domingo, 29 de diciembre de 2013

OSCURIDAD...

Hace tiempo que la noche ha caído y no logro acostumbrarme a esta oscuridad. Se supone que mis pupilas deberían haberse dilatado lo suficiente como para que pudiera distinguirte entre tanta incertidumbre. Miro al cielo en busca de una partícula  de luz enérgica y no la encuentro por ningún sitio. No sé qué pasó con las estrellas de esta noche fría y tenue, no sé quién las robó, ni con qué intención. Solo sé que no están.

Sé que no es más que un mero trámite. El tiempo necesario, el tiempo suficiente, el tiempo preciso para que de nuevo salga ese maravilloso, radiante y resplandeciente  Sol que invadió  de energía todo mi cuerpo hace tan solo unas horas, y que ahora parecen una eternidad.  

Miro de nuevo a través del frío cristal de la ventana de mi escritorio y no alcanzo a ver más allá de sus barrotes carcelarios, tímidamente acariciados por la luz de una farola cercana que no tardará en apagarse. Hace rato que esa pareja de jilgueros dejó de visitarme, y con ellos se marchó la música y la alegría, y llegó el silencio. Un silencio que se rompe con el triste llanto de algún perro encarcelado, como yo, entre barrotes iluminados por alguna farola cercana. De nuevo silencio…

No quiero acostumbrarme a la noche ni quiero ser prisionero del silencio.

Como esa pequeña criatura que al nacer busca protección, y no le importa de dónde le venga, ni quién se la dé. Sólo quiere sentirse a salvo en un mundo hasta ahora desconocido para él, y echa de menos la calidez de su mundo, el calor del vientre materno. Su hogar hasta ahora. Pero con el tiempo siente un intenso  apego, una poderosa dependencia que va más allá de lo racional. La necesidad inherente de estar con esa persona que estuvo a su lado, lo cuidó y protegió. Y ahora se enfurece si no se está a su lado, y llora si no se siente protegido y sufre si no siente el cuidado.  Se le protegió mientras estuvo indefenso y expuesto, pero ahora, con el tiempo, debe aprender a enfrentarse ante su nuevo mundo, quizás como yo debo esperar paciente la llegada de un nuevo día.

Pienso en salir afuera, en mitad de la noche, en busca de unas cuantas estrellas que alguien en algún momento robó. De salir ahí afuera, ante esta oscuridad fría y húmeda, con la esperanza, o desesperanza, de encontrar algo que sé, con certeza, que ya no está. ¿Quizás se dejó alguna estrella olvidada? ¿Y qué importa si así fuera? ¿Acaso lo que quiero, o lo que creo necesitar, es ese inerte y efímero hilo de luz olvidado? ¿Acaso eso me devolverá la calidez que sentía hace tan solo unas horas cuando podía distinguirte entre tanta incertidumbre?

Hoy pude ver la tristeza escondida a través de tus cristalinos ojos. ¿Sabes que aún no sé de qué color son? Cuando los miro el tiempo se detiene, pierdo los sentidos, y toda la capacidad de percibir cualquier cosa que no seas tú en todo tu conjunto. Tú y esa bella armonía que desprende tu cuerpo y tu voz. No sé de qué color son tus ojos, ni sé qué llevabas puesto hoy. No sé de qué color eran tus pendientes, y ahora que lo pienso, ni tan siquiera sé si llevabas algunos. No sé cuando tus ojos me paralizaron, ni cuánto tiempo estuve inmóvil hasta que, seguramente tú, apartaste la mirada dejando mi cuerpo libre y solo. No sé cuando me devolviste a la oscuridad. Solo sé que en ella estoy.

¿Por qué no te quedaste conmigo?


Juntos podríamos haber desafiado al sol, a la noche o al ladrón de estrellas. Y así hubiéramos vivido un día eterno, y así no tendríamos que esperar, ni sufrir el silencio. Quizás esa pareja de jilgueros no se hubieran tenido que marchar y quizás no se hubiera producido el triste llanto de algún perro encarcelado entre barrotes iluminados por alguna farola cercana.  

viernes, 27 de diciembre de 2013

DESTELLO...

Un ligero destello luminoso que me acerca un poco a ti. Un destello tan fugaz como el más breve de los suspiros que de nuevo te aparta de mi camino. ¿Dónde estás?

Aún no te conozco y ya te echo de menos. No sé si es necesaria esta espera larga y amarga, o es simplemente la esclavitud de aquel que un día fue hipnotizado por tu mirada. Quizás nunca deje de ser más que un efímero destello que me devuelve la esperanza a la vez que me la quita, tan breve como intenso y esperanzador, tan largo que llega a ser tortuoso y retorcido.

Pienso en cómo sonará mi nombre en tus labios y en el efecto que producirá en mis sentidos el aroma de tu piel. Pienso en tus ojos buscando los míos, en la calidez de tu mano y en quedarme para siempre en mitad de ese momento. Pienso en todo esto mientras deseo que no nos perdamos por ahí fuera sin que haya logrado dominar ese breve y fugaz destello.

Quiero pasear contigo por aquellos caminos que, aunque no lleven a ninguna parte, nos mantendrían unidos; y quiero que nos perdamos por ellos y que perderme contigo sea lo mejor que jamás me haya ocurrido.

Pienso en fabricar recuerdos agradables junto a ti, para que, con el tiempo, miremos juntos al pasado y nos fundamos en una sonrisa.  Pienso en enseñarte todo mi mundo y que me ayudes a descubrir el tuyo. Pienso en cuantas sonrisas podría llegar a ser capaz de robarte; y deseo que sean tantas que el cajón de los sentidos de mi alma rebose y que arrastre a las profundidades del olvido todo lo que no sea tu sonrisa.

Quiero acercarme a ti. Acercarme tanto que se me entrecorte la respiración y que mis pulsaciones vuelen al infinito. Quiero acercarme tanto que el frío deje de existir y que, por un instante, no importe si nuestros ojos permanecen abiertos o cerrados porque podríamos vernos con el resto de los sentidos.

Quiero respirar el mismo aire que tú.

Quiero poner en tus labios un poco de miel y quedarme inmóvil viendo y contemplando cómo se mezclan dulzura y dulzura. Quiero acostarme contigo, pero más aún deseo despertar a tu lado y que sea tu mirada lo primero que vean mis ojos cada mañana. Quiero acariciar tu cuerpo mientras me susurras al oído dónde nos perderemos esta vez.

Quiero que el día y la noche se solapen, y no importen, y dejen de existir entre esas paredes en las que solo estamos tú y yo.


Quiero que ese destello fugaz y eterno sea nuestro, aunque solo sea por un instante. El instante que hará posible que todo esto ocurra.

martes, 24 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD!! bla bla bla

Creo que en días como hoy suelo escribir alguna cosa, o quizás este haya sido el pretexto para ponerme delante de mis palabras y darle forma simbólica a mis pensamientos. No me he tomado la molestia de dedicar  una pequeña fracción de tiempo para comprobar si realmente suelo escribir un día como hoy. Quizás el motivo de esto último sea porque necesito hacerlo, y si descubriera que no suelo escribir en Noche Buena probablemente me dejaría llevar por la pereza, o quizás el miedo, de fusionar mi mente y mis dedos antes la pantalla del ordenador.

Esta noche es Noche Buena y mañana es Navidad, bla, bla, bla…

No me gustan las drogas porque hacen que no tenga el control de mí mismo. No me gusta la falta de control. Muchas veces he visto cómo éste desaparece ante mí y es una sensación desagradable que me produce incertidumbre e impotencia. Es como si mi cerebro se dividiera y mi razón quedara oculta en algún profundo y remoto rincón de la inconsciencia. No me gusta dejar de ser yo mismo y perder mi identidad. Quizás porque, de algún modo, la he perdido muchas veces y el miedo a no recuperarla sacude mi consciencia.

Por algo parecido es por lo que no me gusta La Navidad. No me gustan las fiestas que han de regular, de alguna forma, mi estado anímico. En estas en concreto la incertidumbre se apodera de mí. Ni tan siquiera sé cuál es la actitud que se supone he de tener en una noche como en la de hoy. ¿Debería estar más alegre de lo que estoy? ¿Quizás más triste?

Mañana es el cumple de Jesús y muchos, los católicos, lo celebran de una forma especial. Supongo que todos los que durante estos días han colapsado los mercados de toda España celebran lo mismo, el nacimiento de Jesús. Eso quiere decir que son cristianos y, como tales, ejercen la doctrina que lleva nombre. De lo contrario volveríamos a lo mismo de siempre. Algo que, cada día más, se arraiga en nuestra sociedad. La hipocresía.

Pero quizás yo sea muy pesimista, o quizás un día como hoy ejerza en mí ese cambio de estado anímico del que hablaba al principio. Quizás me equivoque. ¿Por qué no? Quizás esas personas que gastaban  esa mañana en el mercado más dinero del que pueden permitirse hayan contribuido en estas fechas a paliar un poco de hambre del mundo, o un poco de ira, o de rencor, o de violencia….

Probablemente yo me esté dejando llevar por la regulación del estado anímico que ejerce en mí esta fecha. Quiero pensar eso por un año. Solo por un año.
Nos estamos convirtiendo en máquinas. Robots sin conciencia y sin principios, sin razón.

Hablaba el psicólogo francés, Jean Piaget, sobre las etapas del desarrollo evolutivo en cuanto a la capacidad de individuo de realizar operaciones formales. Esto es la capacidad de razonar de una forma deductiva, de entender que lo real es solo un subgrupo de lo posible,  de pensar de forma abstracta y entender los problemas complejos que involucran procedimientos intelectuales. Esta etapa, según Piaget, se produce en la adolescencia. Al principio creía que se adquirían estas capacidades a partir de los doce años, pero más tarde retrasó su teoría hasta los quince años. Yo hoy aún pienso que muchos no hemos llegado a esa etapa.

Pero si te sales del sistema éste te rechaza. Así que no me queda otra que responderos que igualmente, que seáis felices, que felices fiestas, bla bla bla…..


Y a Jesús… pues le mandaré una felicitación por Facebook, que es lo que se lleva ahora…

Feliz Navidad....