domingo, 31 de marzo de 2013

GAT FRICCION


Terminó la Semana Santa y con ello concluye otro periodo de roca y escalada, otro periodo de estar en contacto con la naturaleza. Este año el tiempo nos ha dado tregua, aunque a punto ha estado de no hacerlo. Ha sido un tanto estresante estar cada tarde pendiente de una predicción meteorológica tan imprecisa como inestable.  Hemos tenido de todo por el sur de la península en estos días festivos. Ha habido días de sol, días de lluvia y días de viento; y cada uno de estos factores climáticos conjugados con los otros dos. En definitiva hemos tenido que andar jugando con el plumas y la camiseta de tirante, con los guantes y con las chanclas, con el cacao para no quemarnos los labios por el frío y con la crema solar para no achicharrarnos la espalda mientras aseguramos en una de esas interminables vías de El Chorro.

Ana Ruano escalando en el sector  Poema De Roca, ElChorro

La intención original pasaba por huir del mal tiempo. La zona que más nos llamaba la atención fue el este de la península y allí la predicción era bastante buena. Al final contratiempos diversos hicieron que anduviéramos por una de nuestras zonas favoritas, El Chorro.

No voy a dar la brasa de nuevo contando por qué pienso que El Chorro es una de las mejores zonas de escalada deportiva de Europa con total seguridad. Solo decir que, una vez más, nos hemos sentido como en casa, hemos vuelto a integrarnos en un ambiente excepcional y hemos encadenado algunas líneas increíbles. Todo ello rodeado de la mejor compañía. No fue Chulilla ni la roca levantina, pero contábamos con la premisa de que El Chorro, nunca defrauda…

Así que contento porque hoy me encuentro francamente cansado. Lo noto en las piernas, en las manos y en los brazos. Noto ese cansancio que aparece cuando la mente da por concluido un periodo de actividad física. Ahora nuestro cerebro informa al cuerpo de que la escalada concluyó y éste se viene abajo obedeciendo fielmente al motor organizativo de nuestro cuerpo.

Probando el modelo "Divino" en las chorreras de El Chorro

En estos días también he tenido el placer de probar unos nuevos modelos de pies de gatos que han salido recientemente al mercado. GAT FRICCION es una marca española de pies de gatos. De la cultura zapatera de la región levantina aparecen estos modelos de pies de gato artesanos que me han sorprendido de una manera satisfactoria en cuanto a las dos  principales características que requiero de un pie de gato: Comodidad y precisión. En muy poco tiempo el calzado se adapta al pie y, gracias a una goma de calidad, a su vez muestra una adherencia espectacular. Yo he probado dos modelos: Curiosity  y Divino. Del primero me ha sorprendido su precisión y del segundo su comodidad. Sin duda, en un tiempo de cambios, en un tiempo donde tenemos que apostar por los productos nacionales, los de casa, aparece Gat Friccion haciéndonos más fácil la elección.

Podéis ver todos los modelos en la web www.gat-friccion.com

Buenas escaladas!!!

viernes, 22 de marzo de 2013

EVOLUCIÓN



Al conjunto de transformaciones o cambios que se han producido a través del tiempo y que han originado la diversidad que existe hoy en día es a lo que se le llama EVOLUCIÓN.

En la evolución está el crecimiento, el desarrollo, la adaptación y  la mejora de cualquier circunstancia que nos rodea. La evolución es el pensamiento que nos permite abrir nuevos campos en nuestra mente. Esto es, bajo mi punto de vista, la máxima expresión en cuanto a evolución que podemos experimentar y vivir en nuestros días.

Evolucionar nuestro pensamiento consiste en romper con los candados que aferran nuestra mente a un ideal impuesto, consciente o inconscientemente, por una sociedad, por una educación o, en cualquier caso, por unas circunstancias determinadas.

Evolución está sujeto a un cambio, pero un cambio para mejorar algo. Ese cambio, esa mejoría, no significa otra cosa que darle una oportunidad al progreso y a quienes interaccionan con él.

Lucy era un simio que se desplazaba por la sabana etíope hace más de tres millones de año. Su morfología cuadrúpeda hacía que no pudiera ver más allá de las plantas que tenía delante suya.  En un momento de lucidez, Lucy, se levantó sobre sus patas traseras y descubrió que, de esa forma, tenía una visión diferente y más amplia del camino que debía seguir, ya que las plantas que se encontraban en su camino eran un poco más altas que su tamaño cuadrúpedo.  Desde entonces Lucy caminaba a cuatro patas y, de vez en cuando, se iba levantando sobre sus patas traseras para comprobar la ruta. Más tarde, hasta incluso se atrevió a dar algún paso en su forma bípeda, algo que le incomodaba demasiado. Así, de esta forma que acabo de contar, de esta forma tan poco científica, todo hay que decirlo, es como la especie pudo evolucionar  a una forma de caminar bípeda. En un principio los descendientes de Lucy tuvieron problemas e incomodidades en esa nueva forma de moverse y desplazarse, pero, al final, la especie acabó mejorando.

Y todo este rollo es para deciros que no nos aferremos al cambio, a toda posible evolución. No nos aferremos a la zona de confort, a lo conocido, a aquello que no nos haga realizar ningún esfuerzo, porque de esa forma le estaremos cerrando las puertas a la evolución.

Somos gente que practicamos la montaña y la escalada, que subimos cumbres y escalamos vías; y nos gusta que sean difíciles y supongan para nosotros un reto, más allá de lo que la gente diga o lo que la gente piense sobre nuestro objetivo.  Cuando queremos ir a los Alpes a subir una montaña es porque allí encontraremos algo diferente de lo que tenemos aquí. Quizás más bello, quizás más difícil y, seguramente, ese objetivo, alcanzar esa meta, represente un esfuerzo mayor que quedarnos en casa haciendo lo de siempre. Porque lo de siempre no nos hace vibrar y lo que es peor, no nos hace progresar ni evolucionar.

Personalmente me gusta escalar paredes. Quién no dijo alguna vez aquello de disfrutaba de la misma forma escalando una vía de sexto grado que escalando una de octavo grado? Pues yo no, la verdad. Disfruto escalando una línea bonita de escasa dificultad, de sus movimientos, de su diversidad de agarres, de su recorrido. Me gusta escalar una vía de sexto grado si su recorrido es bonito y su entorno bello.  Pero no me hace vibrar. Me gusta toda forma de escalar, en cualquier circunstancia. Ya sea una vía de sexto grado o un bulder en el rocódromo. Pero no me hace vibrar. Lo que me hace vibrar y lo que hace que me suden las manos con tan solo pensar en ello es cuando siento dentro de mí que es posible subirme por esa vía desplomada de cuarenta metros que hace poco tiempo veía imposible. Eso es lo que me hace vibrar de la escalada y de la vida.

Que los que llevamos años en este mundo de la escalada pongamos facilidades para que otros puedan conocer, aprender y  practicar un deporte como la escalada yo lo veo como un sinónimo de evolución, de progreso y de mejora. Llevar más allá nuestras posibilidades, nuestras capacidades y nuestras ilusiones. Nuevos escaladores forman una mayor estructura base para un deporte bastante nuevo que tiene que darse a conocer. Nuevos escaladores significa nuevos compañeros de cordada, nuevos compañeros de entreno, gente de la que aprender, gente a la que enseñar pero sobre todo nuevas vivencias. Todo esto, sin duda, compensará el que un jueves, de vez en cuando, haya mucha gente en un rocódromo.

 No conformarnos, no cerrarnos a una forma de pensar cómoda por el simple hecho de no salir de nuestra zona de confort. El miedo a lo desconocido es lo que nos hace quedarnos estancado en el pasado. No podemos cerrarnos las puertas a la evolución ni, por supuesto, cerrar puertas a aquellos que quieran disfrutar de este deporte que tanto amamos.

Quieres escalar una vía de octavo grado? Pruébala! Métete en ella!! Inténtalo!! 

En estos últimos meses he vivido y experimentado la cara más amarga de este deporte. Relativamente cerca de casa tengo dos rocódromos, ambos pertenecientes a dos clubes de montaña, y eso es lo triste. Si fueran clubes de fútbol lo entendería e incluso no perdería el tiempo escribiendo este largo post, pero de montaña….

En uno de ellos, el de Cádiz, Club Rupícolas de la Bahía, no dejan entrenar, ni tan siquiera probar las instalaciones, a nadie que no esté federado. Incluso aunque esa persona firme un documento en el que exime al club de cualquier responsabilidad en caso de accidente. En caso de apuntarte al club y pagar sus cuotas (inscripción y mensualidad) puedes hacer uso de las instalaciones aun sin estar federado. Si a esto le sumamos que hace poco celebraron una competición donde participaron niños y gente que seguro no estaban federadas mi pregunta es…

En el otro Club, Club de Montaña de Chiclana, del que soy socio y donde normalmente entreno, tienen un periodo de inscripción de un mes, el de enero. Después de ese periodo nadie puede incorporarse al club, nadie ajeno al club puede utilizar las instalaciones, ni estando federado, ni pagando, nada. No hay opciones.
Quizás la “urbanización”  a la que está siendo la montaña por las nuevas generaciones no le esté viniendo nada bien a la escalada. Para muchos un deporte, para mí una forma de vida.

jueves, 14 de marzo de 2013

IMPOSSIBLE IS NOTHING...


Las gotas de rocío comenzaron a deslizarse por el cristal de mi ventana a medida que el sol asomaba por encima de la valla que rodea mi casa. Eran poco más de las 7 de la mañana y ya tenía la certeza de que iba a ser un bello día, con un radiante cielo azul.

A la gente del sur especialmente nos hace falta la luz del sol. Como si realizáramos nuestra propia fotosíntesis, en busca de la energía necesaria para poder realizar nuestras funciones vitales. Y no es que cuando estamos carentes de luz solar muramos, pero nuestro organismo se resiente…y tanto.
No solo es el aspecto físico. Es más, me atrevería a decir que es nuestro lado mental el que sale más perjudicado  en estos periodos de abstinencia solar. El ánimo, la gracia, las ganas, la motivación, la alegría… todo se viene abajo y se ralentiza para economizar nuestra reserva solar en espera de que nuestra maquinaria vuelva a ponerse en carga.

Pero ya está, Cargando!

Parece hasta que el aire entre mejor en los pulmones y recorra vigoroso todo nuestro cuerpo llenando de oxígeno nuestra mente para poder ver las cosas de otra manera. Y esto, en alguien como yo, a qué conlleva?

Pues a que cierro los ojos, inspiro ese oxígeno del que hablaba y me veo en un muro desplomado de roca caliza, con el único sonido de mi respiración de fondo y nada más en mi mente que la secuencia correcta de unos movimientos imposibles, pero que en mi cabeza salen a la perfección, como la sutil coreografía de la profesora de ballet que ha ensayado la obra una y mil veces para enseñarle a sus alumnos el movimiento perfecto.

Esta resurrección de nuestro querido sol ha llenado de serotonina una mente, la mía, la cual lleva un tiempo cargándose de esta sustancia que tanto interfiere en nuestro carácter.

Tan solo llevamos tres de los doce meses de un año en que para mí se está convirtiendo en el año de los grandes cambios, de las grandes decisiones y de los grandes proyectos. Hoy mismo, sin ir más lejos, he escuchado una frase de Ellen Johnson que decía: “Si tus sueños no te dan miedo, es que no son lo suficientemente  grandes”. Y cuánta razón tiene! Yo estoy cagado. Por hora todas las decisiones que he tomado han sido para mí lo suficientemente grande para tenerme acojonado una gran parte del día. Pero como dije el otro día, lo importante no es la meta, lo importante no es el objetivo, lo importante es el camino y pienso disfrutar de él.

El hecho de dejar de fumar ha sido una de las decisiones más importantes de mi vida, sin duda. Estoy convencido de esa decisión y motivado en seguir con firmeza con una forma de pensar tan buena que ha hecho que pudiera tener el valor de repudiar ese veneno y ese monstruo que es la nicotina. Pero siempre acechan oscuras sombras, con sus voces que te hacen dudar. Sé que seré tenaz en esta lucha, pero sí que dio miedo; y mucho.

Y el miedo de tomar la decisión de estudiar ahora?  Ahora!!  Eso sí que acojona. No sé si mi atrofiada mente treintañera aguantará l tirón, no sé si estoy preparado para estudiar psicología, ni tampoco si el mundo está preparado para que yo estudie psicología. Me da miedo esta decisión; por mí y por aquellos que harán que pueda intentarlo.

Así que, ya puestos, por qué no? Ya que los sueños “tienen” que dar miedo he decidido seguir soñando y seguir acojonado. Así que voy a soñar en la vía más dura, en el proyecto más duro. Voy a pensar en un número y en una letra y voy a intentar llegar hasta ese número y esa letra. Lo voy a intentar siendo consciente que, como en todos los retos, como en todos los sueños, hay algo de imposible y mucho de posible en ellos. Lo voy a intentar sabiendo que para llegar hasta ahí hay que firmar dos clausulas en un contrato contigo mismo: Disfrutar del camino y ser más fuerte que mis propias excusas.

Audrey Hepburn lo decía en una divertida frase. Jugando con las palabras en inglés.

“Impossible is nothing; the Word itself says: I´m posible”





lunes, 11 de marzo de 2013

COMO DECÍA EL MAESTRO....


Dominadas, abdominales, dictado en el panel, suspensiones en regletas, bloques…

Entrenar es sacrificado. Puede ser; aunque, a decir verdad, últimamente no lo veo tan claro. Yo creo que como todo en la vida, va a depender de cómo lo percibamos. Como enseñemos a nuestra mente a escoger un camino de enfocar las cosas u otro. Por esa razón pienso que somos capaces de disfrutar de un entrenamiento, sobrellevar una ruptura amorosa, o pasar un día de viento y lluvia como estos últimos días con una sonrisa en la cara.

Pues en estas dos últimas semanas, quizás por supervivencia motivacional  debido a la ausencia de roca y a la presencia de lluvias y vientos huracanados,  estoy disfrutando de mi entrenamiento.  Me encanta ese momento en el que me levanto de mi cómodo sillón de estudiante maduro con canas en la barba, cierro la pantalla del ordenador y preparo la mochila. Botella de agua, gatos, magnesio, cepillo para limpiar las presas, esparadrapo, mp4, altavoces, colchoneta aislante…  Creo que tengo todo lo necesario.

Mi entrenamiento no es planificado. Y  no porque no crea que un entrenamiento  planificado sea efectivo, al contrario. Pienso que el entrenamiento debe ser para sacarle el máximo rendimiento a la escalada, aunque también debe ser divertido. El truco es lo que decíamos al principio; enseñarle a nuestra mente a disfrutar de lo que hacemos. Así que, en realidad, mi entrenamiento no es planificado porque no tengo la menor idea de cómo planificármelo, así que entreno por instintos e intento disfrutar a la vez que enfoco mi escalada en mis puntos débiles, que son unos pocos.

Acabo de llegar del plafón. Las manos me hierven; tanto que tengo que poner todo el cariño del mundo al apoyar mis dedos sobre el teclado. Ha sido una sesión de las que sientes que darán su fruto. Buen calentamiento, buenos bloques y dictados de conti para acabar hasta que literalmente las manos se abrían solas. Escalar hasta la saciedad. Porque….estábamos saciados? Yo creo que sí, que por el momento sí. Pero sabemos de las semejanzas de la escalada con algunas sustancias tóxicas prohibidas en nuestro país. Escalar perjudica gravemente su salud y la de los que le rodean??? No creo que sea para tanto, porque a los demás no creo que les perjudique. Joder espero que no lleguen a prohibirlo eh?  Porque si escalar cuesta, imagínate hacerlo a escondidas!!! Trapicheando con los gatos? Y con el magnesio?? Uff, con el magnesio sería un tema…

En fin, que entrenar es lo más parecido a escalar en roca que se puede hacer estos días y es algo genial también, porque el movimiento es el movimiento  y apretar, hemos apretado de igual forma.
Y como decía el maestro Gullich. Lo más difícil del entrenamiento es tomar la decisión de entrenar…. Así era Gullich…..

Y si eso no lo dijo él lo dijo otro motivado de la vida….

Hú Há

domingo, 10 de marzo de 2013

EL CAMINO...



  Como casi todos los años por estas fechas, con las lluvias tardías de finales de invierno, sentimos cómo la desesperación se apodera de nuestras mentes motivadas al ver cada fin de semana la predicción meteorológica. Un año más se mojan los proyectos, se empapan las ilusiones y se tuercen los objetivos. Y qué hacemos nosotros mientras tanto?

  Pasar el tiempo machacándonos en el plafón no parece ser suficiente.  Demasiado tiempo libre todavía. Entonces podemos caer en la trampa de divagar por la red en busca de algo que ocupe nuestras horas marchitas de roca y encadenes. Y digo trampa porque en Facebook tengo alrededor de cuatrocientos “amigos” y la mayoría de ellos fanáticos de la roca, escaladores presos de un estilo de vida que pocos entienden. Entonces Enri pone un video donde el sr. Ondra habla sobre la escalada y de qué cosas, dentro  del estilo de vida que escogió, son las más importantes para él.

  Quizás mucha gente puede quedarse asombrada al oír de boca del escalador más fuerte del planeta que lo más importante para él no son los objetivos, sino la progresión; yo no. Quizás mucha gente pueda quedarse asombrada al oír que para él una de las cosas más importante de todo este embrollo vertical no son los objetivos ni el grado, sino el compartir con los amigos esos buenos momentos; yo no. Y yo no porque llevo el suficiente tiempo escalando para comprender de qué va esto y de cómo funcionan las cosas.

  Quien no prioriza con la progresión, quien no prioriza con el vivir y sentir dentro de sí mismo eso que hace nunca podrá experimentar la magia de aquello que acomete. Lo podemos enfocar con la escalada y con cualquier otro ámbito de la vida. Si no disfrutas del camino el objetivo pasa a ser mierda pura. Porque la verdad es que cuando llegas a la cadena de cualquier vía, por muy dura que sea, por mucho esfuerzo que te haya costado, allí arriba no hay nada. Cómo mucho unos pequeños eslabones de acero entrelazados que te indican que ese es el final de la vía. A veces incluso me ha llegado a producir un sentimiento triste encadenar un duro proyecto porque eso significaba que ya no había más camino que recorrer, que la carretera acababa ahí y que ahora debía caminar en otra dirección. Ondra es Ondra por genética quizás, por cualidades físicas extraordinarias. Pero Ondra es Ondra porque ha sabido apreciar y comprender dónde radica el verdadero valor de una actividad que nos ocupa tanto tiempo.

  Salgo de Cádiz a las 9 de la mañana dirección a La Muela. Unos 25 km antes de llegar existe una venta llamada “4 Mojones” donde a partir de ahí hasta La Muela el camino que queda es común para la gente que va tanto desde Cádiz como de Sevilla. Ahí he quedado con Enri a las 10 de la mañana. A eso de las 10:15 me doy cuenta de que hace rato debí pasarme la venta ya que estoy llegando a La Muela. Llamo a Enri y le cuento mi... pájara. Él lo entiende porque él sabe lo que implica conducir solo en un coche con la música del encadene sonando de fondo en tu mente.

  Nos encontramos bajo ese muro solemne. Los dos solos bajo el eco de las chovas que deambulan de un lado a otro de las insinuantes formaciones calcáreas de la roca. Él desde Sevilla yo desde Cádiz. Hora y media de trayecto cada uno, más el dinero de la gasolina y de las tortitas de arroz sosas que se supone debemos comer para ...“estar a la altura”.

  Calentamos en las vías de siempre, reímos y contamos mentiras como siempre; inventamos más mentiras para poder seguir riendo como hasta ahora. Mientras tanto damos algún pegue a esa vía que veíamos imposible hace unas semanas pero que hoy hace que perdamos la noción del tiempo y nos pasemos el punto de encuentro que nos evitará gastar gasolina en exceso. Enri  llega al último agarre de la vía, pasa la cuerda por una de las dos cintas que tiene la reunión y cuando la va a pasar por la otra sus fuerzas le fallan y tiene que soltar la cuerda y volver a agarrarse a la roca. Yo le grito desde abajo. Le digo que ya está, que se suelte, que ya ha encadenado, que no tiene que hacer nada más. Pero él insiste en pasar la cuerda por la otra cinta también porque dice que es la más corta y  es la que cuenta. Yo no me lo puedo creer!! Al final está tan exhausto que cae. Dice que no la ha encadenado. Yo en aquel momento no lo entendí. Ahora sí.
Es el camino verdad Enri??

  Te asustaste cuando llegaste a la cadena y descubriste que allí no había nada, verdad?? Te gustaba tanto recorrer ese camino que te dio miedo en aquel momento; no es así??

Luego se te pasó, y volvimos a los dos días y la volviste a encadena. Esta vez te quedaste sin excusa y no tuviste más remedio que aceptar la victoria y comenzar a tantear otras opciones. Qué buenos momentos bajo ese desplome verdad amigo?

  Ahora escribo estas líneas desde una oscura habitación, al amparo de un flexo que ilumine el teclado en este oscuro día, ya que la luz que entra por la ventana es tal débil que hace que sin la ayuda de luz artificial sea muy difícil teclear con precisión. La música de fondo cambia constantemente. Ahora es el viento, ahora son las gotas de agua incesantes e inagotables sobre el suelo. Llueve sobre mojado mientras  intento recomponer el jeroglífico de caminos olvidados de mi mente. He de encontrar un camino que me lleve hacia una nueva cadena. Y si de algo estoy seguro es de que me muero por andarlo…..

jueves, 7 de marzo de 2013

HOY ME ESCAPO...


Hoy no tengo ganas de estudiar.

La sensación es parecida a esa que tienes cuando pasa un fin de semana, de esos de buen tiempo, y no vas a la roca. Una sensación de culpa que siempre va ligada a un cargo de conciencia excesivo. A decir verdad, no ocurre nada cuando no vas un día de sol espléndido a la roca. No pasa nada más allá de que no vas a disfrutar del sol, de la pared, de los amigos, del olor calizo que te invade y se apodera de ti en el reposo de esa vía que intentas una y otra vez. No pasa nada salvo eso; salvo el haber perdido la oportunidad de vivir otra experiencia más como a ti te gusta. Pero no por eso eres peor escalador, ni tus músculos se aflojan haciéndote volver a los principios de tus días de escalador. No pasa nada porque un día de sol espléndido no vayas a la roca. Simplemente no te apetece y tienes todo el derecho del mundo a actuar así.

Hoy, como cada mañana, sonó el despertador a las 6:45 am. Todo comenzó igual: El silencio era inquietante y lujurioso hasta que el silbido del  viento entre las ventanas lo convertía en algo tétrico y funesto. Luna tumbada a  mi lado, inmóvil, tranquila, con su alargada respiración, que en estos momentos se fusiona con la mía, me relaja. No hace excesivo frío, incluso he de destaparme y  tengo la sensación de que necesito una ducha. Todo comenzó igual que otros días salvo que hoy parecía que la gravedad tirara de mi tanto que fuera imposible levantarme de la cama hasta pasadas dos horas. Dos horas en las que no dormí, dos horas en las que solo ocurrió que mis pensamientos se separaron tanto de mi cuerpo que perdí la noción del tiempo.  Fueron dos horas geniales.

Creo que mi mente necesitaba unas vacaciones pagadas de forma urgente y viajó más allá del viento, de las nubes y de las lluvias que estos días azotan las ventanas de mi casa.

Mi mente divagaba...

Se dedicó a viajar por sectores soleados con paredes de roca tan altas que parecían acariciar el cielo. Estas paredes llenas de chorreras recorrían la totalidad de su longitud transportando vida, del mismo modo que las venas de nuestro cuerpo transportan nuestra vida alrededor de nosotros.  El piso verde, fresco y suave invitaba a descalzarse y a tumbarse sobre él para contemplar esa belleza y, ya de paso, imaginar las mejores escaladas por tan maravillosas líneas.

A ratos era consciente del viaje tan  gratuito como necesario que mi mente se había tomado la libertad de realizar en esta mustia mañana. Sabía de mi necesidad de volverme a sentar, como cada mañana, en ese escritorio, con la luz del flexo como único acompañante hasta que, tímidamente, la luz del día comenzara iluminar mis folios.


Pero hoy no quería realidades ni responsabilidades. Porque hoy era uno de esos días en los que tienes los antebrazos hinchados, la piel de los dedos muy desgastada y, aunque sabes que hoy deberías escalar porque el día es apropiado para ello, no tienes ganas y prefieres darte una tregua hasta que estés recuperado totalmente. 

Quizás esto sea tan metafórico que ni yo mismo entienda de qué  esté hablando. Quizás he perdido la noción de la realidad y tal vez no sepa si el día es gris o de un azul radiante. El caso es que vuelvo a sentir  esa melancolía infantil de tener la seguridad de que todo está controlado y nosotros estamos a salvo.

Quizás también hoy me he levantado más consciente y me ha dado tanto miedo que  he querido escapar por unas horas a un rincón seguro, donde nadie pueda hacerme daño. Lejos, bajo las paredes salpicadas de chorreras que hacen cosquillear al cielo, sobre la verde y fresca hierba, sintiendo el calor del sol de la primavera que se acerca, con un cielo azul radiante y ese olor tan característico a placidez.