miércoles, 4 de enero de 2012

EL CHORRO: UN MONTÓN DE COSAS


El día era bastante frío. Un gélido viento del noreste nos dio los buenos días mientras terminábamos de preparar los últimos detalles de la furgo; material de escalada, comida, agua para varios días, ropa…
La predicción meteorológica era bastante favorable para los próximos diez días y las ganas de acabar y empezar el año apretando se apoderan de mí. Solo pienso en la vía que dejé a punto a principios de mes en El Chorro; en retomarla, en volver a probar los pasos, en volver a pasar “miedo” en ese diedro vertical y aéreo, en gritar exhausto al coger esa pinza roma y salir hacia la cadena sin caer.
Pero también pienso en las cenas en la furgo, ese lugar donde los sueños se forjan, donde cada noche, al cerrar los ojos, visualizas movimientos e imaginas proyectos y experiencias nuevas. Pienso también en que uno no se va a tomar una cerveza después de escalar: tomarse una cerveza después de escalar es parte de la escalada. Ahí se repasa el día y cada uno pone al corriente de cómo le ha ido la jornada. Pienso en las ganas de conocer a esa chica que me llama “Ozú” y que transmite ilusión en cada párrafo que sale de su teclado. Resultó ser un gran placer conocer a esos despeinados chicos de levante que recorrieron cientos de kilómetros en busca de nuevas ilusiones y que, desgraciadamente, tuvieron que marchar antes de tiempo. Pienso en eso de levantarte, desayunar e ir a escalar, esa sensación que conocí hace varios años en tierras aragonesas y que volveremos a poner en práctica en estos soleados días en El Chorro. Pienso en la séptima temporada de un fin de año en El Chorro en la que la cosa se truncó en el último capítulo y nos dejó con un agrio sabor de boca.
Pero espero que la serie no acabe aún y que pronto se estrene la octava temporada. Esa en la que después de pasar muchas semanas en vilo delante de la pantalla de nuestras vidas el desenlace final nos haga vibrar de emoción con un final feliz, al más puro estilo americano…
Mientras disfrutaré de encadenar mis proyectos. Esos que algunos hacen a vista y otros ni se dignarán a hacer nunca, pero que a mí me hacen disfrutar de esto a lo que dedico gran parte de mi vida e ilusiones.
Mientras, disfrutaré del olor a roca, del tacto áspero de mis manos polvorientas de magnesio, de la gente que vive la escalada de las misma forma hermosa que yo….

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