alma. Es la sonrisa que revienta a la tristeza adherida en un corazón maltrecho. Es volver a oír un corazón latir tan cerca de mi pecho que pudiera parecer el mío propio. Es la vida después de la muerte o la muerte que se marchó para dejarme vivir.

Es el temor el que nos hace mantenernos alerta, el que nos hace valorar a cada instante eso que amamos y que nos hace sentir vivo. Que el fracaso sea una opción es lo que hace que para mí el éxito  tenga doble valor. El miedo es necesario en su justa medida. No podemos eliminarlo por completo porque perderíamos la capacidad de experimentar esa sensación de incertidumbre que nos mantenga vivos, pero tampoco podemos dejar que nos domine, que nos gobierne, porque entonces sí que verdaderamente estaríamos muertos.

Es esa sensación extraña de no saber qué, de no saber por qué están ocurriendo las cosas de una determinada manera. Es algo necesario para alcanzar ese estado que todos ansiamos conseguir. Es un camino, algo obligatorio e inevitable. Piénsalo. No podríamos disfrutar plenamente de un maravilloso día de primavera sin antes haber experimentado los gélidos días del invierno. Tan necesario como el día lo es para la noche, o la noche para el día. El miedo es el que hace que encontremos ese equilibrio.

El miedo es una emoción ante un estímulo, y nosotros ahora somos estímulos, amor. Te miro y el tiempo se detiene. Tu mirada hace que afloren emociones y que éstas se expresen de una forma orgánica, como cuando te acercas demasiado y puedo sentir tu respiración en mi nuca y la piel se eriza, y el corazón se dispara, y las manos se humedecen. Es la somatización de la emoción que me produce tu presencia la que me lleva una y otra vez a seguir tu camino.

El estímulo provoca todas esas emociones y a raíz de ahí experimentamos esa sensación a la que llamamos sentimiento. El sentimiento se produce a través de las emociones. Son todos esos procesos cognitivos y esas valoraciones que hacemos en nuestra mente sobre una emoción particular. Y ahora he de decirte que todas esas emociones se entremezclan en mi mente y de ellas afloran los más bellos sentimientos.

Te miro, tu cuerpo y el mío son uno. Nuestros corazones parecen latir al unísono y nuestra respiración se entrecorta con cada mirada, con cada caricia, con cada beso que te robo para siempre. Tu olor penetra por todo mi cuerpo invadiendo por completo cada uno de mis sentidos, potenciándolos, haciendo que emerjan los instintos más primitivos, esos que parecían que habían muerto, pero que solo estaban dormidos en algún lugar de un mal sueño.

Y cuando me doy cuenta de ello, cuando soy capaz de percibir todas esas sensaciones que me produce ese momento en el que tú y yo somos uno, es cuando tengo que luchar contra mi razón, es cuando esa emoción se convierte en sentimiento, es cuando se unen las palabras, es cuando intento una y otra vez que no se me escape el sonido de un te quiero. 

Demasiado tarde amor.







jueves, 26 de junio de 2014

AÚN CREES EN EL DESTINO?...

Resumo tus palabras y me quedo con un adiós. Esta es la síntesis de un tiempo que se fue y el prefacio de otros que vendrán, pues el fin es algo muy etéreo que aún no soy capaz de situar en el momento temporal idóneo.

La rareza del ser humano radica en su complejidad. Durante siglos nos hemos estado preguntando si hay vida después de la muerte olvidando que sí hay vida antes de ésta. Y se abre delante de ti en el momento preciso que tú desees transformar lo que eres en lo que quieres ser. Estamos a un simple pensamiento de cambiar nuestras vidas, y cuando dejes de un lado el miedo el camino se abrirá ante ti, y entonces tendrás la sensación que el universo conspira a tu favor.

El sofocante calor desaparece en el justo momento que tomo rumbo a lo desconocido, buscando esa sonrisa perdida que nunca vi pero que sé que existe. Contemplo el paisaje, y me es familiar, pero ahora, como todo lo que dejé atrás,  simplemente es algo que solía conocer. Como aquella voz que dejó de tener sonido en mi cabeza, como aquella sonrisa que se perdía entre el bullicio de la soledad y que yo quería para mí, aunque fuera solo un instante, aunque fuera por el privilegio de ser importante par ti. Como esas palabras de cielo que me llevaron al infierno, buscando un nuevo sonido, una nueva melodía.

¿Has tenido alguna vez una pesadilla? Las pesadillas, la mayoría de las ocasiones, no son más que mecanismos que pone en marcha nuestro cerebro para que, de alguna forma, podamos enfrentarnos a eso que tanto miedo nos da y así, cuando el momento en cuestión llegue, si es que llegase, nuestro organismo se encuentre preparado para afrontar ese momento. Es una anticipación que nuestra mente hace sobre aquello que tanto nos preocupa. Si cambiamos nuestra forma de pensar, nuestras preocupaciones, las pesadillas desaparecerán y se tornarán como los más bellos de los sueños.

¿Y qué es de un sueño sin princesas de cabellos rubios, sin casitas de hadas mágicas, sin árboles frutales, sin un verde lleno de vida, sin un cielo negro lleno de estrellas y  sin la niebla que sube del valle inundando toda tu vida de paz? El olor a tierra de cultivo, a labranza, el olor a hogar, el sabor que quisiera robarte para poder tenerte un poco más de tiempo entre mis brazos. Todavía no te conozco y ya te extraño, pues has matado mis pesadillas y las has convertido en sueños.

Cualquier pequeña variación en un punto del planeta genera, a la larga, un efecto considerable al otro extremo de la tierra. El simple aleteo de una mariposa en Nueva York, podría generar un huracán en las costas asiáticas. Pero piénsalo por un instante. Cuando te dejas olvidadas las llaves, cuando tu jefe te dice que tienes que quedarte a terminar el trabajo, cuando pierdes el autobús, cuando decides pasar el fin de año solo y de repente todo cambia, y no sabes por qué. Las pequeñas oscilaciones que vivimos a diario son las que hacen que hoy podamos unir los puntos y las que han hecho que yo hoy, aquí y ahora, esté escribiendo estas palabras, y que tú hoy, ahí y ahora, estés leyendo las mismas. Es la teoría del caos, y a lo que la gente llama destino, aunque con algunas diferencias.

El destino, así tal como hemos conocido la acepción, ocurre sin más. Es como si alguien hubiera escrito de antemano nuestras vidas. Como un guionista de una película cómica para algunos, de terror para otros, quizás dramáticas y, como no, de ciencia ficción para la mayoría. ¿En serio creemos que existe alguien en este universo que se tome la delicadeza, el tiempo suficiente, la preocupación instintiva, el interés voluntario y las ganas necesarias de dirigir cada una de nuestras vidas?

Lo que si es cierto es que las cosas ocurren. Claro que si hubiéramos tomado otro camino las cosas serían diferentes, pero eso no lo sabremos nunca. Como tal, todo es un caos, y es la magia de la vida la que hace que ahora sople esta fresca brisa, la que se lleva mis palabras allá donde tú la puedas leer ahora. La diferencia en todo esto radica en la acción. Sin acción las cosas no ocurren, y la acción parte de un pensamiento, ¿cierto?

Con el mismo patrón de pensamientos las cosas seguirán más o menos desarrollándose de la misma manera. Así que, ¡muévete! Haz que las cosas sucedan. Tienes que ser un “hacedor” de cosas. Sal, camina, llama, habla, corre, conduce, grita, llora, pero no te quedes quieto porque nada cambiará. No pasa nada si en el camino se te pierden las llaves, si no llegas a tiempo al autobús, si tu jefe te dice que tienes que quedarte un par de horas más en la oficina. No importa que te haya ocurrido todo lo que llevas en tus hombros ahora, porque eso es lo que ha hecho que hoy seas lo que eres, y eso es lo que ha hecho que estés ahora ahí, haciendo que ocurra eso que muchos llaman destino.

Muévete y deja de preocuparte por las cosas que suceden, y hablo por experiencia. Porque no todo lo puedes controlar. Lo que si puedes controlar es lo que piensas en cada momento, el sentido que le veas a las cosas y como afrontes lo que vaya viniendo. Nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir y estamos, como dijo Ramón Núñez Centella “estamos programados para vivir, y para vivir felices”, así que no te preocupes por las cosas que no puedas controlar, controla tu forma de pensar. De esta manera habrá una retroalimentación positiva entre lo que pienses y lo que vendrá; ya que si nuestro cerebro está programado para vivir, y ser felices, y dedicamos buena parte de nuestra vida a pensar de una forma positiva, lo único que puede venir es esa niebla matinal que sube desde el valle, ese cielo negro y estrellado, ese verde lleno de vida y esos sueños de princesas y sonrisas.



lunes, 23 de junio de 2014

AHORA ES TU TIEMPO...

Tengo esa imagen de ti grabada en mi mente cuando te vi partir la última vez. La imagen de una niña que pronto dejaría de serlo para convertirse en mujer y que cada noche se entremezcla entre mis sueños, haciendo que éstos me despierten entre sollozos y lágrimas de añoranza, ternura y amor, apareciendo de todas las formas que tengo almacenadas en los rincones de mi mente, una y otra vez, manteniendo vivo el recuerdo del cariño que se convirtió en amor para siempre. Esos lugares mágicos, invulnerables, impenetrables e inviolables que siempre estarán reservados para ti, quién sabe hasta cuándo, quizás hasta siempre. Eso es para nosotros aunque tú aún no lo sepas.

AHORA ES TU TIEMPO…

Ahora me pregunto cuando despertarás tú, al igual que yo, y cuánto tiempo necesitarás para comprender que, como las estrellas de cada noche limpia de verano, yo estaré siempre intentando que te lleguen esas pequeñas partículas brillantes a las que puedas mirar en el momento que desees. Como ellas, yo ya no estoy, aunque sigo enviándote luz, solo debes querer mirar al cielo. Las estrellas se pueden tocar si uno quiere, y espero que eso lo llegues aprender ahora que estás convirtiéndote en una mujer.
Siempre busqué la forma de que te sintieras orgullosa de mí, y ahora simplemente busco en el desconsuelo de estas palabras la manera de que tuvieras la libertad de poder mirar al cielo por ti misma.

AHORA ES TU TIEMPO…

Ahora es el momento en el que puedes comenzar a escribir  sobre el papel vacío de tu vida, ahora es cuando has de rellenar cada una de esas hojas de la mejor manera posible, y éstas deben permanecer en tu memoria de la misma manera que yo lo hice siempre. Es la forma para que no olvidemos un pasado que forma parte de nosotros y que siempre estará ahí, y que no importa el tiempo que pase, y no importan los días pues estos dejarán de tener valor cada noche, porque cada noche podremos mirar al cielo con la esperanza de ver esa luz tenue pero llena de vida, porque son las noches de oscuridad cuando nos encontramos con nosotros mismo, y es en ese momento, cuando nos vamos a la cama, es cuando nos encontramos con nosotros mismos, cuando sabemos quiénes somos y de dónde venimos, mi amor.
Cuando escribo estas palabras te pienso, no dejo de pensarte, y no puedo dejar de sentir compasión por aquellos que me dijeron que yo no te quería, porque quizás en algún momento dejaron de experimentar un sentimiento parecido, hace tanto que llegaron a ensombrecerlo por la vanidad.

AHORA ES TU TIEMPO…

Ahora eres una mujer, y esas conversaciones que tenía guardadas bajo llave para ti se interponen en mis pensamientos cada mañana cuando al despertar tengo grabada esa última imagen que tengo de ti. Quería exactamente que no te perdieras en un mundo que va a intentar que lo hagas, quería que distinguieras entre lo que eres y lo que los demás van a intentar que seas. Te veo cautiva, prisionera en un mundo que no sé si tendrás la oportunidad de llegar a querer escapar de él.


Quizás un día llegues hasta aquí de la forma más insospechada, porque esos son los momentos que esta naturaleza caótica tiene de devolver cada cosa a su sitio. Y estoy seguro también de que como la vida es siempre caprichosa, quizás te encuentre en el mundo de una forma más adecuada. Yo mientras seguiré escribiéndote, esperándote, pensándote. Enviándote ese pequeño grano fino de luz al que podrás mirar cuando quieras, siempre que tus ojos queden libres y tus pensamientos solo te pertenezcan a ti.

viernes, 20 de junio de 2014

LIBERTAD

Decía, no hace mucho, que los rifles no pueden matar las palabras. Recuerdo las palabras de mi padre cuando habla de aquella época en la que la libre expresión brillaba por su ausencia. Una época que, en ese sentido y no en muchos otros, debiéramos olvidar. La palabra es la que materializa e instrumentaliza el pensamiento, y el pensamiento es la conciencia del YO.

¿Por qué no hablar entonces? ¿Por qué no materializar un pensamiento? Porque hay gente quizás que no quieren que la verdad se sepa, obvio. Soy de los que piensan que es más lícito pensar lo que uno quiera que decir lo que uno quiera. Parece que me contradijera con este argumento, pero no es así. La diferencia existente en esa línea divisoria entre el libre pensamiento y la libre expresión de cada uno de ellos radica, desde mi punto de vista, en la objetividad. Puedes pensar que existe una conspiración del gobierno de los Estados Unidos en tu contra, pero si lo vas diciendo por ahí te podrían tachar de paranoide o psicótico, ¿cierto? Pero, ¿y si tuvieras pruebas sobre ello? Entonces sí, grita, habla y materializa tu pensamiento, porque es la única forma para combatir una injusticia; como he dicho muchas veces, creando conciencia. Ya lo hemos visto en muchas ocasiones. Recuerdo el caso del joven llamado Edward Snowden. Este chico que era técnico de la CIA y desveló que el gobierno de los E.E.U.U utiliza un programa de espionaje para vigilar los sistemas de comunicaciones de millones de personas de todo el mundo. Fue tratado como tirano para muchos colectivos de su país, obvio. Pero todos los habitantes del planeta lo vimos como un héroe capaz de acercarnos a la verdad. ¿Qué es lo que queremos entonces? Censura o verdad…

Creo que el bueno de Snowden debió tener suficientes pruebas y tener la certeza respecto a la veracidad de lo que estaba contando cuando decidió relatar esa historia. Y esa es la diferencia a la que hacía mención, la que hay que entender explícitamente, cuando se decide materializar un pensamiento. Así es como yo lo veo. No creo que mucha gente tachara de mentiroso al bueno de Snowden, independientemente de lo que pensaran de él aquellos a los que no les interesaba que la verdad se supiera. Y lo comprendo, obvio. Nadie quiere mostrar su cara menos favorecida, ¿cierto?

Vivimos en una sociedad en la que es importante la impresión que demos. Pero, como bromeo siempre con mi amiga F., no somos impresoras, sino personas. Tenemos la capacidad de expresión, que no impresión, y la capacidad de demostrar que esa expresión, materialización e instrumentalización del pensamiento está en el camino de la realidad. Y hay que saber distinguir de la verdad y la realidad, pues todos tenemos nuestras verdades, aunque la realidad suele ser un poco más objetiva.

Lo que trato de entender es que podemos vivir en un mundo en el que gente con poder, cualquiera que sea éste, otorgado de una forma más o menos lícita, pueden ejercer en nosotros algún tipo de coerción, pero no deberíamos caer en el error de que puedan eliminar nuestro pensamiento y la materialización de éste, porque es lo único que tenemos para nosotros mismo, es lo único inviolable.

Cuando pienso tengo la necesidad de instrumentalizar esos pensamientos para así poder clasificarlos, “objetivizarlos” y darles sentido. No creo que nadie tenga el derecho a reprimir nuestras mentes, y menos aun cuando materializo realidades.

Cuando escribo soy fiel a unos principios. Podría engañaros a ustedes, sería fácil incluso, pero nunca podré engañarme a mí mismo.

Así que seguiré escribiendo mis opiniones, mis pensamientos, mi verdad y siempre intentando acercarme lo más posible a la realidad.


Pienso en aquellas personas que perecieron llegando a soportar las más atroces de las torturas, aquellos que tuvieron que soportar las humillaciones de los que ejercían poderes coercitivos sobre ellos, e incluso pienso en aquellos que una vez mojaron sus labios en el veneno diluido de una copa de vino traicionera. Hasta aquellos que morían en la hoguera lo hacían gritando LIBERTAD!!. 




lunes, 2 de junio de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ: CAP 5

No me tienes que contar solo los momentos felices, amables y fáciles de tu vida. No quiero saber de tus riquezas o posesiones. Háblame de las dificultades que encontraste, háblame de los desafíos a los que te enfrentaste con valor, háblame de las batallas en las que peleaste, háblame del miedo, del sufrimiento y del dolor. Entonces te conoceré.”
“Gerardo Bielsa”

Creo que todos tenemos preguntas sin respuestas transformadas en un silencio cobarde. Y sí que es cierto que a veces no decir nada puede ser la mejor de las respuestas, aunque también puede llegar a ser la mejor de las excusas.

Le cambié pañales y le lavé el culete muchas veces. Era realmente difícil poner el agua a la temperatura ideal para que no se quemara o no sintiera frío una cría de tres años. Le di el biberón, agua hasta la marca correspondiente, leche en polvo, gofio y un poco de cacao, pues nunca le gustó el sabor de la leche. Le di la mano mil veces cuando lloraba, otras muchas no lo hice, pues creía que tenía que aprender a que a veces en la vida hay que llorar y aceptar las cosas que no nos gustan. La intenté educar y enseñar lo poco que yo sabía, aunque eso fue todo un aprendizaje para mí. Me esforzaba. Intenté que tuviera lo mejor, siempre. Es como esas veces que partes una manzana en dos, y siempre te quedas con pedazo más pequeño. Intenté que fuera buena persona, porque no son los colegios religiosos, ni los amigos de mamá con sus dos minutos de presencia, ni un papá ausente trescientos veinte días al año los que hacen que empaticemos con la vida. Intenté hacerla reír, que sintiera amor y respeto por su padre biológico, aunque viera día a día como hacían que a él lo idolatrara, mientras que yo siempre estaba por detrás de alguien que no estaba. Era la sombra de un fantasma que, cuando se dejaba ver, convertían en un personaje de Walt Disney. Intenté enseñarla a estudiar, intenté que disfrutara de un libro, porque aunque su madre dijera que la vida no está en los libros siempre pensé que las palabras tenían más valor que los golpes. Intenté que entendiera que éramos un equipo, cuando en realidad era yo quien no se daba cuenta que jugaba en una liga diferente. Intenté abrazarla siempre que pude, quizá porque siempre supe que algún día lo echaría de menos. Intenté que comprendiera que la vida no es un camino de rosas, e intenté educarla para que no sufriera, quizá como yo lo estoy haciendo ahora. La quise más allá de los apellidos, de la genética, de la burocracia, de las apariencias, de las bromas y consejos de los que no se preocupaban por ella salvo esos dos minutos de gloria en los que la hacían reír, para después volver a marchar.

Ahora la distancia se vuelve abstracta. Como decía Rubén Tejerina: “Y créeme si te digo que estoy cerca, justo en la distancia de los pasos que me protejan de intentar quererte de nuevo. Y créeme si te digo que estoy lejos, pero justo en la distancia de los pasos que me permitan volver a tu lado si te hiere la vida… Te pienso, y el día acaba pareciéndose a ti..”
Pero nunca tendré esa respuesta…

Porque la arrancaron de mí en un momento en el que no podía, ni era capaz todavía, de saber que al mismo tiempo también me arrancaron de ella. Porque no conocía una vida en la que yo no estuviera presente, una vida en la que siempre, después de todo, estábamos allí los dos, secándonos las lágrimas, tendiéndonos la mano al borde de un precipicio escurridizo y mojado en el que ninguno quisimos estar nunca. Yo la salvé una vez, pero ella me salvó tantas veces que ahora no sé dónde agarrarme…

Y no sé, y me da miedo incluso, que un día llegue a pensar y a comprender que lo real va más allá de lo que le han querido mostrar, que entre el blanco y el negro hay una amplia variedad de grises que ella misma debe descubrir. Porque somos lo que somos por lo que hemos vivido, no por lo que nos han quitado.
Imagino ese día en el que vea todos esos colores a su alrededor y tenga la libertad de elegir, como cuando escogía el color de su pintauñas favorito, aunque a nosotros no nos gustase. Imagino ese día en el que me pudiera sentar enfrente suya, y no tener más que mirarle a los ojos y decirle que la quiero.

Ahora, como decía Rubén Tejerina “Estoy buscándome de nuevo en otro azul…” y es ese trocito de cielo, o de mar, donde siempre está reflejada su imagen y su sonrisa. Porque no existen nubes de tormentas, ni olas de poniente, que impidan que su reflejo siempre vaya conmigo. Y es ahora, cuando el sonido de su voz comienza a difuminarse, cuando más la echo de menos.

¿Y qué saben los que te dijeron que yo no te quería, los que me apartaron de ti, o te apartaron de mí, de las risas en la cama de esa casa con ruedas que fue nuestro hogar, de las historias de montañas nevadas para que no te quedaras dormida, de las princesas, de los cuentos de hadas, de la tetilla del biberón acariciando tus labios a las tres de la madrugada de una noche cualquiera, de cuando te enseñé a conducir, de cuando preparábamos la cena en una mesa de pétalos de rosa, cuando te tiraba hacia el cielo y siempre sabías, porque lo sabías, que mis brazos iban a estar ahí para recogerte?
Qué saben ellos, ¿verdad?

No quiero parar de escribirte, no quiero parar de sentirte, no quiero que te olvides de mí. Este es un mundo sucio, malo, lleno de giros y recovecos, y es fácil perderse por ahí afuera. No quiero que te pierdas, no quiero perderme sin ti.

Y espero que entiendas en el futuro, si algún día tienes el coraje de sentarte a leer mis palabras y mi dolor, que todo esto que escribo es porque necesitaba "gritar". Sé que ya lo sabes, y sé que cuando estés libre de las ataduras de una realidad que te han impuesto serás lo suficientemente fuerte para aceptar la realidad. 

Voy a seguir en la lucha, voy a seguir "gritando", por mí, porque ya era hora de que me liberara de la prisión a la que me vi sometido, de las injusticias, de las mentiras. Pero también lo haré por ti, porque te merecías el libre pensamiento, la verdad objetiva y merecías, ante todo, acercarte a la realidad.

Te quiero, a saco

Continuará....


  

lunes, 26 de mayo de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ: CAP 4

"Hay que reivindicar el poder de la palabra, poderosa herramienta que puede cambiar nuestro mundo. <>"

“Los rifles no pueden matar las palabras”. Algo así decía una canción que escuchábamos juntos por el camino serpenteante que nos llevaba a la gloria que se infectaría al cabo del tiempo. Ahora soy yo quien sortea con mis palabras las balas que dispara ese arma sin confiscar, un arma que solo algunas personas poseen, arma gratuita, que no necesita licencia para ser usada. Un arma de la que nadie oirá el sonido de sus disparos que nos atravesará el alma. Y no podremos evitarlo, a no ser que sea de esta forma, con palabras, las que los rifles no pueden matar.

Durante estos días he intentado expulsar, con palabras, todos esos sentimientos que mi mente ya no era capaz de retener por más tiempo. “Escribí, escribí, para no morirme”. Sentía que si no “gritaba” iba a explotar; y nunca encontré mejor forma de gritar que escribiendo. Porque cuando escribes tienes tiempo para reflexionar, corregir, repasar, pensar y respirar. Siempre me fue mejor escribir que hablar cuando un sentimiento de la magnitud de todos aquellos que he experimentado durante este tiempo se apoderaba de mí.

Pero no solo yo he escrito en estos últimos días de frio invierno. Muchas otras personas lo han hecho también. Algunos de forma anónima, otras con nombre y apellidos, muchos amigos míos, y algún que otro amigo de las tinieblas. Era consciente que no era yo el único hombre que estaba pasando por una situación en la que una mujer, aprovechándose de la ley, le quita la libertad a un hombre y deja que lo traten como un delincuente. Pero, ¿tantos? Un conocido casi pasa doce años en prisión por una denuncia falsa. ¿Dónde está el límite? ¿Cuánto debemos temer? La mayoría apenas asoman la cabeza, temerosos ante la repudia de una sociedad que aclama igualdad en las calles, frente a los parlamentos, mientras que en los callejones oscuros de nuestras ciudades, mientras cuando estamos dormidos, nos imponen estas leyes de las que nadie quiere, ni puede, hablar.  http://www.alertadigital.com/2014/01/03/26-hombres-asesinados-por-el-hembrismo-en-2013/

Datos de 2013:
·          48 mujeres asesinadas por el machismo
·          26 hombres asesinados por el hembrismo
·         5 niños asesinados por sus padres
·          8 niños asesinados por sus madres
       700 mujeres se han suicidado
·          2.700 hombres se han suicidado 

Me sorprende cómo nunca supe nada de esas veintiséis muertes de hombres a mano de mujeres, ni de esos dos mil setecientos suicidios de hombre que, en multitud de ocasiones, no tuvieron otra salida ante la injusticia, ante el horror, ante la humillación.

Creo que debemos un respeto y una consideración a todas esas víctimas que pagaron con su vida la locura de algunos seres violentos y desquiciados. Sinceramente, creo que esto no ayuda nada a que esas cifras disparatadas disminuyan. Policías, jueces y funcionarios sonrieron, irónicamente, incrédulos, cuando les expuse mi caso. “No puedes hacer nada. Esto, lamentablemente, es así”. En los juzgados de “Violencia contra la Mujer” veía la sonrisa de incredulidad de algunas funcionarias que, día a día, se encuentran con multitud de casos como el mío. Ellas lo saben, yo lo sé, pero cuando les preguntas solo sonríen, frunciendo el ceño, con resignación e indignación, cuando les dices que la juez no me dejó llevar a un testigo que sabía que ella me había agredido físicamente en más de una ocasión, cuando la juez sabía que el día que me denunció fue el día siguiente de que me encontrara con ella en la playa, después de que el padre escuchara de boca de mi amigo que yo debía tener más miedo de su hija que ésta de mí. En ellas vi la indignación y la repudia; quizá avergonzadas por estar en el bando privilegiado, quizás ellas también quieran igualdad, y no jugar con ventaja, como si de una partida de póquer se tratara en la que vale todo. No somos rivales, sino personas.

Hace una semana fui a escalar y me encontré con ella. Me fui a la otra parte de la zona de escalada. Lo más alejado que podía, en el otro extremo. Ella bajó de una vía y comenzó a hacerme fotos. Inmediatamente marché. Para irme tuve que pasar por su lado. Cabizbajo, sin levantar la mirada por un momento. Pero percibo su presencia. “Teme tanto” que se queda inmóvil junto a la puerta del sector por la que yo tenía que pasar para marchar, con su cuerpo dirigido hacia mí. Noto como miraba, amenazante, desafiante. ¿Acaso es cierto que teme o, por el contrario, estaba usando el arma que la ley le ha otorgado injustamente? Si realmente hubiera temido no se hubiera quedado en la puerta, mirándome desafiante, gozando, me atrevería decir, del momento, del poder.

No la molesté, no la saludé, ni tan siquiera la miré. Estaba apartado, lo más lejos que podía. Yo estaba con una amiga. Ella con un montón de amigos y su nueva pareja. ¿Por qué esa acción? Me dio mucha pena, porque me hubiera gustado que se hubiera preocupado por estar feliz, con su nueva pareja, disfrutando de esos momentos maravillosos que se tienen cuando comienza algo bonito, en lugar de estar disparando con su cámara, no sé con qué intenciones. Me da pena de ese chico, la verdad. Pero lo que sí me da coraje es que ella era alguien a la creí conocer desde siempre cuando empezamos la relación, y a la que parece que nunca llegué a conocer cuando todo acabó, después de ocho largos años. Ahora simplemente es alguien a quien solía conocer.

 “LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ” ha sido, sin duda, lo más duro que escribí jamás por muchas razones. Primero por exponer una parte de mi vida que todo el mundo escondería. Vivimos en una época en la que sólo mostramos nuestra mejor cara, quizás hasta retocada por la tecnología, para aparentar quienes no somos ante gente que no conocemos y a quienes no le importamos. ¿Qué diferencia existe entre publicar al mundo cuando encadenas la vía más dura de tu vida y en contar todo lo que te ha ocurrido y que ha torturado tu cuerpo, tu mente y tu alma? ¿Acaso no sigo siendo la misma persona? Yo creo que sí. ¿Acaso no soy más genuino, más auténtico, más yo? Segundo porque escribir todo esto implicaría unos daños colaterales, para mi familia, para ella y para la familia de ella. Pero como dije antes “escribí, escribí para no morirme”.

Ahora vivo con miedo. Miedo a que cuando, después de una hora de carretera, llegue a una zona de escalada en la que he quedado con amigos me encuentre con ella refugiada tras su rifle en forma de teleobjetivo, tratando de cazar a su presa y llevarle el trofeo a su padre. Vivo con miedo de no estar preparado cuando me llamen de comisaría por otra denuncia falsa e injusta. "Si ella llega, huye” ¿Sabéis qué triste es tener que oír esa frase de amigos, familiares e incluso de policías, abogados, funcionarios y jueces?

Todavía me decía el otro día una chica que si necesitaba “gritar” que me fuera a un psicólogo, que no debía contar nada aquí. ¿Yo? No tiene ni idea de a cuántos he visitado, a cuántas personas le he tenido que contar mi historia, cuántos tratamientos farmacológicos, cuántas terapias para vencer una mentira!! 

Cuando ocurre este último suceso, el de las fotografías, voy a la comisaría a informar del atestado y la policía me dice que he hecho bien, que cada vez que me encuentre con ella vaya y lo diga. Ellos están en primera línea. Ellos son los que cada día ven como muchas de estas mujeres despechadas se benefician del terror que sufrieron el año pasado esas 48 mujeres y, cómo no, esos 26 hombres.

Pero hoy, y siempre, me haré la misma pregunta:

¿Por qué me denunció al día siguiente? ¿Por qué no el mismo día cuando me la encontré? Es la típica pregunta a la que nunca solía responder.



Continuará….


viernes, 23 de mayo de 2014

LO MAS DURO QUE ESCRIBÍ: CAP 3

Eso es lo que me dijo el padre la primera vez que hablé con él después de que ella me volviera a dejar tras las tres semanas de haber salido absuelto. Tres semanas después de que me dijera que lo que más deseaba era que viviéramos juntos y que tuviéramos una verdadera relación.

Hace un par de meses el hermano de ella me denunció por mandarle mensajes. En los que él decía que yo le insultaba. Juicio. Resultado absuelto. Mentiras a un juez.  No aporta prueba alguna. Obvio. ¿Eso no se castiga?

Luego me denuncia el padre tras el fracaso anterior del hermano. Me denuncia por lo mismo. Por mandarle mensajes. Resultado. Hoy, precisamente hoy, recojo la sentencia.

Pero NO me van a meter en la cárcel por mandar unos mensajes pidiendo POR FAVOR que no se me haga sufrir, que no me hagan vivir esta pesadilla, que sientan, que piensen, que muestren empatía, que quiero a su nieta, que necesito verla, oírla y abrazarla. Recuerdo en un mensaje que le puse: ¿Daría usted su vida por su nieta? Seguro que sí, yo también. ¿Cuánta gente cree usted que daría su vida por su nieta”?
Pero por unos mensajes de este tipo no te meten en la cárcel, ¿Verdad?
Entonces hace dos semanas me encuentro en la playa con ella. Me acerco  y le pregunto si podemos hablar. Me dice que no. Le pregunto cuándo cree que podríamos hablar y me dice que de momento no. Le digo que esperaré el momento y me voy. ¡Y me voy! Mientras me marcho me dice “pica billete,  vete a tomar por el culo”

Yo me marcho y cuando subo las escaleras de la playa y estoy quitándome la arena de los zapatos veo cómo ella recoge las cosas rápidamente y se dirige a comisaria de policía…. No lo he expresado bien. ¡¡¡¡¡Se dirige a comisaria de policía!!!!!!!!! Esto lo sé porque ese trayecto ya lo hizo una vez, hace unos meses, cuando me metió entre rejas, antes de que se arrepintiera, claro está. Lo sé no porque la siguiera, sino porque me lo imaginé en ese momento cuando la vi recoger a toda prisa así que cuando con mi coche pasé por la puerta de comisaría dirección mi casa sólo tuve que girar el cuello para verla allí dentro hablando con un policía. Estuve junto a ella, sin tener ningún tipo de orden judicial que me lo impidiera, aproximadamente 30 segundos. ¿El precio de una denuncia? O quizás el precio fueran los mails que le mandaba rogándole para  que me diera la oportunidad de hablar, de ver a la peque.

Acojonado llamo a mi amigo S. y le pongo al tanto de la situación. Tengo miedo. Tengo miedo porque no existe en España la violencia de género, no existe en España la violencia contra el hombre. Existe la violencia contra la mujer. Y sí que es cierto que en muchas, muchísimas ocasiones, éstas necesitan protección (solo hay que ver las noticias cada día). Mi amigo habla con ella y le expone que estoy asustado por lo que ella pudiera hacer. El padre de ella llama a mi amigo. Sí, lo he dicho bien: ¡Llama a mi amigo! No entendemos muy bien por qué. El caso es que este hombre le dice a mi amigo de nuevo lo que ya me dijo a mí en su momento: “Voy a intentar meterlo en la cárcel por todos los medios” Al día siguiente ella me denuncia. Sí. No el día antes cuando me la encuentro en la playa y ella va a comisaría. No el día que me la encuentro, sino al día siguiente. Unas 15 horas después de que el padre hablara con mi amigo y repitiera la amenaza. Yo no sé qué pensar: O en comisaría le dijeron el día antes de la denuncia que los martes no vale denunciar o alguien interfirió para que ella me denunciara y así cumplir sus expectativas. ¿Qué mejor forma de cumplirlas?

 Me llaman de comisaria. Voy. Declaro. Y me citan para la mañana siguiente en los juzgados de violencia contra la mujer. No me he expresado bien. ¡¡¡¡¡Me citan en los juzgados de violencia contra la mujer!!!!! Tengo miedo porque ya viví eso… ¿Por qué me denuncia al día siguiente de encontrármela y no el mismo día?

Hablo con un abogado y me dice que ya, para empezar, antes que nada, cuente con que tengo una orden de alejamiento. Que eso es así. Que da igual lo que diga, que da igual lo que hayas hecho. “La orden te la llevas….” Me dice que vamos a intentar que no me caiga nada más.  Yo lo flipo…
 Había estado en la playa donde siempre íbamos los 3. Llegué antes que ella. Me di dos baños y al irme paré 30 segundos para preguntarle si podía, primero, y cuando podría, después, hablar con ella. Y se fue para comisaria. Pero no me denuncia por lo visto. Me denuncia al día siguiente. ¿Qué es lo que pasó para que fuera al día siguiente? Cuando mi amigo habla con ella ésta le dice que tiene miedo de mí y él le dice que miedo debería tener yo cuando se dirige a comisaría porque su ex pareja, con la que estuvo 8 años, quiere conversar con ella; cuando su ex pareja, que  jamás le ha puesto la mano encima a nadie, sí que ha recibido algún que otro…

Tengo que repetirlo todo un poco, tengo que repetirme porque mi incredulidad me lleva a ello.
Mi amigo recibe una llamada de su padre. Éste le dice a mi amigo lo que ya me había dicho en alguna ocasión: “Voy a intentar meterlo en la cárcel por todos los medios”. A la mañana siguiente ella sí me denuncia. ¿Se lo había pensado mejor? ¿Estaba temerosa? ¿O quizás alguien hubiera intervenido para cumplir un deseo profundo? No quiero la orden porque ésta sería el arma a utilizar, lo sé. Si el motivo de la denuncia fuera miedo me hubiera denunciado el día que me vio, cuando entró en comisaría, y no 15 horas después de esas amenazas, al día siguiente, mientras yo estaba en la universidad.

Acudo al juicio. La juez mujer, la fiscal mujer, la secretaria mujer. Ella declara que la sigo a la playa (yo estaba allí un buen rato antes y la playa es de todos, creo.) que le insisto y que incluso la espero arriba de la playa. MENTIRA. Y que le mando muchos mensajes de correo electrónico (verdad), insultándola (mentira).
Como ya sabemos que la orden de alejamiento va a ser un “sí o sí” llevamos a un testigo, el amigo común en cuestión, para que testifique y argumente si él cree que ella pudiera tener miedo de mí o, por el contrario, sería yo quién debiera tener miedo de ella debido a las agresiones físicas que sufrí en ciertas ocasiones, muchas de hecho. Alguna incluso en presencia de la niña. Quería que le contara al juez las amenazas telefónicas…

No dejan que el testigo hable. ¿Por qué? ¿POR QUÉ?

RESULTADO: orden de alejamiento de 6 meses. 8 día de arresto domiciliario y pagar los costes del juicio. GRATUITO


Continuará…

miércoles, 21 de mayo de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ: CAP 2

PARTE DOS: QUIERO VER A LA NIÑA

Durante meses intento por todos los medios hablar con la niña. Nunca había pasado más de un par de semanas sin verla, y ya llevaba un mes. El día de reyes le mando a la madre decenas de mensajes con la intención de que me dejara llevarle un regalo de reyes a la cría. Nunca contestó. Mi amigo lo intenta también; trata de ponerse en contacto con ella para pedirle, por favor, que me deje llevarle un regalo que le había comprado. Estuve en todos sus Reyes desde que tenía 3 años. Recuerdo el primero, quería impresionarla, nos pusimos a las 1 de la madrugada a llenar globos para que al despertar se encontrara en un mundo de colores. Eran tan pequeña que le hizo más ilusión el colorido del salón que los juguetes. El día 6, a última hora de la tarde, después de estar todo el día esperando una respuesta, me acerqué a su casa y la madre aceptó que la cría bajara dos minutos. La niña bajó, me saludó como siempre (demasiado bien para esa situación en la que ella tiene que bajar a recoger un regalo mío). Debía ser raro e incómodo para ella como lo era para mí. Abrió el regalo, le gustó mucho, me abrazó y estuvo contándome qué le habían puesto los Reyes Magos. A los dos minutos, ni uno más ni uno menos, la voz de la madre, impetuosa y punzante, hizo que yo tuviera que decirle a la pequeña que se fuera para arriba, ya que ésta, al oír la orden, no sabía qué hacer. Comenzó a mirarme. Estoy seguro que sintió compasión hacia mí, estoy seguro que en su frágil interior había un pedacito de mí que ella quería mantener.  Le dije que me había encantado verla y que la quería, que escribiera en el diario todo cuanto viviera y sintiera, que eso le serviría para que en un futuro pudiera recordar todo lo bueno que le sucediera. Recuerdo cómo me miraba con cara de asombro cuando le dije: “ahora te van a pasar cosas; cosas muy muy buenas, y otras no tanto, pero va a ser genial” Ya no me dejó verla nunca jamás. Nunca supe si llegó a utilizar el diario que le había regalado para que pudiera escribir todas esas cosas maravillosas que le iban a comenzar a ocurrir ahora que se estaba haciendo una mujer. No soy padre, pero no puedo entender, no logro hacerlo por más que lo intento, cómo se puede tener odio a una persona que ama a tu hija y que daría tanto por ella. De hecho el odio es un sentimiento que nunca llegué a conocer.

Han pasado cinco meses desde aquel día de reyes y solo la vi hace un par de meses cuando nos encontramos en una zona de escalada que solemos frecuentar. Estuve unas horas con ella, le ayudé con la tarea. Tenía que ubicar los ríos más importantes de España en un mapa y yo trataba de acordarme, como si mi vida estuviera en juego. Quería poder ayudarla, aunque fuera la última vez, quería volver a ser parte de ella por unos minutos, aunque en el fondo sabía que, efectivamente, sería la última vez.  Ella, la cría, incluso me gastó alguna broma. La cogí en brazos, me acerqué a su oído y le conté un secreto: ¿Sabes que te quiero? Da igual lo que oigas y lo que te digan. Te quiero, y eso no lo cambiará nadie. Lo sabes verdad?…” Asintió con la cabeza. Ya no la he visto más, ni hablado con ella, ni oído su voz. Un día, hace unos meses, convencí a un amigo para que le dejara en el buzón de su casa un atril que la peque quería para estudiar. Junto al atril una carta dirigida a ella que nunca recibió y que seguramente nuca fue abierta antes de llegar al primer cubo de basura.

Durante todos estos meses he intentado por activa y por pasiva que me dejara verla, que me dejara hablar con ella. Me bloqueó del teléfono, de Wahtsapp, y solo me respondía a algunos mails. Y siempre las respuestas eran NO. “Tú no eres el padre y no eres nadie para pedir poder ver a la niña”.
Cierto que no soy el padre. No lleva mis genes. ¿Acaso son los genes lo que los niños recuerdan de su infancia o, sin embargo, son los momentos vividos al lado de la persona que estuvo ahí? Que se lo pregunten a Konrad Lorenz. ¿Sabéis por qué no tenemos recuerdos anteriores a los 3 años de edad aproximadamente? El hipocampo, una estructura cerebral encargada de que se almacenen los recuerdos en nuestra cabeza, no se termina de formar hasta esa edad. Ella no tiene recuerdos de su vida sin mí. Y eso es algo que la genética no puede igualar.

Mis intentos desesperados por no perder el contacto con la niña, sumando a lo que había pasado en el verano de 2013, me llevaron a intentar hablar con el padre ella. Quería que alguien intercediera, que le hiciera comprender a esta persona lo que me estaba haciendo, que la cría no tenía nada que ver. Supliqué, rogué, “me arrastré”… ¡Quería ver a la niña!! O, tan solo, hablar unos minutos con ella…
En una llamada telefónica con el padre éste me insulta. Le pido explicaciones sobre el por qué de esos insultos.”¿Cómo puede insultarme después de que su hija me metiera en la cárcel y todo lo demás”? La respuesta fue contundente: “Tú no has estado en la cárcel, en la cárcel te voy a meter yo”.


Continuará…..

domingo, 18 de mayo de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ. CAP 1

Esta historia podría ser un hecho real o no. Podría ser mi historia o la de un amigo. También podría ser tu historia. La he dividido en unos cuantos capítulos porque es un poco larga. La intención de contarla no es más que soltar unas ideas, unos hechos y unos pensamientos que me inquietan. He intentado ser lo más objetivo posible, siguiendo mis principios. sin intentar engañaros ni engañarme a mí mismo. La intención es que la gente piense en este tipo de casos y en las circunstancias que hace que actuemos como lo hacemos en diferentes situaciones. ahí queda eso...

PRIMERA PARTE: LA CÁRCEL

En el verano de 2013, a finales de agosto de ese caluroso verano,  pasé 3 noches en los calabozos de la comisaría de policía de mi ciudad. Mi ex pareja, con la que llevaba una relación de 8 años, impuso una denuncia por acoso cuando yo, después de que ella me dejara por enésima vez, fui a la playa donde siempre íbamos los tres (ella, su hija y yo), con la intención de hablar con ella. Ella me amenazó con denunciarme mientras yo esperaba pacientemente, jugando a las palas con la pequeña, poder hablar con ella. Se ve que esa situación no le gustaba y se dirigió a la comisaría de policía. Yo la acompañé a las dependencias policiales, ya que no veía que pudiera ocurrir lo que, a posteriori, ocurrió. 

Ella impuso una denuncia por ACOSO y yo pasé 3 días en los calabozos sin poder decir nada. Nadie me preguntó si era cierto eso que ella dijo. Era viernes y allí me quedé hasta el lunes, cuando se celebró el juicio rápido. Recuerdo que mi amigo J. me preguntó, días después, por mi fin de semana, a lo que respondí con un irónico “genial”.

 Estar en la cárcel es como en las películas, pero con alguna diferencia. Te leen tus derechos, te hacen las fotos, te dan algún cigarrillo, hacen que te quite los cordones de los zapatos, el del bañador y te encierran. Lo que sí aprendí fue una cosa en esas 3 noches que pasé encerrado entre 3 paredes y una puerta de gruesos barrotes de acero. Y es que “la policía no es tonta”.

 Me trataron genial. “hacemos nuestro trabajo. ¿Acaso crees que no sabemos la diferencia entre  cuándo una tía está despechada y se beneficia de la ley de otra mujer que verdaderamente está sufriendo malos tratos y sufre?” Recuerdo que me tuvieron que llevar al hospital justo después de que la puerta se cerrara delante de mi cara porque me dio un ataque de ansiedad.  Vieron en mí “tanto peligro” que me llevaron sin esposas (que ellos llaman grilletes). Me dijeron que ella se contradijo en muchas ocasiones en su declaración, pero ellos, por ley, tenían que encerrarme hasta que se celebrara el juicio. No podían hacer otra cosa más que darnos cigarrillos y ánimos. ¡Hasta ellos me dijeron y advirtieron de lo que sucedería posteriormente, lo que voy a contar…

En el juicio rápido me pidieron un acuerdo al que no accedí (una orden de alejamiento y 6 meses de prisión que no cumpliría por no tener antecedentes penales). Al no haber acuerdo, en el plazo de un mes se celebraría un juicio más “formal”. En él pedían una orden de dos años o algo así y una pena de 9 meses de prisión (que no cumpliría por no tener antecedentes) Mientras tanto, mientras que no se celebraba el “gran juicio” me impusieron una orden de alejamiento hasta que no se celebrara el juicio. A los dos días de salir de los calabozos ella se puso en contacto conmigo a través de un amigo común, incumpliendo la orden. Se mostraba desconsolada, arrepentida. Me dijo que me amaba, lloró, me pidió disculpas. Estaba segura, eso decía, y eso me creía yo, ingenuo de mí, que había sido el mayor error de su vida y a mi amigo A. le llegó a decir que hubiera dado lo que hubiera hecho falta por cambiarse por mí en todas esas horas que yo pasé allí. Así que la perdoné. La quería, y sabía que necesitaba ayuda. Comenzamos a vernos y durante un mes estuvimos incumpliendo una orden de alejamiento. Recuerdo una conversación, de las poca que tuvimos en la vida, en la que le dije que por qué no iba a ver a un psicólogo. Quizás éste pudiera echarle una mano. Yo creía que no era normal que tuviera tantas incoherencias en sus pensamientos y actitudes. O hacía una semana o ahora estaba mintiendo. Me dijo que primero viviríamos juntos y si la cosa no iba del todo bien entonces iría a un psicólogo. Nunca llegamos a vivir juntos pues nuca fue a un psicólogo. Era como querer encadenar un 8b antes de empezar a entrenar. Yo encadeno el 8b y luego entreno, ¿vale? Porque eso que estábamos haciendo era como intentar un 8b, de adherencia, sin cuerda, con los gatos rotos y un día de calor.

Al mes se celebró el juicio y ella dijo que no quería testificar. Le dijo al juez que seguía siendo mi pareja y se acogía al derecho a NO declarar. Salí absuelto.

A partir de ahí hablamos. Era octubre, la orden de alejamiento se canceló y volvimos a ser pareja. En ese periodo me dijo, como ya he dicho, que quería que viviéramos juntos, que me amaba (una palabra un tanto grande y manipulativa). Me dijo que iba a hablar con sus padres (o que había hablado ya, no lo sé) y que éstos deberían aceptar que ella quería estar conmigo, pues como el padre argumentó en gran número de ocasiones yo no les caía bien. Nada nuevo. Lo del psicólogo parecía aparcado. A mí eso me convenció. ¡¡¡¡Me dijo que me amaba!!! Era algo que pocas veces había ocurrido en esos 8 años de relación. Creo que fueron más veces la que me puso la mano encima que las que me dijo que me amaba. ¿Podría haber cambiado?

Oficialmente, en octubre de 2013, habíamos retomado la relación. Exactamente el día 3 de octubre.
Pero el tiempo, ese tiempo que todo pone en su sitio, ese tiempo que le da significado a la palabra verdad, mostró lo que cada uno somos.

Durante la primera semana en la que volvimos a retomar la relación no nos vimos salvo el fin de semana para escalar. Eso no me acabó de gustar, ya que sus intenciones, como me argumentó en sus crisis de culpabilidad, era la de convivir juntos, que yo le ayudara con la cría, que fuéramos una pareja normal. Yo quería pasar tiempo con ella y con su hija, la que por aquel entonces tenía 10 añitos y a la que yo llevaba viendo desde que tenía 3 años. También era pronto. Solo había transcurrido una semana desde que se celebró el juicio. Ese primer fin de semana nos fuimos a escalar.

La segunda semana transcurrió igual que la primera. No quería que nos viéramos salvo el fin de semana…para escalar.  Eso estaba produciendo en mí ciertos desatinos mentales, obviamente. Recuerdo comentárselo, y  ésta siempre decía que no tenía tiempo de que nos viéramos. Nos fuimos el fin de semana a nuestro pueblo favorito, que por aquel entones celebraban la fiesta de “Los Bandoleros”.
A la tercera semana volvió a suceder lo mismo….

Entonces fue cuando le expuse, en una de las situaciones más difíciles de mi vida, que habláramos acerca de la situación, ya que esto no se correspondía con sus intenciones de convivir juntos que ella “tanto ansiaba”. Recuerdo que era viernes, recuerdo que era uno de los días en los que más tranquilo me encontraba. Y encontrarse tranquilo después de lo vivido, después de todo lo ocurrido, después de haber escuchado sus promesas, su arrepentimiento, haberla abrazado, perdonado, secado sus lágrimas y aceptado el hecho de que cualquier persona pudiera equivocarse, no era fácil. Recuerdo que ella no quería hablar conmigo y canceló, después de que yo le pidiera cordialmente mis intenciones de hablar con ella, el plan de ir a escalar ese fin de semana. El sábado hablamos.

Pero el sábado ella no era ella. O quizás ella no fuera ella en algún momento de las semanas pasadas cuando mostró su arrepentimiento. Intenté hablar y conversar. Pero vivimos en un mundo en el que discutir es un término que destruye el hecho de conversar. La diferencia es que en el primero de ellos no se muestra empatía, y en el segundo hay que escuchar a la otra persona, ponerse en su lugar y ser objetivo. Estamos muy lejos, a años luz, de poder acercarnos a conversar con humildad.

Me volvió a dejar…

Encajar eso no es que fuera fácil precisamente después de lo que había aconteció hacía tan solo un mes. Cárcel, falsas promesas, y el hecho de que me convenciera que su amor, palabra bien grande, era verdadero.

Un mes después aproximadamente…

Llegó un nuevo fin de semana. Y nos fuimos a escalar. Ahora como amigos, claro. Yo me agarraba a un clavo ardiendo para poder estar con ella. Volvimos a mantener relaciones sexuales. Cuando le pedí explicaciones sobre su actitud ella me dijo que si yo la calentaba… éramos amigos….

Habían pasado 4 semanas desde que estuve entre rejas. Era el tercer o cuarto fin de semana de octubre y llegaba el fantástico puente de noviembre. Yo cogí una casa en El Chorro. Hablé con ella y le invité a que pasáramos allí unos días. Me dijo que tenía que pensarlo, que tendría que ver cuánta tarea tenía la niña para esa semana. Le expuse que, como las tardes eran cortas, podríamos escalar y, después, podríamos estar en la casa, con la chimenea, y que ayudaría a la cría a estudiar. Ella accedió.

Un par de día antes, si no el mismo día, ella me dijo que iría un amigo de ella a escalar uno de los días, el sábado. Un amigo de esos virtuales que le regalaba los oídos y al que a mí no me gustaba demasiado.
Pero éramos “amigos”, ya que me había vuelto a dejar hacía una semana. Entonces recuerdo decirle que cuando el amigo estuviera allí, escalando, yo me iría a otro sector, pues no me gustaba la idea de echar un día con él. (Era lo único que podía hacer porque ya no éramos pareja. Ahora solo éramos amigos que escalaban juntos y tenían relaciones sexuales cuando quisieran. O sea. Éramos como antes, salvo que ahora lo llamábamos de otra forma). Eso a ella no le gustó (el hecho de que yo me fuera a otro sector el día que su “amigo” apareciera por allí), canceló nuestro plan, rompió todo tipo de comunicación conmigo y se fue con él a pasar el puente. Yo me quedé en casa los 4 días, desconsolado, traicionado, dolido y herido. Volviéndome loco (metafórica o literalmente, no estoy seguro). !!!Solo 4 semanas después del juicio y un mes después de que hiciera que me metieran entre rejas!!!


Jamás, después de aquel día, he tenido la oportunidad de hablar con ella.

continuará...

viernes, 25 de abril de 2014

EN MIS SUEÑOS...

Hoy he soñado que iba a verte y cuando llegué a la habitación estabas metida en la cama. Estabas tiritando, temblorosa. Al entrar en la habitación tú me miraste. No mostrabas el más mínimo síntoma en tu mirada de todo ese miedo que te han intentado incitar hacia mí. Tu rostro no era el de ahora, sino el de hace algunos años. Quizás tuvieras seis o siete años en este sueño. Estabas muy arropada y, aún así, tiritabas de frío. Te destapé momentáneamente y me metí contigo en la cama. Recuerdo bien que una de las mantas tenías estampados de vaquita. Es curioso esto de los sueños, porque es tu almohada de dormir en el campo la que tiene ese tipo de estampados. Mamá no estaba. Debía haber salido brevemente, quizás para ir a por medicinas para ti. Quizás no estábamos en casa. La sensación era que estábamos en alguno de esos pueblos que solíamos visitar cuando íbamos a escalar cualquier fin de semana. Quizás fuera grazalema, o algún otro pueblo. ¿Montefrío quizás?

Toqué tu frente y estabas ardiendo. Al principio decías que no era nada. Supongo porque sabías que te ibas a perder todo ese jaleo que tanto te gusta cuando de una feria se trata. Quizás fuera la fiesta de los bandoleros de grazalema. Segundos después te resignaste y admitiste que estabas malita, y que quizás debieras dormir un poco para poder recuperarte. Yo te prometí que si dormías un poco, a la mañana siguiente, seguro que estarías mejor y yo te llevaría a montar en todas las atracciones de la feria al despertar. Olías como tú. A Siani…

(Esto lo escribí a las 7:15 de la mañana del 25 de abril de 2014. Justo después de despertar, pues no quería que ese momento tan tierno a tu lado se borrara de mis recuerdos para siempre. Ahora tengo otro momento "vivido" a tu lado grabado para siempre en mis recuerdos, aún sin ser real, por lo menos esta vez)

Te echo de menos gordita. Te quiero

domingo, 20 de abril de 2014

GRAZIE BELLAS....

Imagínese una playa amplia y espaciosa, de arena blanquecina, típica de los mares del atlántico; o si lo desea, imagine también una playa de arena oscura del mediterráneo, pues al caso es lo mismo. Desde la distancia no dejan de ser grandes extensiones de arena homogénea, casi uniforme, sólo moldeada por las pisadas ingenuas de algunos turistas despistados e ignorantes o quizás de aquellos que, distraídos con un ritmo demasiado acelerado para discernir la verdadera esencia del lugar, no son capaces de percibir más que el continuo ir y venir de las olas.

 Ahora párese un momento. Tiéndase en la arena. No utilice toalla alguna, solo usted y la arena. Túmbese boca abajo con los brazos extendidos y con las palmas de las manos abiertas en contacto con la arena. Sienta el calor de ésta, su tacto, su textura e incluso su olor. Agarre un puñado de arena, acérqueselo, obsérvelo desde cerca  y descubrirá que, entre cada uno de esos cientos de granos de arena que antes parecían  iguales, hay muchos que se diferencian de la gran mayoría. Una vez que hemos sido capaces de detenernos, de parar un momento, de querer darnos cuenta y de observar desde cerca, es cuando hemos podido percibir que, en un mar de arena, no todos los granos son iguales. Y son esos, los que se salen del molde, los que pasan desapercibidos, los que en este océano de arena no son capaces de alterar el colorido de la playa, los granos más bellos.

Imagínese ahora una visión de nuestro planeta desde el espacio. Imagínese que tiene una cámara de fotos con un teleobjetivo tan grande que puede llegar a ver todos los rincones del planeta. Podría pensar que, al fin y al cabo, todos somos iguales. Pero al igual que en la blanca arena del atlántico, o la oscura arena del mediterráneo, hay rincones en esta playa que merecen ser contemplados por su belleza.

Ahí, todo recto, en algún lugar entre Moclín y la nada, en algún lugar que parece no existir, los granos de arena se tornan pepitas de oro y el silencio se rompe con cinco sonrisas.

Desde la lejanía el lugar parece frío, sin vida, quieto, inerte, muerto. A medida que subes las escaleras metálicas se oye una suave y placentera melodía y, de repente, aquel tétrico lugar se vuelve hogar. Como si por algún motivo desconocido para nosotros dos ángeles quisieran regalarnos unos minutos en el paraíso. El nirvana en todo su esplendor.

¿Y ahora qué?

Ahora podemos creer lo que queramos, pues es indiferente. Podemos vivir engañados creyendo que todos somos iguales, creyendo que solo hay un camino válido, creyendo que no hay más belleza que las que nos quieren imponer. Creemos vivir en libertad en un mundo que para ser libre tienes que no tener alas. Podemos coger el camino fácil, aquel camino que ya sabemos dónde nos lleva y que nos traerá de vuelta al principio. Podemos vivir frenéticamente para tener un poco más, cuando ahora sabemos que más puede significar menos, cuando sabemos que para ser feliz basta con estar en el momento adecuado, con las personas correctas, con ustedes dos, ya sea en un palacio de metal, en un carruaje viejo dando vueltas en círculos por una ciudad fantasma, tocando el vacío a doscientos metros del suelo o, simplemente, dando rienda suelta a nuestro ser creativo y, por unas horas, haciendo desaparecer cualquier brizna  de lógica en un mundo totalmente carente de ella.


Gazie bellíssimas