domingo, 10 de marzo de 2013

EL CAMINO...



  Como casi todos los años por estas fechas, con las lluvias tardías de finales de invierno, sentimos cómo la desesperación se apodera de nuestras mentes motivadas al ver cada fin de semana la predicción meteorológica. Un año más se mojan los proyectos, se empapan las ilusiones y se tuercen los objetivos. Y qué hacemos nosotros mientras tanto?

  Pasar el tiempo machacándonos en el plafón no parece ser suficiente.  Demasiado tiempo libre todavía. Entonces podemos caer en la trampa de divagar por la red en busca de algo que ocupe nuestras horas marchitas de roca y encadenes. Y digo trampa porque en Facebook tengo alrededor de cuatrocientos “amigos” y la mayoría de ellos fanáticos de la roca, escaladores presos de un estilo de vida que pocos entienden. Entonces Enri pone un video donde el sr. Ondra habla sobre la escalada y de qué cosas, dentro  del estilo de vida que escogió, son las más importantes para él.

  Quizás mucha gente puede quedarse asombrada al oír de boca del escalador más fuerte del planeta que lo más importante para él no son los objetivos, sino la progresión; yo no. Quizás mucha gente pueda quedarse asombrada al oír que para él una de las cosas más importante de todo este embrollo vertical no son los objetivos ni el grado, sino el compartir con los amigos esos buenos momentos; yo no. Y yo no porque llevo el suficiente tiempo escalando para comprender de qué va esto y de cómo funcionan las cosas.

  Quien no prioriza con la progresión, quien no prioriza con el vivir y sentir dentro de sí mismo eso que hace nunca podrá experimentar la magia de aquello que acomete. Lo podemos enfocar con la escalada y con cualquier otro ámbito de la vida. Si no disfrutas del camino el objetivo pasa a ser mierda pura. Porque la verdad es que cuando llegas a la cadena de cualquier vía, por muy dura que sea, por mucho esfuerzo que te haya costado, allí arriba no hay nada. Cómo mucho unos pequeños eslabones de acero entrelazados que te indican que ese es el final de la vía. A veces incluso me ha llegado a producir un sentimiento triste encadenar un duro proyecto porque eso significaba que ya no había más camino que recorrer, que la carretera acababa ahí y que ahora debía caminar en otra dirección. Ondra es Ondra por genética quizás, por cualidades físicas extraordinarias. Pero Ondra es Ondra porque ha sabido apreciar y comprender dónde radica el verdadero valor de una actividad que nos ocupa tanto tiempo.

  Salgo de Cádiz a las 9 de la mañana dirección a La Muela. Unos 25 km antes de llegar existe una venta llamada “4 Mojones” donde a partir de ahí hasta La Muela el camino que queda es común para la gente que va tanto desde Cádiz como de Sevilla. Ahí he quedado con Enri a las 10 de la mañana. A eso de las 10:15 me doy cuenta de que hace rato debí pasarme la venta ya que estoy llegando a La Muela. Llamo a Enri y le cuento mi... pájara. Él lo entiende porque él sabe lo que implica conducir solo en un coche con la música del encadene sonando de fondo en tu mente.

  Nos encontramos bajo ese muro solemne. Los dos solos bajo el eco de las chovas que deambulan de un lado a otro de las insinuantes formaciones calcáreas de la roca. Él desde Sevilla yo desde Cádiz. Hora y media de trayecto cada uno, más el dinero de la gasolina y de las tortitas de arroz sosas que se supone debemos comer para ...“estar a la altura”.

  Calentamos en las vías de siempre, reímos y contamos mentiras como siempre; inventamos más mentiras para poder seguir riendo como hasta ahora. Mientras tanto damos algún pegue a esa vía que veíamos imposible hace unas semanas pero que hoy hace que perdamos la noción del tiempo y nos pasemos el punto de encuentro que nos evitará gastar gasolina en exceso. Enri  llega al último agarre de la vía, pasa la cuerda por una de las dos cintas que tiene la reunión y cuando la va a pasar por la otra sus fuerzas le fallan y tiene que soltar la cuerda y volver a agarrarse a la roca. Yo le grito desde abajo. Le digo que ya está, que se suelte, que ya ha encadenado, que no tiene que hacer nada más. Pero él insiste en pasar la cuerda por la otra cinta también porque dice que es la más corta y  es la que cuenta. Yo no me lo puedo creer!! Al final está tan exhausto que cae. Dice que no la ha encadenado. Yo en aquel momento no lo entendí. Ahora sí.
Es el camino verdad Enri??

  Te asustaste cuando llegaste a la cadena y descubriste que allí no había nada, verdad?? Te gustaba tanto recorrer ese camino que te dio miedo en aquel momento; no es así??

Luego se te pasó, y volvimos a los dos días y la volviste a encadena. Esta vez te quedaste sin excusa y no tuviste más remedio que aceptar la victoria y comenzar a tantear otras opciones. Qué buenos momentos bajo ese desplome verdad amigo?

  Ahora escribo estas líneas desde una oscura habitación, al amparo de un flexo que ilumine el teclado en este oscuro día, ya que la luz que entra por la ventana es tal débil que hace que sin la ayuda de luz artificial sea muy difícil teclear con precisión. La música de fondo cambia constantemente. Ahora es el viento, ahora son las gotas de agua incesantes e inagotables sobre el suelo. Llueve sobre mojado mientras  intento recomponer el jeroglífico de caminos olvidados de mi mente. He de encontrar un camino que me lleve hacia una nueva cadena. Y si de algo estoy seguro es de que me muero por andarlo…..

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