lunes, 5 de noviembre de 2012

AHORA


Mi escudo de fuego protector. Como una coraza impenetrable me haces sentir fuerte y poderoso; y no solo frente a los elementos, sino ante todo lo que acontece a mi alrededor. No importa el tiempo ni el espacio, porque ahora me encuentro seguro y protegido. Con mi coraza de fuego me encuentro a salvo. Quizás solo a salvo de lo que realmente soy..

Me resulta extraño. Es una sensación que, aunque se repita cada año, siempre produce en mí las mismas sensaciones. Hoy es uno de esos días. Acabo de terminar de escalar con unos amigos y llego a la furgo con Luna, mi perra labradora color canela. Enciendo el portátil y, mientras éste carga, saco de la nevera una lata de cerveza sin alcohol. Está fría. La rodeo con mis cansadas manos, produciendo en ellas una sensación de alivio momentáneo . Luna descansa junto a mí. Verla así, tranquila e inerte, recogida en sí misma, sobre la alfombra de la furgo, me produce una sensación de calma y tranquilidad. Ella suspira y, rápidamente, cierra los ojos. Mientras, el silencio es solo interrumpido por el sonido del teclado del ordenador, cuando mis agrietados dedos intentan hilvanar algo que tenga sentido, que me haga sumergir en un mar de pensamientos, quizás más puros y menos alterados que los que me rondan en esos momentos en los que estoy desnudo, sin coraza de fuego.

Es media tarde y el sol hace ya bastante que se escondió entre las escarpadas montañas de la sierra. Ahora la noche se apodera de nosotros y la temperatura desciende tan bruscamente como mi ánimo ante esta fría soledad.

De pronto, hacia el Este, una brillante luz blanca comienza a asomar lentamente, iluminándolo todo. Luna llena. Las escarpadas montañas comienzan a cobrar vida. Un  domo calcáreo de trescientos metros que se hace visible tras de mí, que parece vigilarme, quizás protegerme.

Yo escribo... Junto a mí una bolsa de picos camperos . De vez en cuando cojo dos picos, uno para mí y otro para Luna. Ella, al escuchar el sonido que produce la bolsa cuando meto mis rudas manos en su interior, abre los ojos, coge su pico, se lo come y vuelve a dormir.

Antes de seguir maltratando el teclado de mi ordenador me froto las manos y soplo en en interior de éstas intentando calentarlas sin éxito. Enciendo la calefacción, paro de escribir y mi mente sale volando, libremente, como los buitres que nos acompañaron durante nuestra tarde de escalada. Un mensaje de realidad ante todo lo que me ha pasado durante estos últimos meses. Mi reinicio total, un reajuste como último y radical recurso ante lo inevitable, ante el descubrimiento de mi persona.  El hecho de quedarme vacío, conmigo mismo; un hecho tan excitante como necesario que, a su vez, me produce una sensación continua de añoranza que aflora a cada minuto que pasa. Porque ese reinicio no es total, ya que permanecen en mi interior  todos esos recuerdos que me van bombardeando en estos  instantes. Y cuando estoy así, metido en mi furgo con la única compañía de mi leal amiga y miro a mi alrededor me asusto. Dónde está mi coraza de fuego!!

Cierro los ojos y junto las palmas de mis manos, enfrentando los dedos unos con otros, cada uno con su par contrario. Los estiro, inspiro lenta y profundamente llenando por completo mis pulmones y, así, logro que mi mente vuelva a mí. Estoy aquí y ahora, nada más.Vuelvo a ser yo... y sigo escribiendo...
Escribir es la forma que un día encontré de poder expresar y poner en orden todos mis pensamientos y sensaciones. 

De repente, en la soledad de la noche, suena el teléfono, sobresaltando mi tranquilidad, y todo cambia de repente. El sentido de la vida, es el único motivo que se me ocurre para que pasemos en este universo un pequeño espacio de tiempo, ser feliz. Si nos parásemos a pensar cuán efímero es este tiempo no dudaríamos ni un instante en ocuparnos exclusivamente en buscar la felicidad y dejar de lado todo lo que nos aleje de ese propósito, todo lo que enturbie lo que sentimos. 

A veces, parecemos necesitar corazas de fuego para refugiarnos en nuestros miedos. Porque solo en el refugio de nuestras mentes manipuladas por una sociedad establecida bajo unos ideales preestablecidos creemos poder encontrar una falsa sensación de seguridad, cuando, realmente, lo que estamos haciendo es negándonos a la vida, al riesgo que supone liberarnos de todos esos perjuicios. 

Si rompo esa coraza de fuego, y me libero de ella, de repente me quedo desnudo y eso me asusta. Me asusta ver lo que realmente soy, lo que realmente siento; porque todo por lo que había "luchado" durante todo este tiempo se desmorona delante de mis propios ojos y una sensación escalofriante recorre mi mente. Solo me queda respirar profundamente, inhalar aire de pureza y realidad y exhalar todos esos pensamientos negativos que se han ido creando en un pasado tan lejano como uno mismo quiera.

"Ahora que sin saber hemos sabido querernos como es debido, sin querernos todavía. Ahora que casi siempre tengo ganas de trepar a tu ventana y quitarme el antifaz..." Así decía el maestro Sabina.