jueves, 13 de septiembre de 2012

Clic.....

 En el confortable prado verde, rodeado de simpáticos almendros con flores de nieve, donde la espesa niebla desaparece vencida por los cálidos rayos de sol de noviembre andaluz. Allá abajo, donde un juego de luces mágicas de colores enmarca el horizonte y aún se puede oler el suave y joven aroma de tu piel. Allá abajo, donde tengo la sensación de que el tiempo se detiene y, en realidad, en lugar de eso, va tan deprisa que parece que las horas duraran algunos segundos. Allá abajo, donde me acerco a ti y se me disparan los sentidos excitando todo mi cuerpo. Allá abajo, donde te dejas guiar por mí; y a mí me gusta eso, cuidarte, protegerte, que me mires cuando te hablo, que sonrías conmigo, que regatees tiempo al tiempo para quedarte a mi lado un poco más. Ahora te toca a ti.


Clic...

Respira, tranquila. Relaja... Ya pasó ese momento de angustia e incertidumbre en el que no sabías qué iba a ocurrir, en ese momento que temías cuando estabas...allá abajo. Los has hecho bien y se nota en la expresión de tu cara. Tus ojos brillan, y eso me gusta.

 Durante unos minutos nuestros cuerpos permanecen unidos por una cuerda tan delgada o gruesa como el dedo índice de tu suave mano. Tú controlas la situación a la perfección mientras confías tu vida en mí.  Yo permanezco atento, y lo sabes. Puedo oír tu respiración, entonces suspiro... Tu cuerpo se mueve lento pero preciso, como algo frágil y delicado que parece pudiera romperse al más mínimo descuido. Pero eso no ocurre porque tu mente parece haber hecho que tu cuerpo se mueva ingrávido, como si no pesara, o como si la gravedad no quisiera molestar ese momento tan especial y tan íntimo que solo tú y yo nos hemos dado cuenta de ello, mientras los demás  matan el tiempo antes que el tiempo los mate a ellos.

Ese tiempo nos perteneció a nosotros. El tiempo que soñé la noche anterior y que se convirtió en realidad. Esa realidad que ya no se si la buscamos, la escogemos o es, simplemente, cuestión de suerte...

Tu cuerpo permanece quieto, casi petrificado. Quizás hechizado por el momento, quizás extenuado por el esfuerzo. Pero tus  ojos brillan dándole vida a tu inmóvil y estilosa figura. Te quitas la cuerda y das dos pasos hacia mí. Tu sonrisa... Me rodeas con tus brazos y nuestros cuerpos se vuelven a unir. Esta vez no hay nada entre ellos. Ahora puedo oler tu piel, acariciarla...

Ahora me toca a mí. Me preocupa la maltrecha piel de las yemas de mis dedos, me preocupa cómo será el tacto de la roca después de que durante toda la mañana ésta estuviera envuelta por el espesor de la niebla, me preocupa mi estado físico después de los os intentos del día anterior, me preocupa ese movimiento infinito y el no saber cómo hacerlo. Los primeros metros son fáciles y eso hace que mi mente aún deambule en las profundidades de mis temores. Ahora estoy en un repisa donde puedes soltar tus manos, "mojar" magnesio y ordenar los pensamientos. Algo tan fácil como seguir mi cuerda hacia debajo. Cojo el invertido y siento cómo mis pies abandonan el confort de la repisa, como por sí solos... Los movimientos van saliendo a la perfección impulsados por tu suave voz que me acompaña en cada momento dándome el aliento necesario para mantenerme pegado a la pared. Sin darme cuenta estoy en el paso que tanto me preocupaba. Lo afronto tranquilo, calmado. Las regletas son tan finas que hacen resbalar mis dedos desgastado y caigo. Y lo vuelvo a intentar, y vuelvo a caer, hasta que desisto. Sigo escalando, concentrado, dándolo todo. llego al final y por fin tengo una tregua.

- "Bien, no?"
- "Claro" Contesto
- "Cada vez estás más cerca"
- "Si, muy bien, me encanta esta vía. Me da igual haber caído porque aún disfruto intentándola"

Pero lo que en realidad lo que  más me fascinó fue ese momento en el que me até la cuerda y la seguí hasta ti, El momento en el que te acercaste y unimos nuestros puños. El momento en el que  miré desde la repisa hacia debajo y todos mis temores se disiparon. El momento en el que  tu voz empujaba mi cuerpo, centímetro a centímetro....

Uno espera los mejores momentos y después se da cuenta de que terminan en un instante. Pero, y ese instante?

Ese instante en que te vi por primera vez y me dije a mí mismo: "............."


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