jueves, 20 de diciembre de 2012

WELL DONE DUDE...!!


Me cansaré alguna vez de este lugar?.....

Las dos horas y media de trayecto las paso divagando entre los recuerdos que me he llevado tantas y tantas veces de este lugar. Ahora, de nuevo en la carretera como si el tiempo no hubiera pasado, de nuevo observando los pequeños pueblos que me acompañan en el viaje y que, alguna vez, me han servido de lugar de descanso en este recorrido ya familiar.

Llego de noche e imagino ese paisaje que tan presente tengo  en mí, y que, en la oscuridad de esta noche de finales de año, no puedo contemplar. Imagino esa curva que ahora tomo y que me da la bienvenida con su majestuoso Caminito de El Rey; imagino el embalse a mi izquierda, con sus tranquilas aguas provenientes del desfiladero de Los Gaitanes; imagino ese muro solemne de Las Frontales, vigía y testigo de tantas aventuras, de tanta gente, de tantas nacionalidades diferentes que sería imposible llevar la cuenta; imagino cómo ha tenido que ser el día en El Chorro…

Aquí los días no aparecen en el calendario, las horas no tienen minutos, el tiempo, como lo conocemos, no existe. El día comienza cuando amanece, o cuando despiertas; la mayoría de las veces suele coincidir. Entonces levanto sutilmente la persiana de mi furgo con ilusión y expectación; primer vistazo al cielo y, posteriormente, a los eucaliptos que nos refugian de la humedad cada noche. Cielo azul y los eucaliptos apenas se mueven. Salgo de la furgo y este aire fresco entra en mis pulmones dándome los buenos días. Ya no tengo que imaginar nada. “Mi casa” está situada en “el corazón” de El Chorro. A mis pies el embalse, calmado, tranquilo, como yo en estos momentos. A mi derecha puedo ver el desfiladero con su majestuoso e implacable “caminito”. Al girarme, puedo ver, entre las verdes hojas de los eucaliptos, una pequeña porción de roca caliza iluminada por el sol de esta mañana andaluza de diciembre; la pared dorada de alguna parte de las frontales. Luna, mi perra labradora, que parece tan “inquieta”, como las aguas del embalse a estas horas de la mañana, sale y comienza su jornada de juegos con sus vecinos caninos. Yo desayuno tranquilamente. Por la ventana de la furgo comienzo a ver a los escaladores más madrugadores desfilar hacia los diferentes sectores de El Chorro. Todos con sus ilusiones, sus proyectos, sus ganas de aventura. Me pregunto hacia dónde irán… Quizás al Maki? A las Encantadas? A la Poema? A Escalera Árabe? Circo Suizo? Albercones? Caminito de El Rey? Momia? Y es que, son tantos sectores, tantos metros de pared por escalar que podrías quedarte toda una vida escalando en la caliza de El Chorro y no tocar muchas de sus rutas.

Después del desayuno toca preparar el material. Cuerda, cintas, pies de gato, magnesera cargada, agua, agua para Luna, bebedero de Luna, fruta, ropa por si hace frío a la tarde, ropa para el calor de medio día, ilusión y ganas de apretar. Todo a la mochila!!
Después de visitar a mis vecinos Javi y Samu decidimos ir a Poema de Roca. Para mí, junto al Maki, el mejor sector de El Chorro. Vías largas de pura conti, desplomadas, con buen agarre, con su “agarre particular”, chorreras, muchas chorreras. Qué ganas!!

El calentamiento se hace duro. Nos decidimos por el primer largo de “El Fin de una Vida, 7b”. Después de una semana sin roca cuesta calentar en una vía de esa dificultad. No me encuentro cómodo en la roca. Hace calorrrrrr y somos tres. Luego hacemos otra vía más conocida, “Viejo Traidor, 7b+”. Tenía ganas de hacer una vía así para coger el ritmo. Mucho canto, buen agarre, movimientos atléticos sin llegar a ser duros. Pero sigue haciendo calor. En las últimas semanas he estado haciendo vías que me quedaban por este bello muro. Las vías, a mi parecer, son de una calidad excelente, pero sobre todo los segundos largos de algunas de las vías más solicitadas. Tras echar un vistazo al imponente muro vemos cintas colgando en una vía que aún no había hecho. Su nombre “Rudolf, 7c+/8ª?”. Me da igual el grado, quiero probarla!! A menos que tenga la misma calidad que los demás segundos largos que he estado probando será una ruta extraordinaria.

Después de un primer pegue con un calor horrible y un segundo pegue en el que apreté más de lo imaginable llego a la conclusión de que la vía puede ser el segundo largo más duro de los que he hecho aquí por el momento. Los movimientos no me parecen duros, pero sí muy físicos, sin muchos descansos, muy de tener pilas y escalar “alegre”. Empotramientos de rodillas, pinzas, invertidos, ambiente, mucho ambiente…

Llega la tarde y el sol se esconde por el farallón rocoso de “La Momia”. El atardecer en este lugar me parece de una belleza insultante. Los buitres, que nos han acompañado durante toda la jornada, ya hace rato que se posaron sobre sus privilegiados nidos. Ahora son las escandalosas chovas las que hacen su aparición llenando de vida la pétrea montaña. Una negra bandada de estos córvidos se acerca a una de las cuevas que hay en mitad de esta pared de doscientos metros. Poco a poco, en una muestra de respeto y orden entre ellos mismos, se van introduciendo en el oscuro agujero. Esto indica que la noche está al caer, y nosotros aún andamos por aquí. La noche nos pilla en el descenso. Caminamos por una pista forestal que atraviesa este espléndido pinar hasta llegar al coche. El descenso es suave, tanto que podemos intercambiar opiniones acerca de los movimientos de las vía, de los grados, o de cuántas cervezas nos va a tener que invitar la chica alemana a la que desmontamos una vía porque ella no podía y su compañero se había hecho daño en un pie por una mala caída.
Las últimas horas de la jornada las pasamos entre risas y los quintos de cervezas de cincuenta céntimos de El Refugio. Samu saca la guitarra y Krespo un instrumento fabricado por él que no recuerdo como se llama. Es algo así como un tubo muy gordo fabricado con madera, de más de un metro de largo y que cuando se lo pone en la boca y sopla reproduce un sonido espectacular; una mezcla entre sonido relajante y sonido “el mundo se va a acabar seguro, pero no el día 21, sino ahora mismo!!”

Después de un rato entre sonidos fantasmagóricos, muchas mentiras de encadenes que nunca se produjeron y algunas cervezas, marchamos a la furgo Luna y yo. Vuelta a empezar. Todo esto el martes, puede haber un día mejor?

Miércoles…

El plan era ir a El Maki. Ir a El Maki es una controversia. Un sitio espectacular, unas vías increíbles; la paz convertida en zona de escalada, verídico. Quien no haya ido nunca a El Maki que se prepare para uno de los lugares para escalar más bellos del mundo!! Quizás exagero un poco, o no…     Pero está lejos. Una hora de camino subiendo una cuesta que cuando vas por la mitad no te crees que hayas subido tanto y que aún te quede tanto por subir. Subir a El Maki no te deja indiferente, eso seguro.
Pues tras ponerme la mochila, sentir mis hombros agarrotados del día anterior e intuir que el día tenía pinta de ser más caluroso que el anterior, y que ese calor me iba a pillar a mitad de esa infernal cuesta, decidí cambiar de plan y tentar a mi suerte. Iría de nuevo a Poema Roca en busca de algún alma caritativa que quisiera asegurarme un rato.

Calor. Yo creo que más incluso que ayer. Me acoplo con Steve, David y una chica de la que no recuerdo bien el nombre. Ir a sectores de El Chorro solo me motiva porque puedo practicar my poor english. Leo, tomo el sol, me pongo a la sombra en los momentos en los que el sol achicharra mi piel, hago una vía, mucho calor. Sigo leyendo y practicando mi pobre inglés (eso es lo que quise decir antes), tomando el sol a ratos. Hago otra vía, me duele la piel de mis manos, sudo, me pongo a la sombra, leo, practico inglés. La idea de tomarme el día de “descanso” ronda por mi cabeza. Miro una y otra vez las cintas colgando de la vía que probé el día anterior. Tengo ganas de volverlo a intentar pero quizás no sea hoy el mejor día. Me encontraba cansado, la piel me quemaba… Pero la sombra comienza a darle a parte de la vía a la vez que unos cirros se interponen entre el sol y nosotros, haciendo que éste baje su intensidad. Steve me pilla y vuelo por la roca. En el comienzo del segundo largo descanso con la rodilla derecha empotrada en una chorrera. Me quito la camiseta y me digo a mi mismo mi mantra particular de los últimos días de escalada. El mismo mantra con el que pude encadenar las últimas vías de este mismo sector. “siéntete ligero” me digo una y otro vez.. “siéntete ligero y escala”, “muévete”, “ligero”.


Lo que vino después fue, quizás, una de las sensaciones más placenteras que he tenido nunca. Nuestro yoga particular, nuestra forma de meditar y de vivir el ahora, el momento presente, increíble.







A perfect day in El Chorro.

Well done…


2 comentarios:

  1. Buah que bueno bicho!!! Me retuerzo de la envidia en mi estatica silla de mi lejana (del chorro) oficina. Pero envidia sana ehh!!
    Buenos encadenes y A muerte!!!

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  2. Gracias Jesus!! Aqui ando esperando que llegues y me cantes alguna pedazo de vía de esas que tienes encadenadas!!! Un abrazo!!

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