martes, 1 de enero de 2013

ESPERANZA PARA UN NUEVO AÑO


2013… 

Parece que Los Mayas se equivocaron en su predicción, o, tan solo, erraron en fecha exacta. El caso es que hoy es uno de enero de 2013. Yo no sé vosotros, pero a mí me da la sensación de que nada ha cambiado. Ni El Mundo ha acabado, por ahora, ni noto ningún cambIo que vaticine un nuevo Mundo, como argumentan aquellos que, aún en los tiempos que corremos, tienen la esperanza de que “algo” sea diferente, de que algo resurja desde el interior de cada uno de nosotros y hagamos un Mundo mejor.

“La locura es hacer la misma cosa, de la misma manera, una y otra vez, esperando un resultado diferente” Albert Einstein 
.
El día en El Chorro amanece gris y calmado. Una ligera y suave llovizna que hace que por la ventanilla de la furgo corran lágrimas de lluvia. Las mismas que hacen que el paisaje se vea distorsionado a través de la ventana de mi confortable cama, mientras un grupo de jóvenes desfilan hacia sus tiendas de campaña. Van de recogida de lo que ha sido una larga noche de celebración; un año nuevo ha comenzado.  Llevo despierto algo más de dos horas y aún estoy en el interior de mi cálido edredón de plumas, mirando por la ventana y pensando si realmente “algo” haremos por cambiar las cosas. Pero esto de lo que hablo, ese cambio, no tiene nada que ver con políticos aprovechados, ni crisis económicas; tiene que ver con nosotros mismos, con nuestra perspectiva, con nuestra visión, con nuestro enfoque de las cosas.
.
En este año que se fue, he sido capaz de ver las cosas más bonitas y, a la vez, las más horribles del ser humano. He conocido a gente muy especial, gente que creí  no existiría, y, a la vez, me han llegado a decepcionar mucha otra gente a la que creí haber conocido. Esto ha sido lo verdaderamente formidable de este año que se fue. Creo que es con lo que me quedo de un año duro y difícil. Este ha sido mi aprendizaje. Conocerme un poquito a mí mismo y tener claro quién verdaderamente soy y quiénes son los que están ahí.

También, en este año que se va, creo que he llegado a ser mejor escalador. Y eso es una cuestión que, para mí, nada tiene que ver con el grado que pueda o no hacer. Recuerdo hace unos años, cuando lo “vi”. Fue una sensación que llevo un rato intentando poder describir en mi mente para expresarla con palabras, pero me es imposible. Solo lo sentí y mi forma de ver la escalada cambió. En este año que acaba de terminar ocurrió de nuevo, lo volví a experimentar, lo volví a ver, a sentir.

Si desde hace ya algunos años dije, en multitud de ocasiones, que la escalada es lo mejor que me ocurrió jamás, hoy puedo confirmarlo y ratificarlo. Es la forma de vida que elijo y espero que eso no le pese a nadie.
Me encanta esa sensación del último día del año escalando. Nos despertamos a las 8 de la mañana y nos pegamos un desayuno a base de zumo de naranja con polen granulado, pan de avena y centeno con queso fresco, tomate, miel y espinacas. Después del desayuno y de preparar el material de escalada tomamos rumbo al Maki. El Maki es un sector de escalada de El Chorro. Para llegar hasta él hay que andar durante una media hora por las vías del tren y más de media hora por un empinado sendero. Una vez que llegas allí el paisaje es sorprendente y las paredes parecen engullirte con su inconmensurable desplome. Allí el aire es diferente. Se respira motivación. Huele a roca y a magnesio, huele a escalada. Las cintas cuelgan de algunas de las vías más míticas de nuestra geografía. Las mías cuelgan de “Pepe el Boludo, 8a”. La monté hace dos días y el hecho de poder despedir el año encadenando otra mítica vía hace que me recorra un inquietante cosquilleo por el estómago. No estoy aún seguro de si esa sensación me gusta o no. El caso es que ocurre cada vez que tengo una vía difícil “a punto" y me dispongo a darle un pegue.

Después de la mitad de la vía ésta tiene un reposo donde te puedes quedar un buen rato. Esa sensación sí sé que no me gusta. Estar esperando a que mis brazos “respiren”, se oxigenen, controlando mi respiración, pensando que es posible y sacando mi paciencia de algún lugar de mi mente. Recuerdo en ese instante ese mantra que me ayudó hace poco en otra vía. “Muévete ligero, sé ligero, eres ligero, disfruta”…

Fue todo un regalazo acabar el año encadenando una vía así, aunque hubiera preferido que, al despertar esta mañana, el mundo hubiera cambiado a mejor,. Así, por arte de magia. Pero claro, para ello, se necesitan algo más que unos cuantos pegues…

Espero y deseo que, en este nuevo año, saquemos lo mejor de todos nosotros y, entre todos, poder empezar a “fabricar” un mundo un poquito mejor..

No hay comentarios:

Publicar un comentario