miércoles, 23 de enero de 2013

MENTAL FATIGUE


Recuerdo, y para no recordarlo, una experiencia que tuve con una amiga alemana hace ya bastantes años. El caso es que la chica en cuestión, por aquel entonces, no hablaba español y mi alemán quedaba reducido a dos simples palabras: “Frankfurt y Bayer de Munich”.

Las primeras conversaciones, en inglés (que es como nos podíamos comunicar), fueron un desastre total. Todavía no se me quita de la cabeza la estúpida sensación de estar ahí, sentado en una terraza de un bar de la Catedral gaditana, frente a ella, inerte, con un ligero temblor en el labio inferior de mi sedienta boca, pensando qué decirle para que no salga corriendo dentro de un minuto y medio; y, sobre todo, cómo decírselo…

Don Rafael tenía un aspecto que acojonaba; así, tal como os lo digo. Pelo negro azabache ondulado, ni muy largo ni muy corto, gafas ochenteras y una espesa y frondosa barba que, a duras penas, le dejaba un pequeño espacio libre para que el aire le llegara a los pulmones por alguno de los  orificios de su cara. Si a su tétrica apariencia física le sumamos un carácter  no  muy amigable, que tenía edad suficiente para ser mi padre y que, a su vez, era mi profesor de inglés de EGB, no es que se me quedaran en mi memoria gratos recuerdos de él tantos años después. Pero os puedo asegurar que aquella noche, en aquella terraza, sentado frente a esa bella chica alemana, quise más que nunca  tener presente a la figura de don Rafael y “todos” los conocimientos que éste me transmitió en su hora semanal de inglés durante 6º y 7º de EGB.

Quizás es que en Cádiz se está muy agustito, o quizás es que la “pobre” chica no tenía nada mejor que hacer; el caso es que allí permanecimos durante un buen rato. No recuerdo de qué hablamos o en qué pensábamos durante tanto incómodo silencio. Quizás fue eso, el silencio. A las pocas horas estábamos de rumbo a la sierra en mi vito blanca dispuestos a pasar unos días de campo.

La cosa se fue suavizando un poco; mi labio dejó de temblar, mi boca parecía volver a un estado de hidratación óptimo para que las palabras pudieran salir con naturalidad y la imagen de don Rafael ya no ejercía en mí un cúmulo de sensaciones temerosas. Me sentía liberado. Por primera vez en mi vida llegué a decir frases en inglés sin tenerlas que traducir en mi mente con anterioridad. Pero solo eran frases aisladas. La mayor parte del tiempo tenía que escuchar lo que ella me decía, traducirlo en mi mente, pensar lo que quería decirle, traducirlo al inglés e intentar decirlo de la forma correcta.

“Oye, Jose, qué te pasa? Llevas tres días que cuando llegan las diez de la noche tu cuerpo ce rendido”
“Estoy muy cansado y no entiendo por qué. Pero bueno, haré el esfuerzo” ;)

…………

Esto mismo me está volviendo a ocurrir ahora. No sé si mi mente está preparada para tanto cambio repentino, para tanta información y para tanta presión a la que me veré sometido en los próximos dos meses. Dudas! Malditas dudas!!

 “A person who never made a mistake never tried anything new; Albert Einstein” “Una persona que nunca cometión un error, nunca intentó nada nuevo; Albert Einstein”

Hace aproximandamente tres meses le corté a mi cuerpo, de forma radical, el suministro de carneo cualquier alimento que para su obtención precisara del sufrimiento animal. Está claro que existen más razones, a parte de la mencionada, para aquella decisión, pero no vienen al caso.

Lo siguiente fue dejar de fumar. No es un hecho acabado, pues pienso que aún estoy en el proceso y queda un largo camino (llevo dos semanas sin esa mierda en el cuerpo). Pero estoy feliz por los resultados obtenidos, pero tampoco viene al caso.

Lo siguiente fue pensar en la posibilidad de estudiar un Grado (antes carrera). Decantarme por una no ha sido nada fácil; de hecho lo he decidido esta mañana. Será, si  todo sale bien, y tengo la oportunidad, Psicología. Dudé entre ésta última y Ciencias de la Actividad Física y Deporte, pero los hechos acontecidos aquella tarde en la cola de Ikea hicieron que la balanza se decantara para la mente en lugar de para el cuerpo. Cuerpo y mente, mente y cuerpo.

Hoy vuelvo a tener esa sensación de cansancio mental que tuve en aquellos días con la chica alemana de rasgos latinos… Pero esta vez por libros, por entender conceptos e intentar asimilarlos y darles un hueco en mi atrofiada mente.

Tendré, quizás, que sacar de mi mente algunos croquis, algunos movimientos de vías, algunos recuerdos??
Necesito un roco para mi mente, para que se ponga fuerte y ágil, para que haga dominadas, campus, flexiones y abdominales.

Puesta a punto que para la primavera y este nuevo red point quedan dos meses….

A muerte bicho…

jueves, 17 de enero de 2013

CAMPER EN VENTA


Se vende CAMPER Fiat Ducato SLOOP5. La furgo ideal para el escalador que pasa en el campo los fines de semana y se pega buenos viajes de escalada. Toda las comodidades de una autocaravana pero mucho más manejable.

En perfecto estado de motor. 86.000 km. Ducha, agua caliente, water químico, calefacción estacionaria, frigorífico trivalente, fregadero, depósito 85 litros, compartimiento para dos bombonas de butano, 5 plazas para viajar y 4 para dormir. Lo mejor, la cama de arriba, que permite que haya gente durmiendo arriba mientras se está sentado cómodamente en el salón. Todo un lujo si quieres estar "nuevo" al día siguiente para encadenar tu proyecto!!!




25.500€    teléfonos interesados 608 991 482











sábado, 5 de enero de 2013

FINAL DE AÑO EN EL MAKI...

Un año más que paso las navidades en El Chorro....

 Esta vez han sido diecisiete días en la escuela malagueña por excelencia, en el que ha habido muchos días de sol, muchos días de escaladas, de caminatas, de encadenes, de paisajes, de luces, de frío y calor, de sol de invierno andaluz y, como no, de Makinódromo…

Para mí, El Maki, es el mejor muro de Andalucía para el invierno, sin lugar a dudas.  Sus vías infinitas, sus sugerentes líneas, sus grandes desplomes, el paisaje que rodea a ese lugar, su aproximación. El hecho de que para llegar hasta el Maki  haya que andar una hora y subir un empinado sendero, un sendero que parece que te eleva hasta el mismísimo cielo azul de El Chorro, lo hace aún más especial.


Pero si El Maki tiene algo que lo hace único e inigualable es su ambiente, su atmósfera, el aire a fanatismo y a motivación que allí se respira día tras día, desde que el sol comienza a iluminar semejante obra de arte calcárea con la que la caprichosa naturaleza nos obsequió miles de años atrás, y que ha estado esperando a que llegáramos nosotros para poder disfrutar de tanta belleza, hasta que se marcha por la espalda del cañón que se encuentra a nuestros pies, el Desfiladero de Los Gaitanes.

Suena el despertador poco antes de las ocho de la mañana. Aún no ha amanecido del todo en El Chorro. A esas horas, como de costumbre, una brisa proveniente del primer cañón rompe el silencio del lugar. Cuesta levantarse de la cama. Mi perra, Luna, me mira de reojos, como esperando que me quede entre las sábanas un poco más y no la saque aún para que haga sus necesidades. La verdad es que cuesta levantarse de la cama, pero hay que aprovechar las escasas horas de luz que tenemos en diciembre.

El desayuno se convierte en uno de los momentos más especiales del día. El menú pasa por pan de centeno o de avena tostado, con aceite,  tomate cortado a rodajas finas y salpicado con sal, queso fresco, miel, mermelada de arándanos y hojas de espinacas. Para beber zumo de naranja con una cucharadita de polen granulado.

Después del espectacular desayuno, y de convencerme a mí mismo de que hay que ponerse en marcha en lugar de volver a meterme en la cama para hacer la digestión bajo mi cálido edredón de plumas, se prepara la mochila. Material de escalada, fruta, ropa de abrigo, frontal, agua.. Todo listo. Go on!!

Con las pesadas mochilas emprendemos la primera parte del camino de aproximación al sector. Desfilamos por el camino del camping, donde están todas las furgos aparcadas. Es imposible hacer ese recorrido de 200 metros sin tener que parar a hablar con los “vecinos” y preguntar dónde van a escalar ese día. Allí no importa nada más. No importa a qué te dedicas, cuanto ganas, de donde eres, nada importa. Solo se hace una pregunta: a dónde vas hoy a escalar? A nosotros no nos dejan responder nunca, porque ya saben cuál es nuestra respuesta: “vamos al Maki”.

Luego llegamos a la vía del tren. Caminamos por su incómodo piso lleno de piedras, pero con unas vistas inmejorables de El Caminito de El Rey. Después de unos veinticinco minutos aproximados llegamos al segundo puente verde. Ahí acaba el tramo de las vías y hora podemos ver El Maki allá arriba, a nuestra derecha, cerca del cielo, con un color rojizo espectacular al recibir los primeros rayos de sol de la mañana. Ahora nos quitamos algo de ropa, bebemos un poco de agua y comenzamos la empinada pendiente de subida. “Hiking up is shit” decía un amigo americano que pasó por las paredes de El Maki hace un par de años y que quedó fascinado por sus vías. Cada vez que comienzo ese sendero sus palabras rondan mi mente. Pero creo que en realidad disfruto de esa subida también. De hecho creo  que te vuelve más comunicativo; me explico: mientras subes, buscas en los confines de tu mente cualquier excusa para pararte a decirle algo aa tu compi de cordada. A él parece interesarle muchísimo lo que le dices y no duda en parar y ponerse a hablar contigo. Así va sucediendo a intervalos de tiempo. Cada diez minutos se para y se habla de algún “importantísimo” tema el cual no puede esperar. Un ejemplo de conversación puede ser el siguiente:
Escalador cansado 1: “illoooooo, ta wapo eh?”
Escalador cansado 2: “si tío, wapo, wapo"
Escalador cansado 1: “No veas….”
Escalador cansado 2: “ya vé…”
Escalador candado 1: “que wapo canijo”
Escalador cansado 2: “flipa canijo”

Así, poco a poco, acabas llegando al sector.

Lo primero es dejar la mochila, cambiarse de ropa y  descansar un poco. Después de esto, ya no hay marcha atrás. Ese aire se ha metido en tus pulmones, miras las paredes y ves las cintas colgando de las vías, dibujando trazados sorprendentes, esperando al escalador que pase su cuerda por el  frio metal….
Allí están los de siempre..

La pareja francesa probando “Lourdes” hasta el agotamiento. Él parece que eso de escalar no lo quita el sueño, pero ella es totalmente diferente. Una y otra vez pone a prueba su propia paciencia, su resistencia, su motivación. Parece que la vía aún le queda “grande” pero con esa casta, con ese empuje, con esa fuerza interior acabará haciéndola.

Una cordada eslovaca formada por una madre y una hija. La dedicación de una madre por sus hijos no tiene límites. La madre se limita a asegurar atentamente a la adolescente escaladora. Solo de vez en cuando, intenta alguna de las pocas vías “´fáciles” que tiene el sector. La hija lo prueba todo. Insaciable, supongo que por su joven edad, por su energía inagotable.

Un inglés con cara de dibujo animado, con pinta de todo menos de escalador. Que se mea los octavos y para finiquitar nos regala a los allí presente un encadene impresionante. El de la cara de dibujo animado, con pinta de eso, de gustarle mucho las pintas, se merienda “Cous Cous, 8c” en un pegue memorable. Verlo escalar hacía que a los allí presente se nos escapara una sonrisa de incredulidad. Creemos que no le dio más de tres pegues. Amazing dude, it was amazing…

Y nosotros, “los de allí”, con nuestras vías con nuestros pegues, con nuestras risas.

Yo me llevo una vía que siempre quise hacer, “Pepe El Boludo, 8a” y dejo a punto, muy a punto (tanto que le di un tercer pegue el último día porque creí que aun tan cansado como estaba podría hacerla) “Porrot, 7c+/8a”. Una pena… o una excusa para volver y darle otro pegue y disfrutar de su bella línea?  Me quedo con lo segundo.

Pero lo que más me sorprendió de estos días en El Maki no fue el encadene del inglés con cara de dibujo que comentaba antes. Lo más impresionante fue conocer  a un humilde y amable chico de 24 años que se hace los octavos en dos pegues de una forma insultantemente fácil y que ha llegado a encadenar 8b+. Y ustedes pensaréis… “de esos los hay a montones ¡” Y es verdad. Lo único es que ese chico lleva escalando dos años…

Eso es el Maki…

Eso y bajar la cuesta con frontal, con una oscuridad que se esfuma con la aparición de una luna llena que nos regaló El Maki de finales de año, iluminándolo todo por completo. Nosotros nos sentamos en una piedra, en mitad de la noche, tranquilos. Apagamos los frontales y el tiempo se detiene. Nos paramos a contemplar esa belleza, esa lugar, ese silencio… Todo parece encajar a la perfección…






Y tú… dónde escalas mañana..??

martes, 1 de enero de 2013

ESPERANZA PARA UN NUEVO AÑO


2013… 

Parece que Los Mayas se equivocaron en su predicción, o, tan solo, erraron en fecha exacta. El caso es que hoy es uno de enero de 2013. Yo no sé vosotros, pero a mí me da la sensación de que nada ha cambiado. Ni El Mundo ha acabado, por ahora, ni noto ningún cambIo que vaticine un nuevo Mundo, como argumentan aquellos que, aún en los tiempos que corremos, tienen la esperanza de que “algo” sea diferente, de que algo resurja desde el interior de cada uno de nosotros y hagamos un Mundo mejor.

“La locura es hacer la misma cosa, de la misma manera, una y otra vez, esperando un resultado diferente” Albert Einstein 
.
El día en El Chorro amanece gris y calmado. Una ligera y suave llovizna que hace que por la ventanilla de la furgo corran lágrimas de lluvia. Las mismas que hacen que el paisaje se vea distorsionado a través de la ventana de mi confortable cama, mientras un grupo de jóvenes desfilan hacia sus tiendas de campaña. Van de recogida de lo que ha sido una larga noche de celebración; un año nuevo ha comenzado.  Llevo despierto algo más de dos horas y aún estoy en el interior de mi cálido edredón de plumas, mirando por la ventana y pensando si realmente “algo” haremos por cambiar las cosas. Pero esto de lo que hablo, ese cambio, no tiene nada que ver con políticos aprovechados, ni crisis económicas; tiene que ver con nosotros mismos, con nuestra perspectiva, con nuestra visión, con nuestro enfoque de las cosas.
.
En este año que se fue, he sido capaz de ver las cosas más bonitas y, a la vez, las más horribles del ser humano. He conocido a gente muy especial, gente que creí  no existiría, y, a la vez, me han llegado a decepcionar mucha otra gente a la que creí haber conocido. Esto ha sido lo verdaderamente formidable de este año que se fue. Creo que es con lo que me quedo de un año duro y difícil. Este ha sido mi aprendizaje. Conocerme un poquito a mí mismo y tener claro quién verdaderamente soy y quiénes son los que están ahí.

También, en este año que se va, creo que he llegado a ser mejor escalador. Y eso es una cuestión que, para mí, nada tiene que ver con el grado que pueda o no hacer. Recuerdo hace unos años, cuando lo “vi”. Fue una sensación que llevo un rato intentando poder describir en mi mente para expresarla con palabras, pero me es imposible. Solo lo sentí y mi forma de ver la escalada cambió. En este año que acaba de terminar ocurrió de nuevo, lo volví a experimentar, lo volví a ver, a sentir.

Si desde hace ya algunos años dije, en multitud de ocasiones, que la escalada es lo mejor que me ocurrió jamás, hoy puedo confirmarlo y ratificarlo. Es la forma de vida que elijo y espero que eso no le pese a nadie.
Me encanta esa sensación del último día del año escalando. Nos despertamos a las 8 de la mañana y nos pegamos un desayuno a base de zumo de naranja con polen granulado, pan de avena y centeno con queso fresco, tomate, miel y espinacas. Después del desayuno y de preparar el material de escalada tomamos rumbo al Maki. El Maki es un sector de escalada de El Chorro. Para llegar hasta él hay que andar durante una media hora por las vías del tren y más de media hora por un empinado sendero. Una vez que llegas allí el paisaje es sorprendente y las paredes parecen engullirte con su inconmensurable desplome. Allí el aire es diferente. Se respira motivación. Huele a roca y a magnesio, huele a escalada. Las cintas cuelgan de algunas de las vías más míticas de nuestra geografía. Las mías cuelgan de “Pepe el Boludo, 8a”. La monté hace dos días y el hecho de poder despedir el año encadenando otra mítica vía hace que me recorra un inquietante cosquilleo por el estómago. No estoy aún seguro de si esa sensación me gusta o no. El caso es que ocurre cada vez que tengo una vía difícil “a punto" y me dispongo a darle un pegue.

Después de la mitad de la vía ésta tiene un reposo donde te puedes quedar un buen rato. Esa sensación sí sé que no me gusta. Estar esperando a que mis brazos “respiren”, se oxigenen, controlando mi respiración, pensando que es posible y sacando mi paciencia de algún lugar de mi mente. Recuerdo en ese instante ese mantra que me ayudó hace poco en otra vía. “Muévete ligero, sé ligero, eres ligero, disfruta”…

Fue todo un regalazo acabar el año encadenando una vía así, aunque hubiera preferido que, al despertar esta mañana, el mundo hubiera cambiado a mejor,. Así, por arte de magia. Pero claro, para ello, se necesitan algo más que unos cuantos pegues…

Espero y deseo que, en este nuevo año, saquemos lo mejor de todos nosotros y, entre todos, poder empezar a “fabricar” un mundo un poquito mejor..