lunes, 27 de mayo de 2013

LA LLAVE

Ya lo decía Dalai Lama: “Casi todas las cosas buena que suceden en el mundo nacen de una actitud de aprecio por los demás”.

Siempre he dicho que el motor que hace que se pongan en funcionamiento todos los mecanismos para que las cosas sucedan y para que los sueños se cumplan es la motivación. Si andamos motivados analizaremos nuestra forma de escalar, nuestros errores en la roca, descubriremos nuestras carencias, entrenaremos nuestras debilidades, iremos al roco a machacarnos e incluso disfrutaremos del proceso, de la progresión y, obviamente, de los resultados. Una persona con condiciones llegará lejos, pero una persona motivada no tendrá límites.

Pero si el motor es la motivación, la llave que acciona ese motor es la actitud. No nos engañemos. La actitud es la que hace que esa motivación se produzca y se desarrolle, es la que hace que arranque ese motor; y de nosotros depende girar la llave hacia un lado u otro.

Mira a tu alrededor y compruébalo tú mismo. Obsérvate. Tienes la llave. Pero,  ¿hacia dónde estás dispuesto a girarla?

¿Te has fijado en la gente motivada?

Pongamos un ejemplo de alguien motivado con una actividad determinada. ¿Se os ocurre alguien? Por ejemplo un escalador famoso, ¿ok?

Si nos fijamos, puede ser que esa persona tenga más o menos cualidades innatas. Supongamos que la persona de la que hablamos ha encadenado recientemente la vía más dura del planeta o que ha quedado en primer lugar en el campeonato del mundo de escalada. Seguramente, si analizamos su físico, para llegar a esos niveles, esa persona cuente con unas cualidades físicas innatas. De acuerdo, pero mira que hay detrás de esos resultados.

Si nos fijamos, por ejemplo, en Adam Ondra. ¿Qué creéis que hay detrás de un resultado como encadenar la vía más dura del mundo? Puede que en los noticiarios den bombo a que un jovencito de apena veinte años, imberbe todo él, ha logrado encadenar una vía cotada de 9b+. Claro. Pero, ¿y detrás?

Detrás horas de duros entrenamientos, miles de kilómetros de carretera, noches gélidas durmiendo en un saco de dormir, un pegue, otro pegue, otro pegue… Dejar la vía, volver a casa y seguir entrenando. Duros entrenamientos y de nuevo miles de kilómetros para volver a intentarlo. Dormir en un saco de dormir en una gélida noche y un pegue, y otro pegue y otro pegue….

La motivación es sin duda el motor. Sin motivación Adam no hubiera vuelto a intentarlo, hubiera renunciado.

Pero la actitud….

La actitud es la llave que acciona ese motor. ¿Crees acaso que la motivación viene, o va, como un ligero dolor de cabeza? No, en absoluto. La motivación nace de una actitud, y se mantiene gracias a ella. La actitud es la que nos hace ser como somos, la que hace que nuestros objetivos y metas estén presentes para que así el motor funcione y podamos llegar donde queremos.

Queremos viajar mil kilómetros por carretera para escalar en ese maravilloso cañón verdad? Tenemos un coche estupendo con asientos de cuero muy confortables. Pero necesitamos que el motor esté en condiciones para que podamos recorrer ese largo camino. Si es así, no importa cuántos baches tenga la carretera, pues disfrutaremos del camino porque el coche es genial. ¡Es un pedazo de coche, amigo! 
Asientos de cuero, equipo de música última generación, GPS, minibar, minigolf, minibulder, TODO lo que tú quieras que tenga!!! Pero necesitamos que el motor funcione. Y no solo eso!! Eso es fácil. Lo más difícil es que necesitamos que el motor aguante todo el recorrido. Una vez sepamos el destino y qué motor le vamos a poner a esa maquinaria solo nos queda dar el paso. Accionar la llave. Para qué lado le vas a dar tú?

El coche eres tú amigo

El motor es tu motivación

Y la llave es tu actitud

No lo olvides…!!



domingo, 12 de mayo de 2013

EL SENTIDO DE ENCADENAR....

 El impresionante muro de La Muela desde el aparcamiento.


En esas horas muertas del descanso necesario entre pegues, bajo una gran muralla de roca, sentados sobre una polvorienta piedra, conversamos. A veces reímos y, otras en cambio, nuestras charlas se vuelven un tanto más serias. Ayer hubo de todo. Los temas se suceden unos a otros, se solapan, se pisan. No existe ningún guión preestablecido y eso creo que nos gusta porque nos hace sentir cómodos, sin tener la obligación de llegar al fondo de ninguna cuestión. No debemos, ni queremos, ni nos apetece arreglar el mundo. Solo somos escaladores descansando antes de dar un pegue a una vía dura. Solo damos nuestra opinión, y en muchos casos ésta está perjudicada por un cerebro que no rinde bien después de una fatigosa escalada de cuarenta metros.

De entre tantos temas sin sentido de los que hablamos hay uno que me hace pensar especialmente; por no tener eso mismo, sentido.

“Los conquistadores de lo inútil” como diría Lionel Terray. El sentido de subirse por una pared de 35 metros desplomada, sufriendo, desgastando el físico, luchando contra la gravedad al mismo tiempo que contra los pensamientos. El sentido de intentar subirte una y otra vez por esos metros de roca. Y hacerlo sin caer, hasta llegar a la cadena. Y una vez lo consigue qué ocurre?

- Nada.

-¿Nada?

- Nada.

Nada ocurre más que lo que tú quieras que ocurra.  Las cosas tienen el sentido que nosotros queramos darle. De hecho, creo, que si hay una cosa por lo que este fin de semana haya sido especial ha sido por esa hora mágica que tardé en encadenar mi vía más dura hasta el momento…

Hasta el momento…

Después de dos días de reposo me siento algo nervioso. Creo que ese nervio, en su justa proporción y medida,  es necesario para llevar esa chispa de motivación para encadenar algo que te resulta realmente duro. Ese nervio es lo que te da el empujón en ese bloqueo extremo. Si no tienes ese nervio no podrás sacar todo lo que llevas dentro, no tendrás esa chispa de energía y caerás. En cambio, si el nervio es excesivo te precipitarás, no respirarás bien y no podrás controlar esa invasión de pensamientos que te bombardearán durante esa hora que dura ese definitivo intento y caerás.

El último día que probé la vía pude hacer el movimiento más duro pero no terminé de agarrar bien esa ínfima regleta vertical y caí. Mi amigo Enri siempre dice que hay que sacar algo positivo de cada pegue. En el primero del día noto que no voy caliente, vuelvo a coger esa regleta pero, como la última vez, no del todo bien y  caigo. Normalmente los segundos pegues son mejores porque me siento bien caliente, siento mis músculos relajados y fogosos al mismo tiempo, y eso me gusta. Debo concentrarme; pero no en coger la regleta, sino en que el bloqueo del bidedo  anterior a la regleta sea lo suficientemente bueno para que me permita coger bien ésta. Esa es la clave.

En días anteriores he podido hacer varias veces la vía con una sola caída. Después de caer en el crux resolvía el paso y llegaba hasta la cadena. Pero siempre haciendo un derroche enérgico excesivo. Ahora me sentía fuerte para resolver la secuencia dura entera. Pero, ¿y el resto?

“Vale Jose, si eres capaz de resolver el crux entero te vas a quedar muy muy tostado. ¿Cómo vas a encadenar la vía si siempre que la hacías con una caída llegabas a la cadena con ganas de echar la primera papilla?”

Ese argumento se me repetía una y otra vez mientras aseguraba a Nina en su proyecto.

“Joder tío, deja de pensar, escala, dalo todo, disfruta, escala. Para esto estás aquí. Haz lo que tantas veces haces en tu mente cuando cierras los ojos cada noche. Coge ese bidedo, gira la muñeca, clava el pie derecho y bloquea, bloquea a muerte. Bloquea tanto como sea necesario para coger esa mierda de regleta vertical. Mete el dedo gordo, mueve pies y estírate hasta la siguiente regleta”.

¡Hecho! ¡Lo he hecho!! Y, ¿ahora qué?

“Ahora escala Jose, sufre, dalo todo… Ahora no se trata de estar fuerte, ahora se trata de creer, de querer, de esperar, de estar ahí, en el reposo, respirando, disfrutando, sintiendo la roca, cogiendo magnesio. Se trata de notar como las pulsaciones bajan y los brazos recuperan. Se trata de sentir la brisa generosa que mece las dos cintas que te quedan hasta la gloria. Se trata de estar ahí, presente. Respira, disfruta, saborea el momento. Escala Jose, escala lo mejor que puedas…”

Hechizao 8a+/b

Imponente la linea de "Hechizado, 8a+/b"

Para mí tiene sentido. Se lo doy cada vez que cierro los ojos y recuerdo como ese paso no me salía ni habiendo descansado un rato antes de intentarlo; cada vez que recuerdo esas primeras veces que no podía intentar la parte de arriba porque no podía hacer ese movimiento; cada vez que cierro los ojos y recuerdo que una vez que pude hacer el movimiento creí que encadenarlo, desde abajo, sería algo muy muy duro y difícil. Para mí sí tiene sentido porque hace un par de semanas lo veía improbable, por no decir imposible (because impossible is nothing) y ayer pude hacerlo.

El sentido se lo doy por el reto. No porque haya conquistado nada, ni mucho menos, sino porque he puesto en práctica y he movilizado todos mis recursos para poder conseguir algo que me motivaba. La motivación es el motor que hace que las cosas sucedan y los sueños se hagan realidad. Y así ocurre con todo en la vida. Como dice Javi “yo voy a seguir apretando hasta que no pueda más”. O, por lo menos, mientras le vaya viendo el sentido…

" Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto. " Will Smith

Hu Ha….


jueves, 9 de mayo de 2013

EL GESTO...


En el crux de Hechizado 8a+/b

Estoy yendo un día sí y otro no a La Muela. Básicamente mi jornada de escalada comienza a eso de las nueve de la mañana, cuando me preparo un "desayuno" compuesto por pan de centeno, tomate, queso fresco, miel, espinacas y mermelada. El "desayuno" lo patentamos Ana y yo en El Chorro, y hoy se ha convertido en algo "imprescindible" en los días de escalada. Todo preparado en el viejo Golf y rumbo a La Muela con mi fiel perrita Luna en el maletero. Me encanta ese viaje a La Muela; el paisaje, ese cielo azul que cada mañana me acompaña en el camino; el cambio de paisaje es fascinante: de la llana Bahía gaditana a la campiña jerezana;  posteriormente, las suaves lomas de la campiña dan paso a las moles calcáreas de la sierra. Todo un espectáculo de luz y de color. Por último atravesar el pequeño pueblo de La Muela y ver a sus vecinos, los cuales parecen vivir en un mundo diferente del que vengo,  me hace reflexionar: pienso en qué hay de cierto en todas esas “necesidades” de las que somos esclavos día tras día, en esas necesidades de carácter impuesto, de las que ya ni tan siquiera nos damos cuenta. En esta pequeña villa todo sucede de una forma diferente, como más pausada. Yo diría que más puro y menos artificial; más real.

No puedo evitar que durante gran parte del recorrido mi mente divague a sus anchas por cada movimiento de esa vía que, en estos instantes, forma parte de mí. Cuando eso ocurre mis manos comienzan a sudar e incluso se me llega a acelerar el pulso. En mi cabeza veo ese movimiento, me veo haciéndolo, e incluso puedo llegar a sentir el tacto de la roca y el cansancio de mis músculos.

Una vez alguien me dijo que “la verdadera escalada es la escalada a vista”. No sé yo. Quizás afirmar esto sería como decir que las tías que están buenas son las rubias; cuando Megan Fox es morena. Quizás ese alguien tuviera poca memoria para recordar movimientos, quizás tuviera poca fuerza de voluntad para volver a intentarlo, quizás quería menospreciar un tipo de escalada que a mí me parece increíble…

Hechizado: L1 7c – L1 + L2 8a+/b

El primer largo lo hice hace varios años. Por supuesto que tuve que darle varios pegues porque había un paso arriba que no me salía. Recuerdo que era verano. Salía con mi amigo Varo desde Puerto Real por las tardes, después del trabajo. Llegábamos a La Muela a eso de las 16:30h. Calentábamos en la misma vía, ya que a esa hora todas las vías donde podíamos calentar estaban al sol. Un pegue para calentar y dos pegues a muerte cada uno. Resultado: A las 22 estábamos en casa reventados, sin piel en las manos y con ganas de volver a intentarlo. Una vez que nuestro cuerpo se adaptó a los movimientos de la vía el encadene de ambos no tardó en llegar.

El año pasado hice el intento de probar la segunda parte. Dos chapas después de la reunión del primer largo empieza realmente la vía. Una sección a bloque que tardé mucho tiempo en comprender. No fue hasta hace una semana cuando pude resolver el movimiento de forma aislada. Joder, me pareció francamente duro. Pensé en la dificultad de realizar el movimiento después de 25 metros de desplome y chorreras. Inhumano!!! Pero la vía no acaba con esa secuencia a bloque. Luego unos metros de resistencia sobre chorreras y pies romos. Toda una odisea.

Pero ayer ocurrió algo. Algo que me hizo recordar por qué me gusta este tipo de escalada que alguien un día menospreció. Ayer puede hacer por fin el bloque encadenando. Pude enlazar ese paso realmente difícil, y que no podía realizar hace varias semanas, con los 25 metros de escalada que llevaba “a cuesta” en mis antebrazos. Magia?  No. Fue “El Gesto”

Está claro que el resultado de ensayar una vía se traduce en una asimilación de cada movimiento de la ruta. Poco a poco tu cuerpo se va haciendo más fuerte para cada uno de los movimientos. Éstos cada vez cuestan menos. Pegue a pegue mejoras, corriges, aprendes. Es todo un trabajo mental y físico en el que ser constante es un requisito imprescindible.

Pero, “El Gesto”?

No sabría explicarlo. A la sección dura hay que llegar fuerte, con oxígeno en los antebrazos, con energía y motivado. Pero no solo eso era necesario para hacer el movimiento. “El Gesto”. El gesto que aprendió mi cuerpo ayer es el que hizo posible que agarrara esa pequeña regleta, ese movimiento imposible de enlazar hace pocos días. No sabría explicar cómo, pero hasta tres veces conseguí ejecutarlo. Claro que caí dos segundos después….

No sé yo si este tipo de escalada es el bueno o no, pero me encanta. Y estoy deseando volver a intentarlo, volver a darlo todo, volver a esa sección de bloque y realizar de nuevo ese gesto…

Hu Ha….