domingo, 29 de diciembre de 2013

OSCURIDAD...

Hace tiempo que la noche ha caído y no logro acostumbrarme a esta oscuridad. Se supone que mis pupilas deberían haberse dilatado lo suficiente como para que pudiera distinguirte entre tanta incertidumbre. Miro al cielo en busca de una partícula  de luz enérgica y no la encuentro por ningún sitio. No sé qué pasó con las estrellas de esta noche fría y tenue, no sé quién las robó, ni con qué intención. Solo sé que no están.

Sé que no es más que un mero trámite. El tiempo necesario, el tiempo suficiente, el tiempo preciso para que de nuevo salga ese maravilloso, radiante y resplandeciente  Sol que invadió  de energía todo mi cuerpo hace tan solo unas horas, y que ahora parecen una eternidad.  

Miro de nuevo a través del frío cristal de la ventana de mi escritorio y no alcanzo a ver más allá de sus barrotes carcelarios, tímidamente acariciados por la luz de una farola cercana que no tardará en apagarse. Hace rato que esa pareja de jilgueros dejó de visitarme, y con ellos se marchó la música y la alegría, y llegó el silencio. Un silencio que se rompe con el triste llanto de algún perro encarcelado, como yo, entre barrotes iluminados por alguna farola cercana. De nuevo silencio…

No quiero acostumbrarme a la noche ni quiero ser prisionero del silencio.

Como esa pequeña criatura que al nacer busca protección, y no le importa de dónde le venga, ni quién se la dé. Sólo quiere sentirse a salvo en un mundo hasta ahora desconocido para él, y echa de menos la calidez de su mundo, el calor del vientre materno. Su hogar hasta ahora. Pero con el tiempo siente un intenso  apego, una poderosa dependencia que va más allá de lo racional. La necesidad inherente de estar con esa persona que estuvo a su lado, lo cuidó y protegió. Y ahora se enfurece si no se está a su lado, y llora si no se siente protegido y sufre si no siente el cuidado.  Se le protegió mientras estuvo indefenso y expuesto, pero ahora, con el tiempo, debe aprender a enfrentarse ante su nuevo mundo, quizás como yo debo esperar paciente la llegada de un nuevo día.

Pienso en salir afuera, en mitad de la noche, en busca de unas cuantas estrellas que alguien en algún momento robó. De salir ahí afuera, ante esta oscuridad fría y húmeda, con la esperanza, o desesperanza, de encontrar algo que sé, con certeza, que ya no está. ¿Quizás se dejó alguna estrella olvidada? ¿Y qué importa si así fuera? ¿Acaso lo que quiero, o lo que creo necesitar, es ese inerte y efímero hilo de luz olvidado? ¿Acaso eso me devolverá la calidez que sentía hace tan solo unas horas cuando podía distinguirte entre tanta incertidumbre?

Hoy pude ver la tristeza escondida a través de tus cristalinos ojos. ¿Sabes que aún no sé de qué color son? Cuando los miro el tiempo se detiene, pierdo los sentidos, y toda la capacidad de percibir cualquier cosa que no seas tú en todo tu conjunto. Tú y esa bella armonía que desprende tu cuerpo y tu voz. No sé de qué color son tus ojos, ni sé qué llevabas puesto hoy. No sé de qué color eran tus pendientes, y ahora que lo pienso, ni tan siquiera sé si llevabas algunos. No sé cuando tus ojos me paralizaron, ni cuánto tiempo estuve inmóvil hasta que, seguramente tú, apartaste la mirada dejando mi cuerpo libre y solo. No sé cuando me devolviste a la oscuridad. Solo sé que en ella estoy.

¿Por qué no te quedaste conmigo?


Juntos podríamos haber desafiado al sol, a la noche o al ladrón de estrellas. Y así hubiéramos vivido un día eterno, y así no tendríamos que esperar, ni sufrir el silencio. Quizás esa pareja de jilgueros no se hubieran tenido que marchar y quizás no se hubiera producido el triste llanto de algún perro encarcelado entre barrotes iluminados por alguna farola cercana.  

viernes, 27 de diciembre de 2013

DESTELLO...

Un ligero destello luminoso que me acerca un poco a ti. Un destello tan fugaz como el más breve de los suspiros que de nuevo te aparta de mi camino. ¿Dónde estás?

Aún no te conozco y ya te echo de menos. No sé si es necesaria esta espera larga y amarga, o es simplemente la esclavitud de aquel que un día fue hipnotizado por tu mirada. Quizás nunca deje de ser más que un efímero destello que me devuelve la esperanza a la vez que me la quita, tan breve como intenso y esperanzador, tan largo que llega a ser tortuoso y retorcido.

Pienso en cómo sonará mi nombre en tus labios y en el efecto que producirá en mis sentidos el aroma de tu piel. Pienso en tus ojos buscando los míos, en la calidez de tu mano y en quedarme para siempre en mitad de ese momento. Pienso en todo esto mientras deseo que no nos perdamos por ahí fuera sin que haya logrado dominar ese breve y fugaz destello.

Quiero pasear contigo por aquellos caminos que, aunque no lleven a ninguna parte, nos mantendrían unidos; y quiero que nos perdamos por ellos y que perderme contigo sea lo mejor que jamás me haya ocurrido.

Pienso en fabricar recuerdos agradables junto a ti, para que, con el tiempo, miremos juntos al pasado y nos fundamos en una sonrisa.  Pienso en enseñarte todo mi mundo y que me ayudes a descubrir el tuyo. Pienso en cuantas sonrisas podría llegar a ser capaz de robarte; y deseo que sean tantas que el cajón de los sentidos de mi alma rebose y que arrastre a las profundidades del olvido todo lo que no sea tu sonrisa.

Quiero acercarme a ti. Acercarme tanto que se me entrecorte la respiración y que mis pulsaciones vuelen al infinito. Quiero acercarme tanto que el frío deje de existir y que, por un instante, no importe si nuestros ojos permanecen abiertos o cerrados porque podríamos vernos con el resto de los sentidos.

Quiero respirar el mismo aire que tú.

Quiero poner en tus labios un poco de miel y quedarme inmóvil viendo y contemplando cómo se mezclan dulzura y dulzura. Quiero acostarme contigo, pero más aún deseo despertar a tu lado y que sea tu mirada lo primero que vean mis ojos cada mañana. Quiero acariciar tu cuerpo mientras me susurras al oído dónde nos perderemos esta vez.

Quiero que el día y la noche se solapen, y no importen, y dejen de existir entre esas paredes en las que solo estamos tú y yo.


Quiero que ese destello fugaz y eterno sea nuestro, aunque solo sea por un instante. El instante que hará posible que todo esto ocurra.

martes, 24 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD!! bla bla bla

Creo que en días como hoy suelo escribir alguna cosa, o quizás este haya sido el pretexto para ponerme delante de mis palabras y darle forma simbólica a mis pensamientos. No me he tomado la molestia de dedicar  una pequeña fracción de tiempo para comprobar si realmente suelo escribir un día como hoy. Quizás el motivo de esto último sea porque necesito hacerlo, y si descubriera que no suelo escribir en Noche Buena probablemente me dejaría llevar por la pereza, o quizás el miedo, de fusionar mi mente y mis dedos antes la pantalla del ordenador.

Esta noche es Noche Buena y mañana es Navidad, bla, bla, bla…

No me gustan las drogas porque hacen que no tenga el control de mí mismo. No me gusta la falta de control. Muchas veces he visto cómo éste desaparece ante mí y es una sensación desagradable que me produce incertidumbre e impotencia. Es como si mi cerebro se dividiera y mi razón quedara oculta en algún profundo y remoto rincón de la inconsciencia. No me gusta dejar de ser yo mismo y perder mi identidad. Quizás porque, de algún modo, la he perdido muchas veces y el miedo a no recuperarla sacude mi consciencia.

Por algo parecido es por lo que no me gusta La Navidad. No me gustan las fiestas que han de regular, de alguna forma, mi estado anímico. En estas en concreto la incertidumbre se apodera de mí. Ni tan siquiera sé cuál es la actitud que se supone he de tener en una noche como en la de hoy. ¿Debería estar más alegre de lo que estoy? ¿Quizás más triste?

Mañana es el cumple de Jesús y muchos, los católicos, lo celebran de una forma especial. Supongo que todos los que durante estos días han colapsado los mercados de toda España celebran lo mismo, el nacimiento de Jesús. Eso quiere decir que son cristianos y, como tales, ejercen la doctrina que lleva nombre. De lo contrario volveríamos a lo mismo de siempre. Algo que, cada día más, se arraiga en nuestra sociedad. La hipocresía.

Pero quizás yo sea muy pesimista, o quizás un día como hoy ejerza en mí ese cambio de estado anímico del que hablaba al principio. Quizás me equivoque. ¿Por qué no? Quizás esas personas que gastaban  esa mañana en el mercado más dinero del que pueden permitirse hayan contribuido en estas fechas a paliar un poco de hambre del mundo, o un poco de ira, o de rencor, o de violencia….

Probablemente yo me esté dejando llevar por la regulación del estado anímico que ejerce en mí esta fecha. Quiero pensar eso por un año. Solo por un año.
Nos estamos convirtiendo en máquinas. Robots sin conciencia y sin principios, sin razón.

Hablaba el psicólogo francés, Jean Piaget, sobre las etapas del desarrollo evolutivo en cuanto a la capacidad de individuo de realizar operaciones formales. Esto es la capacidad de razonar de una forma deductiva, de entender que lo real es solo un subgrupo de lo posible,  de pensar de forma abstracta y entender los problemas complejos que involucran procedimientos intelectuales. Esta etapa, según Piaget, se produce en la adolescencia. Al principio creía que se adquirían estas capacidades a partir de los doce años, pero más tarde retrasó su teoría hasta los quince años. Yo hoy aún pienso que muchos no hemos llegado a esa etapa.

Pero si te sales del sistema éste te rechaza. Así que no me queda otra que responderos que igualmente, que seáis felices, que felices fiestas, bla bla bla…..


Y a Jesús… pues le mandaré una felicitación por Facebook, que es lo que se lleva ahora…

Feliz Navidad....

miércoles, 13 de noviembre de 2013

COMO CAMBIAR LO QUE SOMOS?

 Si nos pusiéramos a investigar las causas y factores de nuestro comportamiento y conducta  nos encontraríamos con multitud de teorías diferentes.  Pero genética y ambiente son, al parecer, las principales causas que podrían explicar el por qué de una determinada conducta. Ambas, por lo tanto, están fuertemente interrelacionadas sobre base del comportamiento humano. La coexistencia de estos dos factores es la responsable de que ya no aguantes más a tu novio, que te pongas nervioso cuando hablas con esa chica o que, “simplemente”, hayas acabado estudiando psicología…

Esta interrelación entre genética y ambiente es, desde mi punto de vista, fascinante.

Durante más de diez años lo he podido comprobar practicando el deporte que un día cambió mi vida, la escalada. La genética y el ambiente –talento y esfuerzo- se debían fusionar de la mejor manera posible para que un escalador alcanzara los niveles más altos. De lo contrario, si una variable fallaba, el éxito nunca llegaba a producirse. De poco servía una buena genética si el escalador no entrenaba, si no se entregaba, si no daba todo cuanto tenía en la roca. En todos los casos, sin entrenamiento y disciplina el escalador llegaba a desmotivarse antes de alcanzar su meta. De la misma forma, cuando el escalador ofrecía unas altas dosis de esfuerzo, motivación y dedicación pero su genética no era la adecuada, aparecían lesiones que frenaban la posibilidad de alcanzar el éxito.

La genética no se puede cambiar, eso es obvio. Pero no podemos delegar toda la carga y responsabilidad de nuestra conducta “a papá y a mamá”. Ese sería el camino fácil y, si me permiten, equivocado. Equivocado porque como he dicho antes existen dos variables y centrarnos exclusivamente en una sería incoherente e insustentable.

El ambiente sí se puede cambiar. Y no me refiero a ambiente cómo la densidad de población “guapa” que hay en la discoteca de moda de tu ciudad, no.  El ambiente al que me refiero es todo lo que no es genético. El ambiente es el lugar dónde creciste, la educación que recibiste de tus padres y escuela en la niñez, los amigos que tuviste en la infancia y adolescencia, tu primera novia, tu primer mejor amigo, tu programa de televisión favorito, todo lo que se te ocurra… Pero sin duda, si hay algo que ha condicionado que seamos lo que hoy día somos es el pensamiento. Está claro que no podemos cambiar la educación que recibimos cuando éramos pequeños, ni todo lo que aconteció en el pasado en nuestras vidas y que condicionó que fuéramos lo que hoy somos. Pero sí podemos cambiar lo que pensamos.

Estará todo el mundo de acuerdo en que cuando nacemos venimos, como el coche de mi hermano, no como el mío, con todos los extras. Todos traemos de serie corazón, riñones, orejas (unos más y otros menos) y, cómo no, cerebro. Pero el coche no es solamente carrocería aerodinámica, elevalunas eléctricos, manos libres o puerto USB. El coche dispone de unos mecanismos perfectamente conectados entre sí, engranados unos con otros, dependientes unos de otros, que garantizan el buen funcionamiento de éste. Y cuando alguno de estos mecanismos falla el coche no va como nos gusta y no tenemos más remedio que llevarlo al taller y gastarnos el dinero para que le ajusten las piezas. Nosotros, como buenos conductores que somos,  podemos hacer que la maquinaria funcione de la mejor forma posible y que la visita al temible taller se retrase lo máximo posible o incluso que nunca llegue a producirse. Todos nos preocupamos porque nuestra carrocería luzca de la mejor manera posible. A veces, incluso, dándole a la máquina un trato inadecuado.
Y nuestra conducta, ¿qué ha pasado con ella?...

Primero quiero que nos quede claro que el pensamiento es el aceite y la gasolina que usamos para que nuestro motor funcione de la mejor manera posible y que la visita al taller no tenga por qué producirse. De esta forma, a mejores pensamientos, mejor funcionamiento.

Entonces vale, eso no es la primera vez que lo oímos. Hay que ser positivos para vivir mejor y todas esas cosas. Pensar positivo, realizar buenas acciones… Pero, ¿cómo esto cambia mi conducta?
De la misma forma que no podemos cambiar el metabolismo de una persona con el simple hecho de no comer nada durante un día, no podemos cambiar nuestro comportamiento ni nuestra conducta porque un día tengamos pensamientos positivos o realicemos una buena acción.

Por el contrario, con un cambio de alimentación durante un tiempo determinado nuestro metabolismo sí va a cambiar. De la misma manera, con unos pensamientos positivos, durante un tiempo determinado, nuestro cerebro también va cambiar. Y ello hará que tengamos conductas diferentes.

Se trata de cambiar, a través de nuestros pensamientos y procesos cognitivos adecuados, el “cableado” neuronal de nuestro cerebro. Y se puede…

Durante un tiempo creí en el Karma y todas esas cosas. Creía, y sigo haciéndolo, que recibimos lo que damos y que solo realizando las mejores acciones podemos llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos. Así que durante un largo tiempo estuve centrado en dedicarme a mirar más allá de mi culo. En el mundo hay más culos a parte del mío propio –y mucho más bonitos-. Para realizar buenas acciones y “no morir en el intento” debía cambiar mi forma de pensar. De nada valía realizar buenas acciones por el simple hecho de que el Karma no hiciera de las suyas. Debía creer en ello, debía cambiar mi forma de pensar. Entonces se produjo algo sorprendente. Esto fue a través de una conversación que tuve con mi amiga y compañera de clase Belén. Bromeando le dije que un día le pasaría unos apuntes falsos para que suspendiera un examen. Ella me dijo que mi conciencia no me lo permitiría. La “revelación” me vino cuando le respondí: “No se trata de conciencia Belén, sino de principios”. Bingo!!! Ya no era el Karma el que me “impediría” hacerle tal imaginaria fechoría a mi ingenua amiga, sino mi forma de ser, mi carácter, mi conducta..Lo había logrado sin querer, cierto, pero es excepcional haber comprobado que realmente nuestra conducta es modificable, que no estamos estancados y que no podemos culpar a nadie, salvo a nosotros mismo, de lo que somos.


Mi coche no es como el de mi hermano, pero me gusta, es el mío. Me siento cómodo en él; con sus trucos para que arranque, con sus ruidos raros, con las alfombrillas llenas de pelos de mi perra Luna, y espero que me dure el mayor tiempo posible…..

domingo, 10 de noviembre de 2013

MÚSICA CELESTIAL

“A veces lo mejor que te puede ocurrir en la vida es que las cosas no sucedan como quieres que lo hagan…”
No pude disimular la sonrisa de mi rostro cuando, por primera vez, oí una de las frases que más me han impactado nunca. “Que no ocurra lo que quiero puede ser lo mejor que me pueda ocurrir”. Pero, ¿por qué?
Quizás porque no estamos siendo los directores de orquesta de nuestra propia vida. Tan solo somos unos simples violinistas que tocamos al son de la melodía compuesta por otras personas. Y por esta razón pensamos como pensamos, hacemos lo que hacemos y somos lo que somos.
Pero, eso se puede cambiar. ¿Cómo?
Lo primero es siendo consciente de que el significado de esa frase tiene mucha más veracidad de la que podamos imaginar. Dejándonos llevar, aceptando cada situación y cada circunstancia. Como decía Steve Jobs: “No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes conectarlos mirando hacia detrás”. Y la única forma de hacerlo, la única forma de saber qué significado tiene todo cuanto acontece es dejarse llevar, aceptar la situación...  Cuando aceptas las cosas el problema comienza a carecer de valor, de significado. Ya no podemos hacer nada con el problema. Lo único que podemos hacer es hacerlo lo mejor que podamos, cualquiera que sea esa cosa. Eso, nada más. Luego, cuando estemos allí adelante, entonces, podemos mirar atrás y unir los puntos, y entonces, cuando estemos allí adelante, comprenderemos por qué hoy yo escribí estas líneas absurdas y por qué tú hoy malgastaste tu preciado tiempo leyéndolas.
Jobs también decía: “Tu tiempo es limitado, así que no lo gastes viviendo la vida de otro. No te quedes atrapado por el dogma”

Una vez que aceptamos las circunstancias y el hecho de que todo cobrará un sentido allí adelante, entonces comenzaremos a componer nuestra propia melodía. Es cierto que al principio puede que no suene como imagináramos pero, quizás también eso sea lo mejor que nos puede ocurrir en la vida, ¿no es así? Quizás tengas que tocar solo, en la noche, cuando nadie te vea; quizás aquellos que te oigan te digan que jamás podrás tocar tu propia melodía o simplemente que jamás llegará a sonar bien. Pero no hagas caso. Si alguien no puede hacer algo te dirá que tú tampoco puedes hacerlo, porque si ve que lo haces, si ve que puedes, que se puede, se sentirá mal por no haber intentado componer su propia música. Le habrás mostrado la puerta. La diferencia entre tú y él es que tú no tuviste miedo a cruzarla. Kurt Cobain dijo una vez: “La gente se ríe de mí porque soy diferente; yo me río de ellos porque son todos iguales”. Sal de ahí, dicta tus normas, compone tu melodía, tócala. Lo estás haciendo lo mejor que puedes y eso es, definitivamente, lo único que puedes hacer. ¿Lamentarte? No entenderé nunca para qué… Trabaja duro, cree en ti mismo, cree en ti mismo, cree en ti mismo, repítelo una y otra vez, inténtalo, otra vez,  y te aseguro que un día, quizás más pronto de lo que crees, esa melodía será música celestial y entonces podrás mirar atrás y unir los puntos…

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Rupicoland París

Y mira que el tiempo está bueno, verdad?

¿Quizás no lo suficientemente bueno para ir a escalar y, en lugar de ello, ocuparnos de temas tan lamentables como el que quiero tratar hoy? No lo sé, estoy confundido…

Hace poco más de un año, unos “escaladores” que pertenecían al rocódromo de Puerto Real quisieron tomar el mando de éste porque, por algún motivo que aún desconozco, creían que el rocódromo les pertenecía por el mero hecho de haber pagados unas cuantas cuotas. Repito, el motivo desconocido… ¿Quizás tenía en mismo derecho que aquellos que construimos dicho rocódromo?

El caso es que, ante la negativa de ese acto de poder que exigían, decidieron elaborar un maquiavélico plan. Dejarían de pagar el rocódromo TODOS a la vez, sin avisar previamente, como Señores, de esos que beben en copa de balón.  Eso lo hicieron en verano que es la peor fecha para mantener un rocódromo, así que, después de batallar con el dueño del local (éste era alquilado) tomé la decisión de cerrarlo. Ellos, los “escaladores” decidieron montar un club de montaña independiente; de esos que tienen presidente, vicepresidente y, según me he enterado hoy, junta directiva!! Joder, me ha dado “repelús” cuando me lo han dicho!! Mi pregunta es: Tendrán tiempo para escalar??

Bueno, tras su decisión de independizarse como Club de  no sé qué Rupícolas de la Bahía y de alquilar un bonito local, no se me ocurrió otra brillante idea de decirles que les decía la estructura del local antiguo. Maderas e hierros para ellos y las presas cedidas hasta ver qué ocurría en el futuro.

Los “escaladores, rupícolas, presidentes o lo que sean” asombrados, por tal gesto cargado de generosidad por mi parte y que jamás en la vida llegarán a comprender, me agradecieron, todo hay que decirlo, esa gentil acción. Ellos ya tenían local, muchas madres e hierros y un buen puñado de presas. Un amigo, y dueño también del antiguo rocódromo, no fue tan gentil como yo y quiso ir a recuperar algunas presas que estos nuevos “escaladores, rupícolas, presidentes y esas cosas” tenían ahora en su poder (fallo mío que dejé que las cogieran porque esas, precisamente esas, eran de mi amigo no tan gentil). Entonces fuimos a Rupicolandia a recoger las presas y nos encontramos con algunos de los personajes de tal cuento de Walt Disney. Éstos llegaron a decir (delante nuestra!!!) cosas como: “esto sí que va a ser un rocódromo de verdad”, “por lo menos olerá bien”, etc… Así que mi amigo no tan gentil tomó la decisión de renunciar a la cesión de, no solo de las presas, sino de la estructura.

El caso es que los “escaladores, rupícolas, presidentes” habían desmontado toda la estructura del viejo y maloliente rocódromo pero no se lo habían llevado aún a su increíble nave industrial (solo se llevaron las presas).

Retomo…

Al salir de Rupicolandia, mi no tan gentil amigo, me dice, y yo lo entendí, que él no está dispuesto a ceder la estructura a tales personajes maleducados y desagradecidos. Palabras textuales: “Antes lo quemo” A parte de no gentil mi amigo es un poco radical. Yo hablo con el vicepresidente en funciones y se lo explico y me dice que al día siguiente, a eso de las 10 a.m. van a ir a recoger toda la estructura que ellos había desmontado anteriormente y que les ocupó un buen puñado de horas y trabajo. Le digo que me deje un rato para intentar convencer a mi no tan gentil amigo. Entonces llamo a mi no tan gentil y sí radical y, porque no decirlo, un poco colgado amigo, para intentar convencerle de que cederles la estructura a los “escaladores, rupícolas y presidentes” es un buen acto. Éste amigo no tan gentil se vuelve un poco gentil (presión social?) y cede. Entonces llamo al vicepresidente de Rupicoland París y me dice que no, que ya no lo quieren. Habían pasado 30 minutos.

Conclusión 1 (Presión Social de masas perversas)

Habían pensado que era una trama de mi amigo no gentil y un poco radical y mía, el gentil y no radical, para que ellos desempeñaran las labores de desmontaje de todo el rocódromo y, cuando eso sucediera, nosotros decirles que no se los cedemos y, de esa forma, quitarnos el marrón del trabajo. Perverso, eh? Dice el ladrón que….

Pero claro. Así resultó. Ellos curraron y se quedaron sin estructura. Pero porque quisieron. QUE QUEDE CLARO.

Pero pasaron los meses….

Un día llovía, o no, no me acuerdo, y quise ir. Pero las normas que me pusieron es que debía estar federado y, a parte de deber estar federado, pagar una cuota de 7 euros por sesión!!!!!!!!!! Nada más… no hay opciones. Como en toda buena secta, a no ser que no te unas, no hay facilidades.

Conclusión 2 (secta????)

Si no te unes a ellos no hay opciones. Si alguien quiere probar la escalada no puede hacerlo ahí porque no está federado (no creo que haya nadie que quiera probar por primera vez la escalada y esté federado, lógico, verdad?) Pero claro, eso es lo que ellos dicen…. O son honestos “escaladores, rupícolas, presidentes) Juegan con la verdad, la honestidad y los valores propios que una disciplina como la montaña y la escalada suele inculcar a los que verdaderamente la amamos? Estoy confundido.

Luego vi y supe que había gente que había escalado en sus instalaciones sin estar federando e incluso sin estar apuntados. Luego supe que se celebró una competición en Rupicoland París en la que no era necesario tener un seguro, ni estar federado e incluso se podía beber alcohol. Mi pregunta: Ahora sí???
Pero pasa el tiempo…. Ya un año casi desde que Rupicoland París se creó por los “escaladores, rupícolas y presidentes” y ahora tienen hasta una junta directiva, como el Barça, como las grandes empresas….como señores que beben en copa de balón….

El caso es que el tiempo y las circunstancias me llevan a plantearme aceptar las opciones que plantea un club privado para apuntarme e ir a entrenar allí. Como todo, en todo lo que sea privado, si quieres utilizar unas instalaciones debes aceptar sus normas y punto. Cuando estaba el rocódromo de Puerto Real, el antiguo, había unas normas, quizás esas normas eran que no existían más normas que pagar y apretar, y si las aceptabas bien y si nada. Así que decido aceptar las normas de Rupicoland París y apuntarme pero noticia: Tienen junta directiva y ésta ha decidido hacer uso del derecho de admisión, como todo parque temático, y no aceptar el ingreso de mi persona en el club de no sé qué Rupícolas de la Bahía.  Estoy confundido….
Quiero que alguien me lo explique….

Conclusión 3


Que cada cual saque la suya……

jueves, 24 de octubre de 2013

TIRAR EL VASO

Qué harías si te propusiera el siguiente trato??

Ve a la cocina de tu casa y coge un vaso de cristal fino. Alza tu mano por encima de tu hombro, con el vaso en la mano, y comienza a abrir la mano hasta que éste se precipite contra el suelo. Sin trucos, sin más. Coger el jodido vaso y dejarlo caer al duro suelo. Si este no se rompe te doy tres mil euros.

¿Qué harías? ¿Lo tirarías o, por el contrario asumirías el hecho de que el vaso se fuera a romper y desistirías ante la posibilidad, pequeña, eso sí, de ganarte un buen puñado de euros con el único inconveniente de que si fallas perderías un vaso y el hecho de no poder entrar descalzo en la cocina durante unos días hasta que desaparecieran los diminutos fragmentos de cristal roto?

Hubo una vez, no hace mucho, una ancianita que decidió gastarse tan solo dos euros de su escasa pensión de cuatrocientos cincuenta y tres euros mensuales de los que disponía en marcar seis casillas de una primitiva. Acertó los seis.

Es tan cierto que no se de estadística absolutamente nada como que seguro que las posibilidades de que el jodido vaso se rompa sean superiores al noventa y nueve por ciento. Pero, y si…..????
Joder!! Ese “y si….???” no puede parar de taladrarnos el cerebro cada vez que nos surja una idea en la cabeza. ¿Cómo puedes quedarte con la duda de que si por alguna causa física que desconozco hubiera una pequeña, aunque sea remota, posibilidad de que el vaso cayera de tal forma que no se rompiera? Seguramente si tiramos mil vasos los mil se romperían, ¿verdad? ¿Estás seguro de ello? ¿Y si te dijera que puedes tirar mil vasos? ¿No crees que quizás alguno no se rompiera? Entonces quizás ese podría ser tu vaso, ¿No crees?

Dejar de intentar las cosas porque supongamos qué es lo que va a ocurrir me parce un pensamiento cutre. Decir NO ante la posibilidad de mejorar me parece estúpido y realmente absurdo. Solo de mentes cuadriculadas y vagas, solo de almas tristes y derrotadas.

Tengo un amigo físico. Pablo se llama. Pablo es físico, escalador y toca el piano como los ángeles. Si metes todos estos ingredientes en una coctelera y lo agitas sale mi amigo Pablo, un tío bastante normal. Seguramente mucho más normal que tú, y definitivamente mucho más normal que yo. Pero, si no te hubiera dado nada más que los ingredientes y la coctelera seguramente hubieras pensado que de ahí hubiera salido un jugo extraño y, seguramente, de difícil digestión. ¿Por qué? Porque tenemos unas ideas fabricadas y estructuradas desde hace mucho tiempo. Unas ideas preconcebidas e instaladas en nuestro cerebro por el ambiente al que hemos sido sometidos desde nuestro nacimiento, y eso es difícil de cambiar.

Pero, lo que no entiendo es, ¿de qué tenemos miedo? ¿Quizás de estar con la escoba y el recogedor durante un rato barriendo los diminutos cristalitos?

Quizás debiera llamar a mi amigo Pablo y que se llevara mi vaso a un laboratorio. Quizás él podría examinar y estudiar el vaso. Quizás él descubriera cómo se ha de soltar, desde qué altura exacta y cómo habríamos de coger el vaso. Quizás así las probabilidades se redujeran, o quizás no. Lo cierto es que me importa una mierda el vasito, los euros, el experimento y el hecho de tener que recoger durante un rato esos diminutos cristalitos escondidos detrás de cada pata de cada una de las sillas de mi cocina. Lo que me preocupa de verdad es lo que ocurrirá dentro de mí, en mi cabeza, en mi mente si no levanto mi culo del sofá y me dirijo a la cocina, cojo un vaso y lo tiro al suelo. Eso es lo que me inquita de verdad.

Quizás tú lo tengas todo estudiado. Sabrás cómo cambiar tus pensamientos para poder engañar a esa pequeña posibilidad. ¿No es acaso eso lo que llevamos haciendo toda nuestra vida? Y lo bien que lo hacemos, ¿verdad?

Darle la vuelta a la tortilla. “Total, ¿qué son tres mil euros?”. “Ese vaso se hubiera roto SIEMPRE”. Como si tú fueras mi amigo Pablo…

Yo no sé tú, pero yo lo tiraría. ¿Y si.....


viernes, 27 de septiembre de 2013

Sí Sí...lo que tú digas....

Era un caluroso día de verano. De esos días que vas a escalar como por inercia, como si fuera la única cosa que pudieras hacer con un mínimo de recompensa psicológica. Es sábado, y los sábados se escala, no? Yo intento una vía bastante larga. Realmente no es una vía como tal, sino una de esas conexiones que los locales de algunas escuelas se inventan para tener su mente ocupada en el enésimo proyecto. La vía tiene dos partes bien diferenciadas. La primera de ésta es bastante desplomada, salpicadas de innumerables volúmenes de roca en forma de chorreras, bolas y estalactitas. Pero la segunda parte es todo lo contrario; agarres ínfimos tanto para las manos como para los pies. El calor no me deja "tragar" aire; y digo tragar porque ese es el recuerdo de la sensación que tenía en ese momento. Necesitaba aire a bocanadas brutas. Recuerdo que en el reposo, antes de enfrentar el segundo tramo de la vía, mi visión, nublada por las gotas de sudor, se centraba en una higuera que había unos metros a mi derecha, mientras que mi mente suplicaba que ésta comenzara a moverse por alguna ligera brisa que nunca llegó. Así que, desesperado, cansado, sudoroso, temeroso comencé a escalar ese dichoso segundo tramo. Eso sí, motivado, como siempre....

Desde el aparcamiento, esa placa tiene la apariencia de un espejo, salvo que es imposible verte reflejado en ella. Pero en esa ocasión sí tenía la sensación de poderlo hacer. O era quizás una artimaña de mi mente para que contemplara mi cara de agotamiento y sintiera lástima de mí mismo y detuviera la escalada? Inocente-mente. Nosotros, inducidos por algún tipo de endorfina escaladora, no solemos detener una escalada por mucho que veamos reflejada en la roca nuestra cara "lipotímica". Hace falta más que eso. Hace falta que nuestras manos no sean capaces de agarrar ni un vaso de agua, que nuestros pies tiemblen como los de un bailador de jotas (permitidme la horrible comparación) y nuestros codos se peguen mucho, quizás demasiado, a nuestras orejas. Nada más lejos de la realidad, es exactamente lo que ocurrió. El intento fue muy bueno pero acabé cayendo extasiado y, como no, satisfecho por, una vez más, haberlo dado todo.

Mientras mi buen amigo Enri me bajaba al suelo, lugar donde hacía tanto o más calor pero donde se encontraba mi garrafa de agua de cinco litros, intercambiábamos opiniones. Recuerdo (aunque no estoy muy seguro de ello pero no importa demasiado) que le dije algo así como que creía que sin ese calor extremo podría haberla encadenado. Pero lo que sí fue importante fue su respuesta; y ésta la que me hizo, y aún hoy lo sigue haciendo, reflexionar. Me dijo: "A mí me puedes engañar, pero a ti mismo no".

Cuánta razón amigo. Creo que la mayor mentira es la que se hace uno a sí mismo porque desde que esa mentira sale de nuestra cabeza, incluso antes de que salga de nuestra boca,  ya estamos cogiendo al mentiroso; mucho antes que al cojo, sin duda.

Pero en estos día he estado reflexionando (cosa que hago cuando no puedo entrenar ni tengo proyecto
debido a una lesión en mi biceps braquial y que yo no sabía ni que tenía de eso...) sobre el tema.

La afirmación de mi amigo era del todo certera? no podemos engañarnos a nosotros mismo?

Cuando mentimos, y sabemos que estamos mintiendo, nuestro cuerpo puede reaccionar de diferentes formas. Para evitar, de alguna forma, la ansiedad producida por esa mentira (nos produce ansiedad porque estamos en "riesgo" de que nos descubran) solemos tender a elevar el tono de voz, nuestras manos pueden comenzar a moverse de forma descontrolada e incluso llegamos a sudar (dependiendo de lo experto mentiroso que seamos). Pero, y si un mecanismo de defensa para que eso no ocurra fuera creernos nuestras propias mentiras? Si nos creyéramos nuestras propias falsas afirmaciones sería mucho más fácil engañar a los demás, sin duda. El autoengaño, en parte, es un mecanismo de defensa para poder ir un poco más rápido que el cojo; de ello estoy convencido. Pero hay más, mucho más, acerca del arte de la auto mentira. Otra de las más usadas es para quedarnos en una de los sitios más de moda en los últimos tiempos. Y no, no me refiero al bar de copas de moda, ni a una cala de las playas de Roche, me refiero a la Zona de Confort. Si me convenzo a mí mismo de que estoy bien en mi trabajo (aunque sea denigrante para mi cuerpo y mente), no tendré que realizar el temendísimo esfuerzo de "despedirme" y buscar otra cosa.


El auntoengaño existe, y mucho. Más de lo que nunca me hubiera imaginado. Podemos verlo a diario, solo tenemos que pensar en ello un momento.

Si te fueras a un MacDonald, te pusieras en la puerta y a todo aquel que fuera a entrar le preguntaras sobre la opinión que tiene acerca de la comida que allí ofrecen, ¿Qué crees que contestarían?

Ah, por cierto, la vía la encadené al siguiente pegue, con mi amigo Jesús. Pero fue otro día, aún más caluroso si cabe....

Hu Ha......





viernes, 2 de agosto de 2013

UNA LATA A LA DERIVA

Ya lo decía A. Einstein: “El mundo es un lugar peligroso. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”

Una lata de refresco vacía reposa en la arena mojada de una playa gaditana y distinguida playa!!!,  la cual cuenta con el preciado galardón otorgado por la Fundación Europea de Educación Ambiental: La Bandera Azul.

Este premio se otorga por el cumplimiento de una serie de normas en cuanto a calidad del agua, seguridad, prestaciones de servicios generales y de ordenación del medio ambiente. Nada dice el preciado galardón del que muchos gaditanos presumen en las terracitas del paseo marítimo sobre la calidad humana que los usuarios de tales espacios naturales deben cumplir para que sea asignado dicho premio.  Y es que, durante más de cinco minutos estuve contemplando esa lata a la deriva. En julio, en una playa con tal distinción, imaginaos cuánta gente anduvo a escasos metros de esa lata vacía durante el tiempo que permanecí allí, inmóvil, pensando en las sabias, a la vez que inquietantes, palabras de ese científico alemán con pinta de loco.

La lata permanecía ahí y el motivo por el cual era así ya no importaba. Una insignificante lata de refresco vacía entre un océano de agua y un mar de personas cuya única preocupación es no marcharse a casa con arena en los tobillos. Qué importa el motivo por el cual la lata estuviera allí a la vez que cientos de personas contemplan ese hecho sin inmutar su conciencia? Es esto quizás un asunto de conciencia? Las palabras de Einstein se me agarran en la garganta haciendo que me cueste tragar saliva. Estoy asustado, y no por el que arrojó la lata en busca de ética humana no por quien hizo el mal, sino por los otros, los que no hacen nada..

Acaso os preocupa más un solo idiota que una multitud sin conciencia?

Creo que estamos llegando a un extremo en el cual yo no  quiero permanecer. Recuerdo la jodienda de Neo (sí sí, el prota de Matrix) cuando Morfeo le explica cuál es la realidad. Hasta entonces las cosas eran como él creía que era y no ocurría nada. Pero una vez que ya sabía la verdad…. Morfeo le propuso tomar esa pastillita, que nunca recuerdo de qué maldito color era, con la cual, una vez tomada ésta, podría volver a la mentira en la que había estado viviendo siempre y olvidar la realidad que Morfeo le acababa de exponer. Cómo vivir en una mentira habiendo conocido la verdad? Y qué hay de nuestros principios? Cómo vivir así? Como poder vivir con ese peso? Creo que Neo supo que no podría vivir así ni el escaso tiempo que hubiera tardado en tragar la pastilla…

Me gustaría pensar que nadie, absolutamente nadie de las decenas de orgullosos bañistas que pasaron a escasos centímetros de esa lata de refresco vacía la vieron. Me gustaría pensar que era una alucinación mía debido a las malditas altas temperaturas veraniegas que, una vez más,  me impiden escalar haciendo que visite lugares como este. Me gustaría pensar que si no la hubiera recogido yo, alguien más se hubiera tomado la molestia de recoger esa lata. Pero la realidad es bien distinta.

La realidad es que hemos aprendido, y no sé muy bien cómo ni, lo que es peor aún, por qué a mirar para el otro lado. Hemos aprendido a que las cosas no nos afecten. Quizás por supervivencia o más bien por egoísmo? Y sí, tú, egoísta, dirás que es por supervivencia en lugar de por egoísmo para que puedas tener la conciencia tranquila esta noche cuando salgas a tomar copas luciendo bronceado de bandera Azul. Pero la realidad es que la vida hubiera seguido igual si te hubieras agachado a coger la puta lata.

Será también supervivencia cuando puedes seguir comprando la fruta en empresas multinacionales como Mercadona, aun a sabiendas que las naranjas las traen de Argentina en lugar del campo de al lado de tu casa. Sí hombre, las naranjas de Manolo, ese hombre al que van a desahuciar.

Será también supervivencia cuando compras tu ropa en Zara, aunque hace unos meses un incendio matara a más de setecientas personas que trabajaban en condiciones infrahumanas para multinacionales de este tipo.

Será también supervivencia cuando alardeas de que te gusta escalar, el campo, la naturaleza, los sectores tranquilos y limpios y cuando te vas a cagar dejas ahí tu papel manchado de hipocresía y falsedad.

Será también supervivencia cuando ves a tu vecino, tu amigo, tu hermano, tu pareja sufrir y escondes ese sufrimiento detrás de un portón blindado de caridad y humanidad.


Porque ese sufrimiento, esas vidas, ese trozo de tela manchado de sangre y ese papel salpicado de cobardía no pueden alterar una vida armoniosa como la nuestra, verdad? 

Además, quién sabe dónde está Bangladesh??

lunes, 1 de julio de 2013

EL DÍA PERFECTO?

           encadenando Inopia,  mi primer 8b

“No busques el momento perfecto; solo busca el momento y hazlo perfecto”

Es una frase de esas que se oye muy a menudo y que, desgraciadamente, nos hace pensar menos tiempo del que debiera. En un mundo en el que todo tiene que ser perfecto, nuestra percepción de la perfección está sometida a muchos condicionantes. En nuestra búsqueda de “lo mejor de lo mejor” caemos en una continua queja inconformista al comprobar que estamos lejos de conquistar la perfección que se nos vende día a día. El coche perfecto, los niños perfectos, la casa perfecta, el trabajo perfecto, el día perfecto… Nos pasamos la vida buscando una perfección tan ilusoria como inexistente, a la vez que nuestros sueños marchan cansados de esperar…

A priori, finales de junio no es una buena fecha para para escalar en La Muela. Mucho menos cuando la temperatura ronda los treinta grados y sopla viento de levante. En ese caso mejor no ir. Pero mis últimos intentos a la vía me “decían” que ésta estaba cerca, de que sería capaz de encadenarla pronto. Solo necesitaría un día con buenas condiciones, el “día perfecto”. Pero a finales de junio es complicado ponerse a buscar ese día. Quizás no llegase hasta septiembre, quizás este tiempo loco nos de una tregua de fresco dentro de algunas semanas, quizás el viento  cambie en unos días… quizás…

Allí estábamos Enri, Gascón, Godino, Ana, Siani y yo. Suficiente, ya está. Era el día perfecto porque así lo había elegido yo. De hecho me sentía vigoroso, muy motivado. Mucho más motivado de lo que debiera; porque aunque el último intento a la vía fue bastante bueno, en él me había caído dos veces. Sentía que el encadene estaba próximo pero nunca pensé que sería inmediato. No en el próximo pegue, no en este intento, no un día de levante, no con temperaturas que rondaban los treinta grados.

¿Y, por qué no, joder?!! Vamos allá!!

“Inopia” es una vía larga, muy  larga; a la vez que es una vía desplomada, muy  desplomada. Tiene de todo: Chorreras, regletas, agujeros, laterales, chorreras, invertidos, reposos de rodilla, chorreras. Las chapas están lejos, muy lejos. Hay tramos en los que podrías meter chapas intermedias y aún no estarían las chapas cerca. “Inopia” es una vía de continuidad, de mucha continuidad, en la que los pegues podían durar hasta una hora. “Inopia” es una vía espectacular, una obra de arte que la naturaleza ha querido regalar a los escaladores. Me da pena pensar que sea difícil encontrar otra vía que derroche tanta belleza gestual como “Inopia”. Aunque por otro lado sé que la belleza es algo que surge de nuestro interior y que mucho tiene que ver con lo que realmente queramos ver.

Una obra de arte que solo los escaladores podemos percibir; eso hace que aún tenga más encanto. Una obra de arte que solo los escaladores que se esfuercen lo suficiente para poder escalar una vía como “Inopia” pueden percibir; eso hace que aún tenga más encanto. Quizás más que un regalo es un intercambio por el esfuerzo y dedicación de quienes perseguimos nuestros sueños. Porque yo soy  de los escaladores malos; pero también de los constantes, de los que un veintinueve de junio a las dos de la tarde se ata a cuerda, se pone los gatos y con su puño golpea el puño de su mejor asegurador, de Ana. Mi puño contra el puño de Ana en señal de que lo vamos a intentar a muerte, juntos, hoy, sin importar que día sea ni de donde venga el viento. Gracias…

Creo que  tardé mucho,  no se cuánto, quizás una hora, no lo se. Pero fue algo increíble. Muchos, muchísimos pensamientos en mi cabeza, miles de sensaciones diferentes.

Una batalla que en esta vía comienza en la cuarta chapa. Desde ahí una lucha constante contra la gravedad, contra mis fuerzas, contra mi mente. Ésta última me juega malas pasadas. Después de superar cada sección difícil me siento un poco más cerca de mi objetivo y eso me pone nervioso. A cada movimiento estoy  más cerca, más nervioso y más cansado. Los últimos movimientos son muy al límite, tanto que aún hoy  no se cómo no llegué a caer en varias ocasiones.

Nunca había peleado tanto por encadenar una vía. Nunca había encadenado una vía tan difícil. Nunca había escalado una vía tan bonita. Quizás por eso haya sido tan especial.

Gracias, por supuesto, a esa gente que comparte esta pasión conmigo, y sobre todo a los que allí estaban. Ellos son los que hacen que todo tenga sentido, el sentido de la vida…

“Inopia” mi primer 8b.


Hú Há.

lunes, 17 de junio de 2013

"TALENTO VERSUS HABILIDAD"

En primavera de 1999 - creo recordar que fue en esa fecha - un amigo me llevó a una escuela de escalada gaditana - ahora un poco olvidada por los escaladores – para que probara por primera vez en qué consistía eso de subirse por las paredes. Recuerdo que solo probé una vía. Era una vía de quinto grado muy  cortito y, para su dificultad, un tanto “explosivo”. He de decir que desde entonces he podido ver a muchos escaladores en su primer día de escalada. He visto a gente que se le dio genial en su primer día y a otros que lo hicieron de una forma nefasta. Con el tiempo me di cuenta de que yo fui del grupo de los que lo hicieron de forma lamentable ese primer día. Pero desde entonces, desde aquel instante, después de hacer esa vía de quinto grado, supe que lo que quería hacer en mi vida era escalar. Lo supe, sin más. Por mi cuerpo recorría una sensación indescriptible en aquel momento. Estaba feliz, muy feliz. Pero lo más curioso es que no estaba tan feliz con lo que había ocurrido ese día como con lo que iba a ocurrir desde ese momento hacia adelante. Y eso que en aquel instante no fui consciente de que aquello iba a cambiar tanto  mi vida.

Desde entonces no he parado de estar en la montaña. Si bien es verdad que en los primeros años alterné mucho la escalada deportiva con otras facetas de la montaña. Quería conocerlo todo, quería estar en la montaña, conocer esos bellos paisajes que nos ofrece cada rincón natural de nuestra geografía. En esos primeros años aprendí sobre las montañas en general y sobre la escalada en particular. Aprendí de una forma autodidacta, preguntando, leyendo e investigando. Me encantaba todo lo relacionado con el aprendizaje acerca de los diferentes aspectos de la montaña; técnica, seguridad, peligros objetivos, subjetivos…

Así pasaron los años hasta que en 2004 vino la segunda revelación de mi vida. La escalada en roca se apoderó de mí y comencé a vivir la escalada deportiva de una forma diferente. Construimos un pequeño plafón y comenzamos a entrenar en un diminuto garaje de tamaño poco mayor que un Ford Fiesta. Si ya pensaba que eso de la montaña y la escalada me encantaba, en ese año 2004, mi fascinación por la escalada aumentó exponencialmente.

Desde entonces no he parado de escalar y de conocerme a mí mismo como persona y como escalador. Sin dejar nunca de progresar, sin dejar nunca de aprender…

Desde entonces hay una palabra que comienza a estar presente de una forma más o menos constante en mi cabeza. Motivación. Digamos que parece que esa palabra adquiere un novedoso significado; el más estricto significado posible.

Hace unos días, mientras veía un vídeo en internet, reflexioné sobre una idea que éste ofrecía. Era la diferencia entre talento y habilidad. Decía así:

“El trabajo duro vence al talento cuando el talento no se está esforzando. Existe un defecto generalizado que es no saber diferenciar entre talento y habilidad. El talento es algo con lo que nacemos. La habilidad es algo que se crea con determinación y con esfuerzo. Con horas y horas de dedicación a lo mismo. Y no importa cuánto talento tengas. Tu talento te va a fallar como no trabajes en tus habilidades. Hay muchísima gente genial que se acomoda en ese talento y no tiene éxito en un campo porque eso no es suficiente. Deja de lado tu negatividad y deja de ponerte excusas para no salir de tu zona de confort. Ayer era tarde. Ya tendrás tiempo después de volver, cuando lo hayas conseguido, y decirles a todos lo que te están diciendo que no es posible que ya lo has hecho”

Yo nunca fui talentoso con esto de la escalada. Físicamente no reunía esas cualidades innatas, envidiables, o cuanto menos admirables, que he visto en algunas personas que al final, con el paso del tiempo, han dejado la escalada. Siempre me he preguntado hasta dónde podría llegar, cuán “alto” podría escalar con los ingredientes genéticos que poseo. No poner excusas es sinónimo para mí de poner toda la…”verdura en el asador”. Hacer que esos ingredientes genéticos tomen forma y se combinen para formar el plato más delicioso posible. Me motiva darlo todo y poner todo mi esfuerzo, me motiva mucho intentarlo. Sobre todo porque esa motivación de la que hablo me hace disfrutar de cada sesión de entrenamiento y, del mismo modo, hace que me encuentre perdido en esta semana en la que me toca descansar. No importa qué niveles escale la élite, ni qué nivel escale mi compañero de cordada, ni qué nivel pensé en aquel año 2004 sería capaz de alcanzar. Los límites nos lo ponemos nosotros. Eso es lo que me motiva. Pensar que no existen esos límites, que podemos escalar cualquier cosa, aunque para ello no valen las excusas.

Todo es verdad y todo es mentira en la medida que nosotros permitamos que lo sea.

Y tú, que quieres hacer…???


lunes, 27 de mayo de 2013

LA LLAVE

Ya lo decía Dalai Lama: “Casi todas las cosas buena que suceden en el mundo nacen de una actitud de aprecio por los demás”.

Siempre he dicho que el motor que hace que se pongan en funcionamiento todos los mecanismos para que las cosas sucedan y para que los sueños se cumplan es la motivación. Si andamos motivados analizaremos nuestra forma de escalar, nuestros errores en la roca, descubriremos nuestras carencias, entrenaremos nuestras debilidades, iremos al roco a machacarnos e incluso disfrutaremos del proceso, de la progresión y, obviamente, de los resultados. Una persona con condiciones llegará lejos, pero una persona motivada no tendrá límites.

Pero si el motor es la motivación, la llave que acciona ese motor es la actitud. No nos engañemos. La actitud es la que hace que esa motivación se produzca y se desarrolle, es la que hace que arranque ese motor; y de nosotros depende girar la llave hacia un lado u otro.

Mira a tu alrededor y compruébalo tú mismo. Obsérvate. Tienes la llave. Pero,  ¿hacia dónde estás dispuesto a girarla?

¿Te has fijado en la gente motivada?

Pongamos un ejemplo de alguien motivado con una actividad determinada. ¿Se os ocurre alguien? Por ejemplo un escalador famoso, ¿ok?

Si nos fijamos, puede ser que esa persona tenga más o menos cualidades innatas. Supongamos que la persona de la que hablamos ha encadenado recientemente la vía más dura del planeta o que ha quedado en primer lugar en el campeonato del mundo de escalada. Seguramente, si analizamos su físico, para llegar a esos niveles, esa persona cuente con unas cualidades físicas innatas. De acuerdo, pero mira que hay detrás de esos resultados.

Si nos fijamos, por ejemplo, en Adam Ondra. ¿Qué creéis que hay detrás de un resultado como encadenar la vía más dura del mundo? Puede que en los noticiarios den bombo a que un jovencito de apena veinte años, imberbe todo él, ha logrado encadenar una vía cotada de 9b+. Claro. Pero, ¿y detrás?

Detrás horas de duros entrenamientos, miles de kilómetros de carretera, noches gélidas durmiendo en un saco de dormir, un pegue, otro pegue, otro pegue… Dejar la vía, volver a casa y seguir entrenando. Duros entrenamientos y de nuevo miles de kilómetros para volver a intentarlo. Dormir en un saco de dormir en una gélida noche y un pegue, y otro pegue y otro pegue….

La motivación es sin duda el motor. Sin motivación Adam no hubiera vuelto a intentarlo, hubiera renunciado.

Pero la actitud….

La actitud es la llave que acciona ese motor. ¿Crees acaso que la motivación viene, o va, como un ligero dolor de cabeza? No, en absoluto. La motivación nace de una actitud, y se mantiene gracias a ella. La actitud es la que nos hace ser como somos, la que hace que nuestros objetivos y metas estén presentes para que así el motor funcione y podamos llegar donde queremos.

Queremos viajar mil kilómetros por carretera para escalar en ese maravilloso cañón verdad? Tenemos un coche estupendo con asientos de cuero muy confortables. Pero necesitamos que el motor esté en condiciones para que podamos recorrer ese largo camino. Si es así, no importa cuántos baches tenga la carretera, pues disfrutaremos del camino porque el coche es genial. ¡Es un pedazo de coche, amigo! 
Asientos de cuero, equipo de música última generación, GPS, minibar, minigolf, minibulder, TODO lo que tú quieras que tenga!!! Pero necesitamos que el motor funcione. Y no solo eso!! Eso es fácil. Lo más difícil es que necesitamos que el motor aguante todo el recorrido. Una vez sepamos el destino y qué motor le vamos a poner a esa maquinaria solo nos queda dar el paso. Accionar la llave. Para qué lado le vas a dar tú?

El coche eres tú amigo

El motor es tu motivación

Y la llave es tu actitud

No lo olvides…!!



domingo, 12 de mayo de 2013

EL SENTIDO DE ENCADENAR....

 El impresionante muro de La Muela desde el aparcamiento.


En esas horas muertas del descanso necesario entre pegues, bajo una gran muralla de roca, sentados sobre una polvorienta piedra, conversamos. A veces reímos y, otras en cambio, nuestras charlas se vuelven un tanto más serias. Ayer hubo de todo. Los temas se suceden unos a otros, se solapan, se pisan. No existe ningún guión preestablecido y eso creo que nos gusta porque nos hace sentir cómodos, sin tener la obligación de llegar al fondo de ninguna cuestión. No debemos, ni queremos, ni nos apetece arreglar el mundo. Solo somos escaladores descansando antes de dar un pegue a una vía dura. Solo damos nuestra opinión, y en muchos casos ésta está perjudicada por un cerebro que no rinde bien después de una fatigosa escalada de cuarenta metros.

De entre tantos temas sin sentido de los que hablamos hay uno que me hace pensar especialmente; por no tener eso mismo, sentido.

“Los conquistadores de lo inútil” como diría Lionel Terray. El sentido de subirse por una pared de 35 metros desplomada, sufriendo, desgastando el físico, luchando contra la gravedad al mismo tiempo que contra los pensamientos. El sentido de intentar subirte una y otra vez por esos metros de roca. Y hacerlo sin caer, hasta llegar a la cadena. Y una vez lo consigue qué ocurre?

- Nada.

-¿Nada?

- Nada.

Nada ocurre más que lo que tú quieras que ocurra.  Las cosas tienen el sentido que nosotros queramos darle. De hecho, creo, que si hay una cosa por lo que este fin de semana haya sido especial ha sido por esa hora mágica que tardé en encadenar mi vía más dura hasta el momento…

Hasta el momento…

Después de dos días de reposo me siento algo nervioso. Creo que ese nervio, en su justa proporción y medida,  es necesario para llevar esa chispa de motivación para encadenar algo que te resulta realmente duro. Ese nervio es lo que te da el empujón en ese bloqueo extremo. Si no tienes ese nervio no podrás sacar todo lo que llevas dentro, no tendrás esa chispa de energía y caerás. En cambio, si el nervio es excesivo te precipitarás, no respirarás bien y no podrás controlar esa invasión de pensamientos que te bombardearán durante esa hora que dura ese definitivo intento y caerás.

El último día que probé la vía pude hacer el movimiento más duro pero no terminé de agarrar bien esa ínfima regleta vertical y caí. Mi amigo Enri siempre dice que hay que sacar algo positivo de cada pegue. En el primero del día noto que no voy caliente, vuelvo a coger esa regleta pero, como la última vez, no del todo bien y  caigo. Normalmente los segundos pegues son mejores porque me siento bien caliente, siento mis músculos relajados y fogosos al mismo tiempo, y eso me gusta. Debo concentrarme; pero no en coger la regleta, sino en que el bloqueo del bidedo  anterior a la regleta sea lo suficientemente bueno para que me permita coger bien ésta. Esa es la clave.

En días anteriores he podido hacer varias veces la vía con una sola caída. Después de caer en el crux resolvía el paso y llegaba hasta la cadena. Pero siempre haciendo un derroche enérgico excesivo. Ahora me sentía fuerte para resolver la secuencia dura entera. Pero, ¿y el resto?

“Vale Jose, si eres capaz de resolver el crux entero te vas a quedar muy muy tostado. ¿Cómo vas a encadenar la vía si siempre que la hacías con una caída llegabas a la cadena con ganas de echar la primera papilla?”

Ese argumento se me repetía una y otra vez mientras aseguraba a Nina en su proyecto.

“Joder tío, deja de pensar, escala, dalo todo, disfruta, escala. Para esto estás aquí. Haz lo que tantas veces haces en tu mente cuando cierras los ojos cada noche. Coge ese bidedo, gira la muñeca, clava el pie derecho y bloquea, bloquea a muerte. Bloquea tanto como sea necesario para coger esa mierda de regleta vertical. Mete el dedo gordo, mueve pies y estírate hasta la siguiente regleta”.

¡Hecho! ¡Lo he hecho!! Y, ¿ahora qué?

“Ahora escala Jose, sufre, dalo todo… Ahora no se trata de estar fuerte, ahora se trata de creer, de querer, de esperar, de estar ahí, en el reposo, respirando, disfrutando, sintiendo la roca, cogiendo magnesio. Se trata de notar como las pulsaciones bajan y los brazos recuperan. Se trata de sentir la brisa generosa que mece las dos cintas que te quedan hasta la gloria. Se trata de estar ahí, presente. Respira, disfruta, saborea el momento. Escala Jose, escala lo mejor que puedas…”

Hechizao 8a+/b

Imponente la linea de "Hechizado, 8a+/b"

Para mí tiene sentido. Se lo doy cada vez que cierro los ojos y recuerdo como ese paso no me salía ni habiendo descansado un rato antes de intentarlo; cada vez que recuerdo esas primeras veces que no podía intentar la parte de arriba porque no podía hacer ese movimiento; cada vez que cierro los ojos y recuerdo que una vez que pude hacer el movimiento creí que encadenarlo, desde abajo, sería algo muy muy duro y difícil. Para mí sí tiene sentido porque hace un par de semanas lo veía improbable, por no decir imposible (because impossible is nothing) y ayer pude hacerlo.

El sentido se lo doy por el reto. No porque haya conquistado nada, ni mucho menos, sino porque he puesto en práctica y he movilizado todos mis recursos para poder conseguir algo que me motivaba. La motivación es el motor que hace que las cosas sucedan y los sueños se hagan realidad. Y así ocurre con todo en la vida. Como dice Javi “yo voy a seguir apretando hasta que no pueda más”. O, por lo menos, mientras le vaya viendo el sentido…

" Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto. " Will Smith

Hu Ha….


jueves, 9 de mayo de 2013

EL GESTO...


En el crux de Hechizado 8a+/b

Estoy yendo un día sí y otro no a La Muela. Básicamente mi jornada de escalada comienza a eso de las nueve de la mañana, cuando me preparo un "desayuno" compuesto por pan de centeno, tomate, queso fresco, miel, espinacas y mermelada. El "desayuno" lo patentamos Ana y yo en El Chorro, y hoy se ha convertido en algo "imprescindible" en los días de escalada. Todo preparado en el viejo Golf y rumbo a La Muela con mi fiel perrita Luna en el maletero. Me encanta ese viaje a La Muela; el paisaje, ese cielo azul que cada mañana me acompaña en el camino; el cambio de paisaje es fascinante: de la llana Bahía gaditana a la campiña jerezana;  posteriormente, las suaves lomas de la campiña dan paso a las moles calcáreas de la sierra. Todo un espectáculo de luz y de color. Por último atravesar el pequeño pueblo de La Muela y ver a sus vecinos, los cuales parecen vivir en un mundo diferente del que vengo,  me hace reflexionar: pienso en qué hay de cierto en todas esas “necesidades” de las que somos esclavos día tras día, en esas necesidades de carácter impuesto, de las que ya ni tan siquiera nos damos cuenta. En esta pequeña villa todo sucede de una forma diferente, como más pausada. Yo diría que más puro y menos artificial; más real.

No puedo evitar que durante gran parte del recorrido mi mente divague a sus anchas por cada movimiento de esa vía que, en estos instantes, forma parte de mí. Cuando eso ocurre mis manos comienzan a sudar e incluso se me llega a acelerar el pulso. En mi cabeza veo ese movimiento, me veo haciéndolo, e incluso puedo llegar a sentir el tacto de la roca y el cansancio de mis músculos.

Una vez alguien me dijo que “la verdadera escalada es la escalada a vista”. No sé yo. Quizás afirmar esto sería como decir que las tías que están buenas son las rubias; cuando Megan Fox es morena. Quizás ese alguien tuviera poca memoria para recordar movimientos, quizás tuviera poca fuerza de voluntad para volver a intentarlo, quizás quería menospreciar un tipo de escalada que a mí me parece increíble…

Hechizado: L1 7c – L1 + L2 8a+/b

El primer largo lo hice hace varios años. Por supuesto que tuve que darle varios pegues porque había un paso arriba que no me salía. Recuerdo que era verano. Salía con mi amigo Varo desde Puerto Real por las tardes, después del trabajo. Llegábamos a La Muela a eso de las 16:30h. Calentábamos en la misma vía, ya que a esa hora todas las vías donde podíamos calentar estaban al sol. Un pegue para calentar y dos pegues a muerte cada uno. Resultado: A las 22 estábamos en casa reventados, sin piel en las manos y con ganas de volver a intentarlo. Una vez que nuestro cuerpo se adaptó a los movimientos de la vía el encadene de ambos no tardó en llegar.

El año pasado hice el intento de probar la segunda parte. Dos chapas después de la reunión del primer largo empieza realmente la vía. Una sección a bloque que tardé mucho tiempo en comprender. No fue hasta hace una semana cuando pude resolver el movimiento de forma aislada. Joder, me pareció francamente duro. Pensé en la dificultad de realizar el movimiento después de 25 metros de desplome y chorreras. Inhumano!!! Pero la vía no acaba con esa secuencia a bloque. Luego unos metros de resistencia sobre chorreras y pies romos. Toda una odisea.

Pero ayer ocurrió algo. Algo que me hizo recordar por qué me gusta este tipo de escalada que alguien un día menospreció. Ayer puede hacer por fin el bloque encadenando. Pude enlazar ese paso realmente difícil, y que no podía realizar hace varias semanas, con los 25 metros de escalada que llevaba “a cuesta” en mis antebrazos. Magia?  No. Fue “El Gesto”

Está claro que el resultado de ensayar una vía se traduce en una asimilación de cada movimiento de la ruta. Poco a poco tu cuerpo se va haciendo más fuerte para cada uno de los movimientos. Éstos cada vez cuestan menos. Pegue a pegue mejoras, corriges, aprendes. Es todo un trabajo mental y físico en el que ser constante es un requisito imprescindible.

Pero, “El Gesto”?

No sabría explicarlo. A la sección dura hay que llegar fuerte, con oxígeno en los antebrazos, con energía y motivado. Pero no solo eso era necesario para hacer el movimiento. “El Gesto”. El gesto que aprendió mi cuerpo ayer es el que hizo posible que agarrara esa pequeña regleta, ese movimiento imposible de enlazar hace pocos días. No sabría explicar cómo, pero hasta tres veces conseguí ejecutarlo. Claro que caí dos segundos después….

No sé yo si este tipo de escalada es el bueno o no, pero me encanta. Y estoy deseando volver a intentarlo, volver a darlo todo, volver a esa sección de bloque y realizar de nuevo ese gesto…

Hu Ha….


domingo, 28 de abril de 2013

ESTAMOS DENTRO!!

                                   el muro desplomado de La Muela....

La Muela season has already begun….

Las cintas cuelgan de nuevo en las vías decorando éstas como los adornos de un árbol de navidad. Que si la temperatura es perfecta, que si el tacto es bueno, que si las vías ya están apunto… Qué ganas por Dios!
Este año, después de lo lluvioso que fue el invierno, las vías se han secado muy rápidamente debido a los días de viento de levante y altas temperaturas que hemos tenido semanas atrás. Como decía ayer mi amigo Gascón: “Estamos dentro!”

Pistoletazo de salida y con más ilusión que nunca. Quizás porque después de estos últimos meses de estudiante pureta necesitaba la conexión con la motivación en estado puro. Esa motivación es la que te hace tener una secuencia de movimientos en tu cabeza una media de doce horas al día. Las otras doce las paso durmiendo o pensando en…. en cosas.

Ayer fue el segundo día que estuve probando Hechizado. Una vía de unos 35 movimientos y un desplome considerable. Toda una escalada exigente, muy física y en la que se necesita tener pilas de repuesto y recargables para llegar al top. Escalada sobre chorreras, con una secuencia por encima de la mitad de la vía que, en estos momentos, me parece imposible encadenar. Llegando al crux me encuentro demasiado cansado para poder hacerlo. Me paro y lo resuelvo en seguida, Luego a seguir sufriendo. Los últimos 8 metros te dejan exhausto. Sobre el grado he de decir que por comparación con otras vías de La Muela debe rondar el 8a+/b.  Jesús en “Tsunami”, Magarzo en “100% Natural”, Javi en “Impresionante”, los polacos en todo lo que pueden (que es mucho…) Motivación y fanatismo en cada metro cuadrado de caliza desplomada y ese olor característico de un lugar como este.

Hoy estoy tan cansado que me da risa pensar en escalar. Creo que voy a necesitar dos días de reposo para poder volver a intentar la vía. 

Qué bueno es escalar!!!

martes, 23 de abril de 2013

EL DÍA PERFECTO...


Esta mañana al despertar tenía una extraña sensación de emoción. Es un sentimiento inexplicable. Me acuerdo de pequeñito que, al despertar, los días en los que jugaba el Barcelona contra el Madrid, tenía esa sensación de emoción. Rápidamente mi mente se ponía en funcionamiento hasta que averiguaba que era el día del partido y ya tenía la explicación de por qué me levantaba así de excitado.

Hoy ocurría lo mismo. Había también un gran partido; pero había algo más importante: volvía a ir a escalar a La Muela; pero había algo más importante: hoy me daban la nota de las pruebas de acceso a la universidad.
Bueno vamos por partes. Esta mañana lanzaba mi pensamiento al ciberespacio: “Hoy puede ser un gran día para que sea un buen día. Luego os cuento…” Pues a eso voy…

Esto ya lo he contado, pero me gusta repetirlo. Una vez me preguntó una chica: “Oye, y a parte de escalar haces algo más??” A lo que respondí: “Sí. Bulder, hago bulder”.

Amo la escalada. Eso quizás no lo entiende mucha gente, y es algo que me da tristeza. Amo la escalada porque después de 13 años que hace que empecé aún tengo días como el de hoy que me dejo envolver por la belleza de esta forma de vida. Todo empezó ayer:


Busco compañer@ para ir hoy a La Muela y se ofrece Nina. Nina es una chica croata de 23 años. Muy menuda, con una voz tan aguda que si la eleva un poco te puede llegar a hacer daño en el tímpano. Ayer hablo con ella por Facebook y le pregunto si hoy iría a La Muela. Me dice que es su Rest Day - porque claro toda la conversación con ella es en un perfecto inglés londinense – pero que se ofrece sin ningún problema a ir a asegurarme si estoy motivado y no tengo partner. Le digo que está loca, que no se preocupe, que no es necesario. Joder, tengo ganas de ir a La Muela, pero no para hacer ir a esta chica desde Antequera a La Muela a asegurarme. Pero ella insiste tanto que no tengo más remedio que aceptar. Los polacos hacen clecas y también hacen  estas cosas, todo hay que decirlo. He de decir que escalar así es la perfección. Practico inglés y escalo cuando quiero. No tengo que asegurar ni prisas por bajarme de la vía. Descanso lo que quiero y doy por finalizada la sesión cuando quiero. Ha sido lo más parecido a escalar con Caddie. Gracias Nina, te debo una!!

Así que, con tanto a mi favor, resuelvo por fin cada sección de Hechizado, 8a+/b. Creo que es una vía que me va a costar bastante, porque cuando llego al crux estoy tan petado que no puedo ni intentarlo. La primera parte es un 7c de unos dieciocho metros que tengo bastante controlado. Luego algunos movimientos más de buen canto pero paso largo hasta el crux. Total unos veinticinco metros. Luego le siguen otros diez metros de escalada complicada, de continuidad sobre una chorrera bastante roma. Joder me sudan las manos!!!! Solo pienso en volver ya!!!!

Así, bajo ese día de escalada perfecto, con ese cielo azul intenso, con esos verdes primaverales, esa luz y ese olor a Muela me marcho a casa con la piel desgastada y el alma un poco reparado.

El día buen día sigue cuando enciendo el teléfono y me llega un Whatsapp de mi hermana. “Has aprobado!! Tu nota es de 7,918, enhorabuena!!” Joder, hija de puta!! Se ha metido en la página de la UCA y ha metido mi DNI para enterarse de la nota!! Qué alegría, de verdad.

Después del esfuerzo realizado durante estos últimos meses he obtenido una buena recompensa. Y cierto es que todo estuvo a punto de joderse en el último momento. He de confesar que no sé muy bien cómo fui capaz de poner mi mente en cada pregunta de cada uno de los cinco exámenes que tuve que hacer en dos días seguidos, de forma casi ininterrumpida (la tarde del viernes y la mañana del sábado). Esto me da que pensar que al final la vida es más justa de lo que a veces llegamos a pensar. Estoy orgulloso, Claro que sí. Aunque sé que lo podía haber hecho mejor la sensación es de satisfacción.

Quiero dar las gracias a algunas personas que, sin ellas, quizás no hubiera sido posible aprobar. Ante todo a mis padres. Sin dudas han sido el pilar para que pudiera intentarlo. Luego a Ana, que siempre me animó y apoyó, e hizo que pudiera disfrutar de muchos buenos momentos al margen de los estudios. Gracias de corazón.

Otra cosa que ha pasado hoy es que me ha salido un más que posible comprador de mi furgo. Un señor gallego que la quiere para su hijo y que parece ser que pasado mañana coge un vuelo para plantarse aquí y llevarse mucho de mis sueños. Es una buena noticia, claro. 



Pero el día perfecto no existe, solo los días buenos, como este…

Buenas noches…