domingo, 4 de marzo de 2012

SER ZURDO.

Me gusta la psicología mucho, sobre todo en los últimos años. Entender por qué hacemos lo que hacemos, por qué decimos lo que decimos o por qué pensamos lo que pensamos, es algo que me inquieta, sin duda. Te hace entender muchas cosas. Analizarse a unos mismo es difícil, incómodo y asusta. Hacerlo con los demás sería un poco como "violar" esa independencia que tiene cada individuo para actuar de una forma determinada. El caso es que siempre, lo que hacemos, decimos y pensamos, procede de un pensamiento que, en muchos casos, desconocemos. El descubrirlo me parece asombroso y, cuanto menos, divertido.

También me gusta escribir. Es algo que hago de vez en cuando, aquí en mi blog. La mayoría de las veces, como hoy, lo hago simplemente porque me apetece y me siento inspirado para plasmar mis pensamientos en unas cuantas líneas que, sin duda, se quedarán en el olvido y aburrirán a todos aquellos que, estando más aburrido que yo, hayan clicado en algún sitio que le haya traído hasta aquí. Una vez, un compañero de trabajo, zurdo como yo, me dijo, hablando de las dificultades que nos encontramos los zurdos por la vida, que lo que realmente le costaba, por aquello de ser zurdo, era ser comprendido por la gente. Obviamente era una excusa que se había buscado el buen hombre para sentirse aliviado por la falta de entendimiento que tenía con los demás. El caso es que me gustó esa expresión. Por tanto, yo escribo por ser zurdo. Así no tengo que preocuparme en expresarle mi forma de ver las cosas al 90% de la población restante, los diestros.

Pero lo que realmente me gusta es escalar. Es, sin duda, a lo que dedico el mayor tiempo de ocio del que dispongo. Mi mente, como la de Homer Simpson, puede quedarse pensando durante horas en rosquillas y no me pasaría nada, incluso me vendría bien para relajar un poco y ver que muchas de las cosas en las que pienso no son más importantes que unas apetitosas rosquillas. Puedo llevarme semanas sin escribir ni un número de teléfono en una servilleta, incluso os vendría bien por si cometéis el error de clicar en algún sitio que os trajera hasta aquí. Pero tres días sin escalar y a punto de morir. Sin duda, el efecto beneficioso y terapéutico que la escalada ejerce en mí se puede comprender después de dos fines de semana de lluvia consecutivos.

Ahora andamos de nuevo motivados con proyectos. Esta vez en La Muela. Andar con proyectos en La Muela en el mes de marzo es un claro signo de cuán loco está el tiempo. Todo seco, ambiente tranquilo y vías largas y desplomadas. Para nosotros el mayor remedio contra cualquier tipo de malestar emocional. Y no importa si mientras conduces tu mirada se pierde entre los verdes campos gaditanos, ni si después de una hora de camino has sentido hasta tres veces una mano sobre el hombro, ni si la conversación hace rato dejó de ir sobre encadenes o proyectos. No importa. No importa porque andamos buscando esos 10 minutos. Esos 10 minutos en los que te atas la cuerda, te calzas los gatos, mojas magnesio y escalas a muerte. Esos 10 minutos que no te dejan pensar en nada más que en el gesto, el movimiento y la respiración.

Chamán en un 8a raro, que combina dos tipos de escalada bien diferenciados. Una primera parte de bloque, con pasos sobre agarres pequeños sobre un muro bastante desplomado hasta alcanzar una chorrera gris invertida. la segunda parte son movimiento sobre chorreras con pasos atléticos y agarres bastante alejados. Me encanta. Una combinación de fuerza y continuidad. De saber escalar, de darlo todo..... Esa es la mejor terapia para un zurdo como yo...

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