lunes, 24 de diciembre de 2012

Noche de celebración?


Desde hace unos meses soy vegetariano.  Efectivamente, no como carne ni pescado. Ningún alimento con procedencia animal salvo queso fresco y algún que otro huevo. Claro que mucha gente puede pensar que el huevo y el queso tienen procedencia animal, y que del huevo, obviamente, nace un pollo. Así es. Pues si eso es no ser vegetariano no lo soy. Soy, por lo tanto, una persona que solo come queso fresco y algún otro huevo de vez en cuando como alimentos de origen animal. A eso se le llama “ovo lacto vegetariano”.  El motivo de esta decisión es porque comiendo solo estos productos de origen animal me encuentro mejor, punto. 
Podría enumerar un sinfín de razones más chulas de por qué no ingiero carne ni pescado.

 Podría argumentar razones éticas, ya que la forma en la que son tratados los animales me puede parecer un poco injusta, arcaica, atroz y cruel, pero a decir verdad, aunque me lo parezca, no es exactamente esa la razón. De ser así me manifestaría cada día, megáfono en mano, como hacen ahora los funcionarios indignados porque se les acaba el chollo, pero en lugar de un hospital lo haría en la puerta de los mataderos.

Podría argumentar razones sociales y humanitarias, ya que con las cantidades de pienso, de cereal y de productos vegetales que se alimentan a los animales que luego nos sirven para abastecernos hasta la saciedad podría comer una gran parte de planeta desnutrido. Me atrevería a decir que si todos nos hiciéramos vegetarianos se podría acabar con el hambre en El Mundo. No sé si sería así o no. Aunque esté de acuerdo con ello no es exactamente la razón.

Podría argumentar razones saludables, ya que la ingesta de alimentos de origen animal aumenta, en porcentajes muy alto, los riesgos de contraer enfermedades como el cáncer, aumento del colesterol, riegos de infarto y un largo, larguísimo etcétera.  Aunque esté de acuerdo con ello no es exactamente la razón.
Ésta, como ya he dicho antes, es porque me siento mejor. Y si así ayudo en un pequeña parte a mi salud, a que sufra un animal menos o a que coma una persona más pues mejor que mejor…

“Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, dame la bota María que me voy a emborrachar…”

Esta noche un alto porcentaje de la población está de celebración. Y qué se celebra exactamente?

 Con los 5€ que tenía en la cartera he decidido ir a comprar un pela fruta en una tienda de esas que antes se llamaban “Todo a Cien” y en Andalucía, creo, “Un Veinte Duros”. Ahora lo llaman “En un Chino” o “En un Moro”, dependiendo de la procedencia del propietario en cuestión. De esta forma, creo que la próxima vez que vaya a echar gasolina pensaré que, en lugar de ir a la gasolinera, iré a echar gasolina a “Los Ladrones”. En fin… Resulta que la tienda se encontraba justo al lado de Mercadona y me acordé que no tenía cereales de los que me gusta en casa. No pude ni acercarme a la puerta del establecimiento. Parecía que Los Mayas se hubieran equivocado en su predicción del fin de El Mundo en 3 días. El mercado estaba abarrotado, la gente “corría” despavorida por los pasillos llenando sus carros y yo, yo solo quería mis cereales ricos en fibra de la marca Hacendado que me cuestan 1,40€ y que dudo que tuvieran. A decir verdad ni hice el intento en entrar al ver que adquirir mis cereales me costaría un buen rato en la cola de la caja número 4.
De verdad que toda esa gente va a celebrar esta noche el nacimiento de Jesús? No sé yo qué pensar… 

Quizás yo deba esperar que me hagan un buen regalo el día de la madre? Quizás yo deba esperar no ir a trabajar el día de La Comunidad de Madrid? Entonces, pienso… a no ser que todas esas personas que llevan sus carros abarrotados de comida, y que parecen que la crisis no les afecta en absoluto,  sean cristianos…. qué están haciendo? Qué celebran?

“Le dice un cura a un niño….Hijo,  quieres ser cristiano? A lo que el niño responde: No, yo prefiero ser Messi”

Pues creo que así, más o menos va el tema….

He visto y oído a gente atea rezar en algún momento crucial de su vida, y eso me entristece. No voy a entrar en un debate religioso ni mucho menos porque yo hoy sí estoy de celebración. Nos reunimos la familia y haremos una comida un tanto especial. Siempre he creído que está bien aprovechar un número del calendario para hacer de un simple día “algo especial”, aunque no por ello dejar de intentar  que cada día lo sea. Pero es cierto que al tener marcado ese número en rojo facilita el agrupamiento de toda una familia. Por lo demás, que cada cual haga lo que quiera… Si quieres emborracharte porque es fiesta en Tokio, ole tus cojones!!

Pero si es por algo por lo que he decidido estar aquí liándoos con mis palabras, al margen de temas religiosos, es porque hoy, día de celebración, pienso firmemente que la cosa se nos está yendo de las manos.

Cierro los ojos y siento dentro de mí que no estamos siendo consecuentes ni honestos… Lo estoy viviendo cada día. Mientras escribo estas palabras lo estoy palpando, me está ocurriendo. Mentimos, nos mentimos a nosotros mismos.

Lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia…

Todos y cada uno de ellos estaban presentes en aquel supermercado en el que por suerte no entré. No sé muy bien a dónde quiero llegar, solo mi decepción me ha hecho escribir.

De todas formas os dejo mi menú de esta noche especial:

Hamburguesas de espinaca, puerro y tofu.
Berenjena rellena de verduras.
Vino
Pan de centeno.

Que paséis una buena celebración del nacimiento de Jesús….

jueves, 20 de diciembre de 2012

WELL DONE DUDE...!!


Me cansaré alguna vez de este lugar?.....

Las dos horas y media de trayecto las paso divagando entre los recuerdos que me he llevado tantas y tantas veces de este lugar. Ahora, de nuevo en la carretera como si el tiempo no hubiera pasado, de nuevo observando los pequeños pueblos que me acompañan en el viaje y que, alguna vez, me han servido de lugar de descanso en este recorrido ya familiar.

Llego de noche e imagino ese paisaje que tan presente tengo  en mí, y que, en la oscuridad de esta noche de finales de año, no puedo contemplar. Imagino esa curva que ahora tomo y que me da la bienvenida con su majestuoso Caminito de El Rey; imagino el embalse a mi izquierda, con sus tranquilas aguas provenientes del desfiladero de Los Gaitanes; imagino ese muro solemne de Las Frontales, vigía y testigo de tantas aventuras, de tanta gente, de tantas nacionalidades diferentes que sería imposible llevar la cuenta; imagino cómo ha tenido que ser el día en El Chorro…

Aquí los días no aparecen en el calendario, las horas no tienen minutos, el tiempo, como lo conocemos, no existe. El día comienza cuando amanece, o cuando despiertas; la mayoría de las veces suele coincidir. Entonces levanto sutilmente la persiana de mi furgo con ilusión y expectación; primer vistazo al cielo y, posteriormente, a los eucaliptos que nos refugian de la humedad cada noche. Cielo azul y los eucaliptos apenas se mueven. Salgo de la furgo y este aire fresco entra en mis pulmones dándome los buenos días. Ya no tengo que imaginar nada. “Mi casa” está situada en “el corazón” de El Chorro. A mis pies el embalse, calmado, tranquilo, como yo en estos momentos. A mi derecha puedo ver el desfiladero con su majestuoso e implacable “caminito”. Al girarme, puedo ver, entre las verdes hojas de los eucaliptos, una pequeña porción de roca caliza iluminada por el sol de esta mañana andaluza de diciembre; la pared dorada de alguna parte de las frontales. Luna, mi perra labradora, que parece tan “inquieta”, como las aguas del embalse a estas horas de la mañana, sale y comienza su jornada de juegos con sus vecinos caninos. Yo desayuno tranquilamente. Por la ventana de la furgo comienzo a ver a los escaladores más madrugadores desfilar hacia los diferentes sectores de El Chorro. Todos con sus ilusiones, sus proyectos, sus ganas de aventura. Me pregunto hacia dónde irán… Quizás al Maki? A las Encantadas? A la Poema? A Escalera Árabe? Circo Suizo? Albercones? Caminito de El Rey? Momia? Y es que, son tantos sectores, tantos metros de pared por escalar que podrías quedarte toda una vida escalando en la caliza de El Chorro y no tocar muchas de sus rutas.

Después del desayuno toca preparar el material. Cuerda, cintas, pies de gato, magnesera cargada, agua, agua para Luna, bebedero de Luna, fruta, ropa por si hace frío a la tarde, ropa para el calor de medio día, ilusión y ganas de apretar. Todo a la mochila!!
Después de visitar a mis vecinos Javi y Samu decidimos ir a Poema de Roca. Para mí, junto al Maki, el mejor sector de El Chorro. Vías largas de pura conti, desplomadas, con buen agarre, con su “agarre particular”, chorreras, muchas chorreras. Qué ganas!!

El calentamiento se hace duro. Nos decidimos por el primer largo de “El Fin de una Vida, 7b”. Después de una semana sin roca cuesta calentar en una vía de esa dificultad. No me encuentro cómodo en la roca. Hace calorrrrrr y somos tres. Luego hacemos otra vía más conocida, “Viejo Traidor, 7b+”. Tenía ganas de hacer una vía así para coger el ritmo. Mucho canto, buen agarre, movimientos atléticos sin llegar a ser duros. Pero sigue haciendo calor. En las últimas semanas he estado haciendo vías que me quedaban por este bello muro. Las vías, a mi parecer, son de una calidad excelente, pero sobre todo los segundos largos de algunas de las vías más solicitadas. Tras echar un vistazo al imponente muro vemos cintas colgando en una vía que aún no había hecho. Su nombre “Rudolf, 7c+/8ª?”. Me da igual el grado, quiero probarla!! A menos que tenga la misma calidad que los demás segundos largos que he estado probando será una ruta extraordinaria.

Después de un primer pegue con un calor horrible y un segundo pegue en el que apreté más de lo imaginable llego a la conclusión de que la vía puede ser el segundo largo más duro de los que he hecho aquí por el momento. Los movimientos no me parecen duros, pero sí muy físicos, sin muchos descansos, muy de tener pilas y escalar “alegre”. Empotramientos de rodillas, pinzas, invertidos, ambiente, mucho ambiente…

Llega la tarde y el sol se esconde por el farallón rocoso de “La Momia”. El atardecer en este lugar me parece de una belleza insultante. Los buitres, que nos han acompañado durante toda la jornada, ya hace rato que se posaron sobre sus privilegiados nidos. Ahora son las escandalosas chovas las que hacen su aparición llenando de vida la pétrea montaña. Una negra bandada de estos córvidos se acerca a una de las cuevas que hay en mitad de esta pared de doscientos metros. Poco a poco, en una muestra de respeto y orden entre ellos mismos, se van introduciendo en el oscuro agujero. Esto indica que la noche está al caer, y nosotros aún andamos por aquí. La noche nos pilla en el descenso. Caminamos por una pista forestal que atraviesa este espléndido pinar hasta llegar al coche. El descenso es suave, tanto que podemos intercambiar opiniones acerca de los movimientos de las vía, de los grados, o de cuántas cervezas nos va a tener que invitar la chica alemana a la que desmontamos una vía porque ella no podía y su compañero se había hecho daño en un pie por una mala caída.
Las últimas horas de la jornada las pasamos entre risas y los quintos de cervezas de cincuenta céntimos de El Refugio. Samu saca la guitarra y Krespo un instrumento fabricado por él que no recuerdo como se llama. Es algo así como un tubo muy gordo fabricado con madera, de más de un metro de largo y que cuando se lo pone en la boca y sopla reproduce un sonido espectacular; una mezcla entre sonido relajante y sonido “el mundo se va a acabar seguro, pero no el día 21, sino ahora mismo!!”

Después de un rato entre sonidos fantasmagóricos, muchas mentiras de encadenes que nunca se produjeron y algunas cervezas, marchamos a la furgo Luna y yo. Vuelta a empezar. Todo esto el martes, puede haber un día mejor?

Miércoles…

El plan era ir a El Maki. Ir a El Maki es una controversia. Un sitio espectacular, unas vías increíbles; la paz convertida en zona de escalada, verídico. Quien no haya ido nunca a El Maki que se prepare para uno de los lugares para escalar más bellos del mundo!! Quizás exagero un poco, o no…     Pero está lejos. Una hora de camino subiendo una cuesta que cuando vas por la mitad no te crees que hayas subido tanto y que aún te quede tanto por subir. Subir a El Maki no te deja indiferente, eso seguro.
Pues tras ponerme la mochila, sentir mis hombros agarrotados del día anterior e intuir que el día tenía pinta de ser más caluroso que el anterior, y que ese calor me iba a pillar a mitad de esa infernal cuesta, decidí cambiar de plan y tentar a mi suerte. Iría de nuevo a Poema Roca en busca de algún alma caritativa que quisiera asegurarme un rato.

Calor. Yo creo que más incluso que ayer. Me acoplo con Steve, David y una chica de la que no recuerdo bien el nombre. Ir a sectores de El Chorro solo me motiva porque puedo practicar my poor english. Leo, tomo el sol, me pongo a la sombra en los momentos en los que el sol achicharra mi piel, hago una vía, mucho calor. Sigo leyendo y practicando mi pobre inglés (eso es lo que quise decir antes), tomando el sol a ratos. Hago otra vía, me duele la piel de mis manos, sudo, me pongo a la sombra, leo, practico inglés. La idea de tomarme el día de “descanso” ronda por mi cabeza. Miro una y otra vez las cintas colgando de la vía que probé el día anterior. Tengo ganas de volverlo a intentar pero quizás no sea hoy el mejor día. Me encontraba cansado, la piel me quemaba… Pero la sombra comienza a darle a parte de la vía a la vez que unos cirros se interponen entre el sol y nosotros, haciendo que éste baje su intensidad. Steve me pilla y vuelo por la roca. En el comienzo del segundo largo descanso con la rodilla derecha empotrada en una chorrera. Me quito la camiseta y me digo a mi mismo mi mantra particular de los últimos días de escalada. El mismo mantra con el que pude encadenar las últimas vías de este mismo sector. “siéntete ligero” me digo una y otro vez.. “siéntete ligero y escala”, “muévete”, “ligero”.


Lo que vino después fue, quizás, una de las sensaciones más placenteras que he tenido nunca. Nuestro yoga particular, nuestra forma de meditar y de vivir el ahora, el momento presente, increíble.







A perfect day in El Chorro.

Well done…


sábado, 15 de diciembre de 2012

ABURRIDO PERO NECESARIO


Por diversos motivos; ya sea el mal tiempo que de nuevo parece apoderarse de los fines de semana, la dependencia que en estos tiempos tenemos a internet generalmente y a las redes sociales en particular o, simplemente, la carencia de disponer de una vida ocupada, plena y distraída, la gente está bastante aburrida y dedica su tiempo a sacar lo peor de sí mismo…

Un anciano cherokee estaba hablándoles a sus nietos sobre la vida.
Les dijo: “Hay una batalla teniendo lugar en mi interior...es una pelea terrible entre dos lobos.
Un lobo representa el miedo, el odio, la ira, la envidia, la avaricia, la arrogancia, el resentimiento, la culpa, la autocompasión, la inferioridad, la mentira y el ego.
El otro lobo es la alegría, la paz, el amor, la bondad, la esperanza, la serenidad, la compasión, la generosidad, la amabilidad, la amistad, la humildad y la verdad.
Miró a los niños y les dijo: “Esa misma lucha está teniendo lugar en vuestro interior y en el interior de cualquier persona que viva”.
Los niños se quedaron un rato pensativos, y al fin uno de los nietos preguntó a su abuelo “¿Y cuál de los dos lobos ganará?”
Y el anciano cherokee respondió: “Ganará el lobo al que más alimentes”. 

Hace un par de días escribí un post en este blog acerca de lo que, nuevamente, YO pensaba. No sé por qué…Quizás porque es mi blog, mi espacio, mi vida, mis pensamientos.

Es cierto que, como TODO el mundo, en alguna ocasión, he pecado de decir las cosas de una forma un tanto brusca; quizás por mi condición de zurdo (esto no tiene mucho que ver obviamente y es, simplemente, uno broma que pocos entienden) o quizás también porque, en la mayoría de los casos, la gente no está preparada para oír la verdad. De cualquier forma, no es la primera vez que la gente malinterpreta de forma errónea o se toma como algo personal lo que yo escribo. Sobre esto último, sobre tomarse lo que yo escribo como algo personal es en lo que creo que estoy más convencido. Sobre todo porque vivimos en un tiempo en el que el Ego forma un papel importante en nuestra vida.

Sin más, y con la pérdida de tiempo que asumo voy a llevar acabo, voy a intentar aclarar algunas cosillas de mi última entrada del Blog, y así, de paso, haré que este sábado gris sea un  poco más divertido para aquellos que no tienen otra cosa que hacer. (Si soy un poco repetitivo lo siento, mi interés es que la cosa queda bastante clara.)

Empezaré con la razón de por qué en mi blog censuro algunas entradas, o, simplemente, todas las que yo quiero, me plazca o convenga. El por qué es porque es mi blog, mi espacio, mi sitio, mi vida, mi diario, mi privacidad, mi historia. Para participar en este blog se tienen que dar dos circunstancias: que algún lector quiera hacerlo y que yo quiera que ese lector lo haga. Si una de estas dos condiciones no se cumplen se borra el comentario. Es así de sencillo. Pero me extenderé un poco más.

Hace algunos años expuse mi disconformidad antes un hecho que yo, al igual que otras muchas personas, creímos una aberración para la escalada. A partir de aquel post se creó un gran revuelo y me prometí a mí mismo que aquello no volvería  suceder. Viendo que ayer por la tarde este blog llevaba camino de convertirse, de nuevo,  en un espacio donde “cualquiera” que creyera saber de lo que hablaba (y en muchos casos de forma anónima) podía libremente decir lo que le pareciera sin importarle la trascendencia que en mi persona pudiera causar decidí que iba a tomar la opción “B”, que era borrar los comentarios e irme a cenar unas ricas hamburguesas de espinacas. La opción “A” la deseché, y creedme cuando digo que hace muchos meses hubiera cogido la primera opción, pero si lo hubiera hecho me hubiera puesto a la altura de aquellos mismos que se dirigieron a este blog con cosas que no tenían nada que ver con el “polémico post”.

Creo que el por qué borré los comentarios está bastante claro. Pero lo resumo.
1.       Porque no quería que mi blog, de nuevo, se convirtiera un foro donde “cualquiera” pudiera dejar su opinión aún sin tener ni puta idea delo que hablaba.
2.       Porque algunas personas lo utilizaron para insultar y/o hablar sobre cosas que no se referían al post en cuestión. 
3.       Porque me da la gana

Aun así pido disculpas por la censura a aquellos que quisieron dejar su opinión, de forma elegante y constructiva, como es el caso de J.S. y en un segundo intento P.L

En cuanto al post en cuestión voy a ser más explícito y no alargarme tanto (y mira que será largo) porque quiero aprovechar el sabadito.

1.       En ningún momento hablé sobre “nadie” en particular. Nombré a un Club y a un vicepresidente al que conozco y se su nombre. Pero poner su nombre me pareció dirigirme a él de una forma particular y muy personal, por lo que me dirigí explícitamente al Rupicovicepresidente de Rupicolandia. Elegí este término ya que en alguna ocasión el mismísimo Rupicopresidente firmó algún escrito con ese seudónimo en algún lugar de la red de redes; y por lo que tengo entendido ellos mismos iban a llamar al club Rupicolandia. (incluso iban a poner un cartel en la puerta con ese nombre) Que a mí me parezca el nombre gracioso, chistoso o feo es otro punto. Yo también soy feo y hay que joderse.

2.       La Puerta Amarilla se cerró, por diversos motivos. Quizás por la mala gestión de mi persona que era quien lo llevaba, quizás porque éramos unos guarros, quizás porque me preocupaba más escalar y entrenar que limpiar, quizás porque muchos de los que yo creía mis amigos me dejaron tirado cuando después de que llegara la fecha en la que había que pagar,  y de llamar uno por uno “recordándoselo”, TODOS, “a la vez”, me comunicaron que no iban a seguir. Muchos “Quizás” que no vienen al cuento porque La Puerta Amarilla no existe, es pasado, murió. Cuando La Puerta Amarilla existía tuvo sus críticas, muchas críticas, algunas infundadas que, aun sin tener que explicar, porque no viene al caso (recuerdo que ya no existe por muchos ”quizás”)  lo voy a hacer: Tanto mis amigos, colegas, socios, novias, novios o queridas pagaban el roco. TODO el que tenía “algo” que ver conmigo pagó el rocódromo SIEMPRE. El único que no pagaba el roco y tenía “algo” que ver conmigo era YO. Sí que es verdad que había alguno que no pagaba y que se aprovechaba de “mi amistad” para ponerme en el compromiso cuando, a escondidas, me preguntaba si se podía colgar un rato, con la falta de respeto que ello implicaba con los que sí pagaban. Alguno de ellos forman hoy parte de la gran familia de los Rupícolas. Éramos guarros, no se limpiaba, no había agua, en los colchones no te acostabas ni aunque Shakira estuviera tumbada en uno de ellos suplicándote que le hicieras un desavío. Pero sabéis lo que nunca hicimos allí? Nunca le negamos a nadie la posibilidad de escalar. Siempre que fue alguien a interesarse por lo que allí hacíamos se le invitó (invitar es gratis en mi pueblo) a probar. Eso siempre fue así porque para mí, lo más importante de allí no era que hubiera agua (que es importante), que estuviera limpio (que es importante) y otras  muchas cosas (muy importantes), sino que TODAS las personas que tuvieran inquietud por descubrir el mundo de la escalada tuviera facilidad. Recuerdo que hasta el mismísimo Rupicopresidente de rupicolandia estuvo yendo a La Puerta Amarilla durante varios días hasta que por fin se animó a apuntarse. Todo esto de La Puerta Amarilla lo explico aquí ya que mucho de los comentarios (algunos anónimos) se referían y criticaban la Puerta Amarilla (Sitio que no existe debido a mi mala gestión y muchos “quizás”, por lo que ya NO TIENE CABIDA). Si nos quedamos mirando el pasado no evolucionamos, y si no hacemos algo en el presente el futuro será aún peor.

3.       Por lo tanto. Lo que muchos no entendieron, quizás porque el rencor, la ira, la envidia, el aburrimiento, desconocimiento, la carencia de sexo o el exceso del mismo, es que mi queja no fue porque un Club como RUPICOLAS DE LA BAHÍA de CÁDIZ tuviera unas normas de limpieza, de tarifas (caras o no), etc.. Mi queja, mi llamamiento, mi inquietud y mi disconformidad viene por un simple hecho:

Si hoy, mañana, el miércoles que viene, o dentro de un año, una persona que no escala, que no conoce la escalada, pasa por las maravillosas instalaciones de RUPICOLANDIA y siente curiosidad y tentación de probar qué es eso de la escalada, no lo va a poder probar. Porque esta gran familia de gente que piensa “en estar en vertical más tiempo que el resto de personas” no les va a dar la opción por una serie de motivos.
Supongamos que Manolito, mi amigo Manolito, pasa por la puerta de RUPICOLANDIA y ve a esa gran familia allí todos escalando y quiere probar. Entonces entra y descubre que no puede a no ser que cumpla unos requisitos que, por razones lógicas y hasta las mentes más brillantes comprendería, no cumple.
a)      Tiene que ser socio de Club. Precio 50€ al año. Ser socio del club y pagar esta cuota anual no te permite poder escalar en el rocódromo a no ser que pague 5€ por sesión. En este caso no importa que esté federado. Solo tendría que firmar un papel en el que se hace responsable de lo que allí pudiera ocurrirle. Pero Manolito no se va a gastar 55€ para probar en qué consiste eso de la escalada.
b)      Tiene que hacerse socio del Club. Precio 50€ al año y socio del rocódromo 25€/mes. Creo que ahí no tiene que firmar nada ni estar federado.  (os  informo que en los 50€ anuales ni en los 25 mensuales está incluida la ficha federativa. Pero manolito no se va a gastar 75€ para probar en qué consiste eso de la escalada.
c)       Pagar 7€ por sesión. En este caso no tiene que ser socio ni de club ni del rocódromo. Esta sería una buena opción pero tiene un pero muy grande. Tienes que estar federado. Aquí no vale firmar el papelito que exime al club de cualquier responsabilidad, como hacen los socios del Club. Y Lógicamente, mentes pensantes, Manolito no está federado porque no tiene ni puta idea de en qué consiste eso de la escalada.

Por lo cual y resumiendo, el hecho es que si mi amigo Manolito quisiera pasar por allí este sábado lluvioso y frío para probar aquello no iba a poder hacerlo.

Mi queja se refería a las NO facilidades que un CLUB “amante” de la escalada daba, da, y lo que más miedo me da, dará a aquellas personas que quieran descubrir un deporte que para mí se ha convertido en un estilo de vida, en una forma de disfrutar de ella.  Yo quise ir a entrenar una tarde con un amigo y no pude. Cuando me dijeron que costaba 7€ me pareció el precio excesivo, un precio que estaba dispuesto a pagar porque asumía que cada Club tiene sus normas y que hay que cumplir. Pero aun así no cumplía unos requisitos que sí que me parecieron discriminatorios. Mi desventaja por no ser socio era tener que pagar 2€ más por sesión que los que sí eran socio. Me parece que esto es no poner facilidades para que la gente escale.

Es cierto que hay clubes que no te dejan entrenar a no ser que seas socios ni aunque quieras probar sus instalaciones. Pienso lo mismo de ellos. Pero no porque no me gusten los capullos tengo que aceptarlos y no voy a poder presentar mi disconformidad en “mi casa” debido a que el mundo esté lleno de ellos.

Nos vemos en la roca….

miércoles, 12 de diciembre de 2012

ESTO NO ES LO QUE ERA.


Los tiempos cambias, eso es indudable. La gasolina sube al mismo tiempo que la tasa de paro. Pasamos por tiempos difíciles. Recuerdo cuando hace 10 años iba al mercado con 50€ y salía con un carro abarrotado de comida.  Ahora, con ese mismo dinero, cuando llego al mercado no cojo carro, pues todo lo que podré comprar me cabe, perfectamente, en una cestita de esas con ruedas.

Con 50€ no me llega para la gasolina de mi furgo para echar un fin de semana en El Chorro; y eso yendo a velocidad ahorro. La velocidad ahorro se compone de dos elementos esenciales. El primero es no rebasar, bajo ningún concepto, los 85 km/h;  el segundo llevar a un buen copiloto, que tenga buena conversación y sea divertido. De esta forma, quedarse dormido ante tanta lentitud es menos probable. El Chorro parece estar ahora en Los Alpes. En realidad en tiempo total no se nota tanto, porque tardar dos horas o dos horas y media depende, en mayor medida, del tráfico. Pero esa sensación de ir a 85 km/h?  Las líneas discontinuas de la carretera parecen mucho más largas ahora, en serio. El otro día, yendo a El Chorro, un ciclista y yo intercambiábamos posiciones para aprovechar el rebufo. De locos.

Yo creo que me hago mayor…

Creo que sería primavera de 1999 cuando Fernando, un amigo que escalaba, me llevó, en un campamento que organizaba un instituto, a probar por primera vez la escalada. La experiencia fue increíble. Fue en El Cintillo; un sector que hoy en día está un poco abandonado, cerca de Benaocaz. Recuerdo que desde aquél día, desde el instante que lo probé,  supe que lo que querría hacer desde ese momento en adelante era escalar. Así que ahorré y a finales del año 1999 comencé a escalar.

Por aquel momento no teníamos internet, ni existían los vídeos del Ondra, ni grupos de Facebook, ni whatsapp. Aprendíamos con libros, preguntando, siguiendo el ejemplo de aquellos montañeros y escaladores experimentados que, durante muchos años, nos sirvieron de inspiración. Respeto por la naturaleza, conocimiento del medio, saber estar.

Aprendí asegurar con el ocho, más tarde con el Logic y, finalmente con el Grigri. Puede aprender de las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos. Bueno, a decir verdad, el ocho no ofrecía muchas ventajas para asegurar que digamos. Aprendimos a leer un croquis, a diferenciar un spit de 8mm de un parbolt de 10mm, a desmontar reuniones, a utilizar friends y fisureros, a liar una cuerda, a rapelar sin dar saltos como Tom Cruise en “Misión Imposible”. Aprendimos sobre tipos de roca, sobre factor de caída, sobre nudos…
Pero, como decía antes, los tiempos cambian y yo me hago mayor….

Ahora las cosas son diferentes. Por ejemplo… Hay dos cosas fundamentales que un escalador que se precie en el 2012 debe tener:

La primera de ellas es un perro. Da igual raza, sexo, procedencia y educación del mismo. El perro ante todo. Que quede claro que yo tengo una perra. Se llama Luna, viene conmigo  escalar y no le dejo que haga unas cuantas cosas fundamentales y lógicas (molestar, comer comida ajena, mearse en la mochila de nadie, ladrar…. Lo normal vamos).

La segunda, y más importante de todas, es tener como perfil de Facebook una foto escalando.
Si cumples estos dos requisitos estás en todo tu derecho de:

  .        1 Llegar a un sector gritando como cabras para que todo el mundo sepa que ya estáis ahí. Algo muy importante, sobre todo para los que intentan concentrarse o mantener la paz espiritual de un día de campo.
           2. Cagar en cualquier sitio y dejar a la vista el pino piñonero que salió de tus entrañas junto al papel manchado       3. Hacer una hoguera en mitad de la noche, junto a las furgos (todo el mundo tiene derecho a estar caliente eso está claro)  y no tener miramiento de que, junto a ti, hay gente que quiera descansar para poder escalar al día siguiente.

Y así podría seguir numerando hasta quizás la letra r, la u, o, incluso, hasta la w. Pero paso porque estoy convencido de que si sigo muchos no terminarán de leer este aburrido post. Aunque ahora viene la causa del mismo.

Supongo que muchos de vosotros, ESCALADORES, en algún momento de vuestra vida de treparocas, habéis oído alguna historieta sobre escaladores tiesos, menos pudientes, con menos recursos, etc.
Los que de verdad sentimos la escalada, me incluyo por supuesto (pero no por tener perro y foto de perfil de Facebook escalando, que también…) sabemos lo que significa ésta para nosotros.
Durante muchos años siempre ponía mi Renault Express para ir a escalar con mis amigos porque yo era el único que tenía la combinación carnet-coche. Nunca le pedí a nadie dinero para cambiar neumáticos, revisiones o reparaciones.

Asegurar por comida

Cuando llevábamos el Roco de La Puerta Amarilla teníamos un premisa mi amigo Varo y yo. Si alguien, de verdad, no tenía para pagar la cuota y quería escalar escalaría. No podíamos dejar a alguien sin escalar por la triste causa de no tener dinero. Porque sabíamos y sentíamos la importancia de la escalada para quien son escaladores. A todo el que dijo que se quitaba o que no se apuntaba porque no tenía para pagar se le dejó entrenar gratis. 

Una de las cosas que me llamó la atención de la escalada es que podías dejar la mochila a pie de vía y meterte en una pared de 200 metros durante 5 horas y al bajar encontrarte todo tal cual lo dejaste. Ese buen rollo, esa empatía de los escaladores es lo que me enganchó.

Hoy es 12/12/12. Han pasado muchos años desde que comprendí los valores de esto que, para mí, es una forma de entender la vida.

Al margen de fotos de perfil, de perros y dueños de perros maleducados, de gritos en el pie de vía, de ver en escuelas de escalada como la gente juega con su vida por no tener ni idea de utilizar el material (aunque luzcan unos LaSpotiva Miura de 110€), al margen de grados, de números, de todo.

Al margen de todo, yo, hoy, quería ir a un rocódromo que hay en Cádiz y del cual no soy socio ni estoy por la labor de serlo. Pero un amigo del que hace muchos meses que no veo sí. Así que se me ocurrió ayer la brillante idea de coincidir allí. Aprovecharíamos para vernos, contarnos mentiras y escalar un poco.
Entonces me meto en la página del Club Rupícolas de la Bahía, que es el club al que me refiero. Como todo club, organización, empresa o secta  tiene sus normas y yo decido informarme de cuales son.  Miro en su web y hay algo que no entiendo. Entonces me comunico con uno de los que lo regentan. Creo que es el rupicovicepresidente de Rupicolandia. Y me explica lo que tan bien viene explicado en la web pero que mi obsoleta mente de escalador no entendió.

Para escalar en el rocódromo un día, para probar por ejemplo, hay que ajustarse a las siguientes normas. Teniendo en cuenta que puedes ser socio del club pero no del rocódromo, para usar las instalaciones un día:
a)      Ser socio solo del  club. Precio 50€ al año y pagar 5€ por sesión. En este caso No importa estar o no federado. En caso de no estarlo firmas un papel en el cual te haces responsable de lo que te pueda ocurrir.
b)      No ser socio del club. En este caso el precio es de 7€ al día. En este caso Sí importa estar federado y no vale la opción de firmar el papel que te responsabilizas de lo que te pueda ocurrir.

Lo explico para las mentes obsoletas como la mía….

Si voy a comprar el pan y la panadera me dice que la barra cuesta 10 € no la compro porque me parece cara. Si voy a tomarme una cerveza en un bar y me cobran por ella 2,5€ por ella no me la tomo porque me parece cara. Cada cual hace sus normas y quién quiera las acate.

Una vez me apunté en un gym de esos modernos con Spa, monitores de televisor, música de discoteca, peluquería, fisioterapeuta etc.. Cuando fui a apuntarme me enseñaron las instalaciones y me dejaron probar gratis un día.  Esas eran sus normas. Mientras, la pandera me quería cobrar 10€ por una barra de pan a la vez que se la daba gratis a una amiga. Bueno y qué? Cada uno con sus normas. Pero no en la escalada. NO voy a tener la opción de ir a escalar en el rocódromo con mi amigo esta tarde porque no estoy federado. No tengo opción. Ni aunque tenga los 10€ para la barra de pan y esté muerto de hambre.

El precio de 7€ por sesión por escalar en unas instalaciones de 3º categoría me parece excesivo; pero no me importaba acatarlas porque comprendo que cada club, empresa o secta tenga sus normas. Pero no tengo la opción.

Si se tratara de un club de petanca, de paddel, de striptease, de golf o de saltar al elástico no me importaría. Ni tan siquiera me importa el hecho de no poder escalar esta tarde Me importa que la escalada se convierta en algo discriminatorio, en algo clasista, sin argumento, sin pasión
.
Esa pasión que vivo cada día en la roca cuando veo encadenar a un chico una vía de 7c+ y se corta un dedo con una laja afilada. El chico mete la rodilla en una chorrera y saca un trozo de esparadrapo si le lo lía en la herida y continua dándolo todo para llegar a la reunión. Esa pasión que veo cuando alguien va con muletas cargado con una mochila hasta el pie de vía porque tiene un esguince doble de 2º grado en uno de sus tobillos y decide que escalará solamente con un pie. Esa pasión que hace que después de un día de escalda la gente tenga una sonrisa de oreja a oreja. Esa pasión que hace que recorramos cientos de kilómetros en busca de un trozo de roca seca y que nos conformemos con hacer tan solo dos vías húmedas con las manos heladas. Esa pasión que hizo que una amiga de Cataluña bajara a pasar el Puente a El Chorro, esa pasión que llevo conmigo desde aquel día de primavera del año 1999.

Me entristece sentir que todo eso en unos  años se acabó. Y no por mí, claro está, sino por las generaciones que vienen detrás y que se van a encontrar con las dificultades que hoy yo me he encontrado ante un Club que dícese llamarse una gran familia.

Esperemos que los próximos requisitos para poder escalar allí no sean matar a una gallina y beber su sangre…

Buenas escaladas…

lunes, 5 de noviembre de 2012

AHORA


Mi escudo de fuego protector. Como una coraza impenetrable me haces sentir fuerte y poderoso; y no solo frente a los elementos, sino ante todo lo que acontece a mi alrededor. No importa el tiempo ni el espacio, porque ahora me encuentro seguro y protegido. Con mi coraza de fuego me encuentro a salvo. Quizás solo a salvo de lo que realmente soy..

Me resulta extraño. Es una sensación que, aunque se repita cada año, siempre produce en mí las mismas sensaciones. Hoy es uno de esos días. Acabo de terminar de escalar con unos amigos y llego a la furgo con Luna, mi perra labradora color canela. Enciendo el portátil y, mientras éste carga, saco de la nevera una lata de cerveza sin alcohol. Está fría. La rodeo con mis cansadas manos, produciendo en ellas una sensación de alivio momentáneo . Luna descansa junto a mí. Verla así, tranquila e inerte, recogida en sí misma, sobre la alfombra de la furgo, me produce una sensación de calma y tranquilidad. Ella suspira y, rápidamente, cierra los ojos. Mientras, el silencio es solo interrumpido por el sonido del teclado del ordenador, cuando mis agrietados dedos intentan hilvanar algo que tenga sentido, que me haga sumergir en un mar de pensamientos, quizás más puros y menos alterados que los que me rondan en esos momentos en los que estoy desnudo, sin coraza de fuego.

Es media tarde y el sol hace ya bastante que se escondió entre las escarpadas montañas de la sierra. Ahora la noche se apodera de nosotros y la temperatura desciende tan bruscamente como mi ánimo ante esta fría soledad.

De pronto, hacia el Este, una brillante luz blanca comienza a asomar lentamente, iluminándolo todo. Luna llena. Las escarpadas montañas comienzan a cobrar vida. Un  domo calcáreo de trescientos metros que se hace visible tras de mí, que parece vigilarme, quizás protegerme.

Yo escribo... Junto a mí una bolsa de picos camperos . De vez en cuando cojo dos picos, uno para mí y otro para Luna. Ella, al escuchar el sonido que produce la bolsa cuando meto mis rudas manos en su interior, abre los ojos, coge su pico, se lo come y vuelve a dormir.

Antes de seguir maltratando el teclado de mi ordenador me froto las manos y soplo en en interior de éstas intentando calentarlas sin éxito. Enciendo la calefacción, paro de escribir y mi mente sale volando, libremente, como los buitres que nos acompañaron durante nuestra tarde de escalada. Un mensaje de realidad ante todo lo que me ha pasado durante estos últimos meses. Mi reinicio total, un reajuste como último y radical recurso ante lo inevitable, ante el descubrimiento de mi persona.  El hecho de quedarme vacío, conmigo mismo; un hecho tan excitante como necesario que, a su vez, me produce una sensación continua de añoranza que aflora a cada minuto que pasa. Porque ese reinicio no es total, ya que permanecen en mi interior  todos esos recuerdos que me van bombardeando en estos  instantes. Y cuando estoy así, metido en mi furgo con la única compañía de mi leal amiga y miro a mi alrededor me asusto. Dónde está mi coraza de fuego!!

Cierro los ojos y junto las palmas de mis manos, enfrentando los dedos unos con otros, cada uno con su par contrario. Los estiro, inspiro lenta y profundamente llenando por completo mis pulmones y, así, logro que mi mente vuelva a mí. Estoy aquí y ahora, nada más.Vuelvo a ser yo... y sigo escribiendo...
Escribir es la forma que un día encontré de poder expresar y poner en orden todos mis pensamientos y sensaciones. 

De repente, en la soledad de la noche, suena el teléfono, sobresaltando mi tranquilidad, y todo cambia de repente. El sentido de la vida, es el único motivo que se me ocurre para que pasemos en este universo un pequeño espacio de tiempo, ser feliz. Si nos parásemos a pensar cuán efímero es este tiempo no dudaríamos ni un instante en ocuparnos exclusivamente en buscar la felicidad y dejar de lado todo lo que nos aleje de ese propósito, todo lo que enturbie lo que sentimos. 

A veces, parecemos necesitar corazas de fuego para refugiarnos en nuestros miedos. Porque solo en el refugio de nuestras mentes manipuladas por una sociedad establecida bajo unos ideales preestablecidos creemos poder encontrar una falsa sensación de seguridad, cuando, realmente, lo que estamos haciendo es negándonos a la vida, al riesgo que supone liberarnos de todos esos perjuicios. 

Si rompo esa coraza de fuego, y me libero de ella, de repente me quedo desnudo y eso me asusta. Me asusta ver lo que realmente soy, lo que realmente siento; porque todo por lo que había "luchado" durante todo este tiempo se desmorona delante de mis propios ojos y una sensación escalofriante recorre mi mente. Solo me queda respirar profundamente, inhalar aire de pureza y realidad y exhalar todos esos pensamientos negativos que se han ido creando en un pasado tan lejano como uno mismo quiera.

"Ahora que sin saber hemos sabido querernos como es debido, sin querernos todavía. Ahora que casi siempre tengo ganas de trepar a tu ventana y quitarme el antifaz..." Así decía el maestro Sabina.

viernes, 19 de octubre de 2012

Pequeña Princesa Para Siempre



Le daba pena la cría.
Por las mañanas, sobre todo. Porque él -él
ya tenía una edad- debía trabajar para ganarse la vida, pero ¿la cría?
Apenas cinco añitos de mocosa rubia y había que sacarla de la cama antes de
que amaneciera para llevarla al colegio. Se recordó a sí mismo con su edad.
El pelo corto y moreno, las rodillas moradas y cubiertas de costras y una
incapacidad patológica para quedarse quieto. El colegio era una especie de
cárcel obligatoria que no entendía. Podía enterarse bastante rápido de las
cosas cuando le interesaban, pero le parecía que a aquel tormento, sentado en un pupitre incómodo,le sobraban horas.

Karen y él se despertaban con la alarma del móvil. Él se levantaba despejado,
casi hiper activo. Aveces, de hecho, para cuando sonaba la alarma ya
llevaba un rato con los ojos abiertos. Karen permanecía quieta y gruñía un
poco, así que, normalmente, era él quien se acercaba al cuarto de Sandra para
despertarla.

A veces se quedaba un rato apoyado en la puerta mirando a la niña. Sandra
se movía mucho durante la noche y siempre amanecía con las sábanas en el
suelo o el edredón enredado entre las piernas. Apoyaba la cabeza en la
almohada con un apego que él envidiaba: jamás se despertaba antes de
tiempo. Mirándola se daba cuenta de que ya hacía tiempo desde que había dejado de ser
un bebé: al principio los cambios habían sido pequeños, como quitar el
pañal de día o dejar definitivamente los biberones. Pero ahora podía
distinguir perfectamente su cuerpecito espigado de niña debajo de las
sábanas. No es mía, pero como si lo fuera, se decía a veces; y, sin
embargo, sabía que no era cierto. Sabía que entre Karen y Sandra fluía una
corriente mucho más poderosa que la que él podría nunca establecer con
ninguna de ellas. Casi podía sentirlo ahora, como si incluso desde sus
respectivos sueños profundos, cada una en una cama, Karen y Sandra se miraran
con los ojos cerrados sin ser capaces de torcer la cabeza en otra
dirección.

Entonces suspiraba y pensaba en el quicio de la puerta, y se preguntaba a
qué habitación pertenece: a la de dentro o a la de fuera. Se decía que es
un sitio sin sitio, y que él en realidad estaba bien allí debajo. Después
se acercaba y despertaba a Sandra con toda la suavidad de la que era capaz.
“Vamos, pequeña, te espera el mundo. Lo siento, ojalá fuera de otra manera,
pero es así como son las cosas”
***

Por la tarde iba a recoger a la cría a casa de su abuela. Karen trabajaba
hasta tarde, y aunque él también tenía que comer fuera de casa, podía salir
antes y hacerse cargo de la niña hasta por la noche. Él también se daba un
poco de pena cuando comía fuera de casa, en la escasa hora que le permitían
para tragar el tupper que Karen le preparaba por las noches. Le había
propuesto un par de veces que quedaran para comer. Ella tenía más tiempo al
mediodía y no tardaba mucho en llegar a la obra en la que él estaba
trabajando. Sabía que Karen prefería almorzar con la niña en casa de sus padres
porque era más cómodo, pero todos los días le entraba una ilusión estúpida
por imaginarse comiendo con ella en un banco cualquiera, en tuppers gemelos
con tortilla de patatas o filetes empanados. La escena era mucho más bonita
en su mente que en la realidad: Karen y él sentados en un banco, apoyados en el respaldo, mirándose a los ojos, charlando, sonriendo. Ajenos a todo, en una especie de burbuja
donde no sólo no cabía nadie más, sino que no les hacía la más mínima falta. Pero él sabía perfectamente que en la realidad Karen y él siempre acababan estropeándolo todo.

Sandra estaba jugando con el ordenador en la mesa del salón. Estaba
entusiasmada, y a él le hizo gracia darse cuenta de la soltura con que
movía el cursor del ratón por la pantalla. "Es otra generación", se dijo, y
se preguntó si para ellos mover un ratón sería tan intuitivo y básico como
para él escribir con un lápiz.
- Vámonos, peque - se acercó por detrás a la niña y la agarró de las
axilas, levantándola en volandas. Sandra protestó y comenzó a hacer
pucheros.
- “¡No quiero irme!”
- “Pues nos tenemos que ir.”
- “¿Está mamá en casa?”
- “No, Sandra, mamá no está. Estoy yo.”

Se enfadó un poco, siempre lo hacía cuando llegaba este momento. Sabía que el llanto no tenía que ver con el ordenador.
Sabía que él era la frontera entre la bondad de los abuelos y la bondad de
mamá. Otra vez el quicio de la puerta. Sabía que Sandra le quería, y
también que prefería estar con los demás a estar con él. Intentaba ponerle
ciertos límites. Intentaba educar. Pero de alguna forma sabía que no estaba
en la posición más adecuada, así que hacía lo que podía. Agarró a la niña
prácticamente a la fuerza, se despidió de los padres de Karen  y se metió en el
coche.

De camino a casa, a Sandra se le pasó la llantina, eso también siempre ocurría así. Él le preguntó por el colegio y por sus amigos. La casa estaba lejos, ¿cuánto puede uno estirar
una conversación con una niña de cinco años? Echaba mucho de menos a Karen,
aunque supiera que quizás, solo quizás, verse poco tiempo al día era el ingrediente
principal de la receta que les estaba permitiendo vivir juntos. La niña se
quedó callada, y cuando él volvió de sus pensamientos se dio cuenta de que
se estaba quedando dormida. Mierda, se dijo. Si había algo peor que Sandra
enfadada era Sandra medio dormida. Se la podía imaginar llorosa en sus
brazos de camino al piso y pataleando luego sin dejar que le pusiera el
pijama.
-“ Sandra.”
-“ Mmm...”
-“ Sandra, no te duermas.”
- “Tengo sueño...”
- “¡Sandra!”
- “Queeee...”
-“ Venga, va, no te duermas... ¡Mira, gorda, mira la nieve! - y señaló al
exterior con un dedo.”
-“ ¿Dónde, dónde?”

Por el retrovisor central podía ver los ojos soñolientos de la cría
abriéndose esforzados en dirección al mar.
- “¡No la veo!”
- “Búscala bien, de verdad, verás como la encuentras.”


Sandra estiraba el cuello y oteaba en todas direcciones, mientras él
procuraba acelerar un poquito, lo justo, y acortar un poco el tiempo que
quedaba para terminar el recorrido. Mientras la miraba buscar pensó que,
quizás, lo de educar no se le daba tan mal. Y así, a lo mejor, llegamos a casa,
pensó...buscando cosas que no existen para mantenernos despiertos.
Al cabo de un rato, mientras le ponía el pañal de la noche y el pijama, reían porque él, “sin querer”, rozaba aquellas partes de su cuerpo las cuales hacían que la pequeña estallara en carcajadas.
Mientras él se peleaba con las medidas de los cereales para el biberón (tres cucharaditas de cereales, una de Gofio, etc) ella intentaba luchar contra el cansancio para poder ver algún capítulo de sus dibujos preferidos en el portátil. A veces, cuando él llegaba de la cocina ya estaba dormida. Ese momento era increíble. Su lenta respiración, la suave piel de su cara reposando sobre la blanca almohada y el olor de la niñez, de su pura e inocente niñez. Él, por aquel entonces, ya sabía lo que tenía que hacer. Derramaba un poco del contenido del “bibi” en su mano derecha para comprobar la temperatura, y luego acariciaba los labios de ella con la tetilla del biberón. En ese momento Sandra entraba en un bello “trance”. Abría la boca y dirigía, sin abrir los ojo ni por un instante, sus manos hacia el “bibi”. Se lo tomaba de un tirón y, cuando había terminado, lo dejaba caer libremente. Era increíble…
En el tiempo que duró esa etapa dejó de ser importante si compartían la misma sangre o no, y si tenían los mismos genes o eran prestados. En esa estapa comenzó a amar a Sandra, para siempre…
Luego ella comenzó a crecer, y ahí fue cuando él se dio cuenta de que sus presagios, acerca de que Sandra era una niña especial, eran certeros. Su forma de sacar de sus casillas tanto a Karen como a él contrastaba con la forma que tenía de impresionarlos con su belleza, con su pureza y sensibilidad. Claro que, no todo fue fácil…
La primera noche de Reyes Magos:
Karen y él estaban atacados, porque en ese momento Sandra tenía 3 años. Eso fue antes incluso de los viajes en coche en busca de la nieve de Cádiz.
Pero, qué regalar a una niña de 3 años para que sienta lo especial de ese día? Juntos, Karen y él recorrieron jugueterías y tiendas de regalos. Pero era tan pequeña que un “buen” regalo igual no iba a ser apreciado por la pequeña princesita. Entonces él recordó los días de Reyes de su infancia. Compraron globos y colorearon el salón con ellos. Y envolvieron copiosamente muchos pequeños regalos. La idea no era el regalo en cuestión, sino que Sandrita sintiera la magia de un día especial. Karen y él disfrutaron muchísimo aquella noche mientras preparaban los regalos de Sandrita. Me atrevería a decir que fue mucho más especial para ellos que para la pequeña. Ella, a la mañana, cuando despertó, quedó impresionada por los globos de colores que inundaban el salón. Disfrutaba correteando tras ellos y Karen y él se llevaron algún susto cuando Sandrita conseguía explotar alguno.

Cuenca, (Cuando drogaron a Sandra):
Si hoy le preguntas a la pequeña princesa que dónde está Cuenca, no sabría qué responder exactamente. Lo que sí te diría es que está realmente lejos.
Sandra duerme. Quizás más que Karen. Después de escalar siempre él la subía en la mochila para bebés y, al cabo de pocos minutos, notaba como su cuerpo se mecía en el habitáculo. Quedaba rendida dentro de la mochila. A él eso le encantaba.
A quién se le ocurre hacer la fiesta de cumpleaños de su hijo un viernes por la tarde? Pues seguramente a algún padre no escalador. El caso es que tras la fiesta, él y Karen lo tenían todo preparado. Recogieron a Sandra y partieron hacia Cuenca. Sandrita no llego despierta ni al Puente Carranza. Mientras, él y Karen disfrutaban del viaje. Eran las 19 horas y aún quedaba muchoooo día. A eso de las 12 de la noche él y Karen decidieron que ya estaba bien. Quedaban un par de horas para llegar y estaban agotados. Sandra llevaba ya 5 horas de profundo sueño. Mientras él terminaba de preparar la cama de la furgoneta Sandra despierta de repente. “bueno, no pasa nada, es Sandra, dormirá otra vez”. La niña parecía que había dormido la siesta. Estaba espabilada por completo. Entonces Karen cayó en que llevaba en su botiquín unas gotas que venden en farmacia para ayudar a conciliar el sueño a los niños (totalmente legal eh?). El caso es que había que echarle una gota por kilo de peso del niño. Karen, con su instinto protector de madre, y menos mal que fue así, echó 4 gotas!!!!!!! En el biberón de la criatura. Le debió poner como 12 gotas según las instrucciones. El caso es que siguieron conduciendo un rato más y cuando llevábamos una hora mas o menos Sanra cayó dormida. Eran las 1 de la mañana y debía quedar una hora para llegar. Aprovechando que la pequeña estaba dormida decidieron para y descansar ellos también. Karen y él despertaron a las 10 de la mañana y Sandra seguía durmiendo. Desayunaron y Sandra seguía durmiendo. Partieron hacia Cuenca mientras Sandra seguía durmiendo. Llegaron a Cuenca y Sandra no despertaba. La despertaron y Sandra estaba colocada. Fueron a un sector y Sandra se llevó todo el día sentada en su sillita, tapada con una mosquitera y, supongo que, viendo dragones y arañas con tres cabezas…..

Podría contar mil historias sobre Sandra y sobre lo especial que ella fue para él. Quizás tardaran en darse cuenta de la importancia que el uno tenía en la vida del otro. Pero cada vez que él hablaba de ella podía reflejarse el amor en sus verdes ojos.
Entre los dos había una conexión especial. A veces enfrentados por ver quien obtenía el privilegio detener a Karen en sus brazos. Una lucha que casi siempre ganaba la pequeña, obviamente. Él lo aceptaba, a veces más resignado y a veces más indignado. Él también requería la atención de Karen y Sandra siempre estaba ahí para recordarle quienes compartían sangre. Pero cuando estaban solos era diferente. Gastaban bromas a los demás, tenían su propio código para pasárselo bien. Compartían miradas de complicidad, como cuando una vez, una dependienta le dijo a él que la niña era muy guapa y que se le parecía. Ambos rieron sabiendo que la pobre dependienta había fracasado en su intento de quedar bien…
Aunque, a decir verdad, a él se le caía la baba y se llenaba de orgullo cuando alguien, aunque fuera una dependienta despistada o desesperada, le otorgaba a él la figura paternal. Porque el corazón no entiende de genes, ni el amor de sangre…
Junto a ella él aprendió muchas cosas.
Las cosas habían que tomárselas con más calma, porque ahora, uno más uno eran tres…. Que no importaba cuántas vías hiciera en el día si podía sentarse en una piedra y ver como Sandra tragaba con cara de estreñimiento, el puré de lentejas mientras él, pacientemente, le hacía el juego del pajarito. Que daba igual salir un viernes por la noche o un sábado por la mañana si Sandra tenía que ir a una actividad del colegio. Que no importaba de qué material estuvieran hechos los sueños, si en esos sueños estaban ellas…
Quizás él tardó demasiado en darse cuenta de que quizás un día, por eso de la sangre y los genes, no iba a poder disfrutar más de Sandra. Quizás si lo hubiera sabido hubiera estado aún más tiempo con ella. Quizás no hubiera protestado cuando en algunas ocasiones Sandra lo despertaba a las 3 de la mañana gritando “bibi, bibi!!”, Quizás hubiera sido más paciente cuando Sandra se distraía con el rastro de una mosca cuando él le explicaba la lección de matemáticas, quizás hubiera estado presente el día en el que Karen la enseñó a montar en bici. Quizás hubiera visto más películas de dibujos junto a ella en el estrecho sofá de la casa. Quizás hubiera cambiado algún viaje de ecalada por otro diferente. Quizás, de haberlo sabido, eso de la sangre y los genes, hubiera estado más alerta….

Pero así no se juega a esto de la vida, verdad Sandra?
Porque tú iempre recordarás cuando caminastéis por la carretera, desde el sector de escalada hacia el choche, ambos desnudos y con las mochilas puestas, mientras todos los coches aminoraban la marcha y tocaban el claxon atónitos ante lo que veían.. Tu siempre recordarás cuando él te hacía reír con “este pica, y este pica, y este pica…” Siempre tendrás en mente el juego del pajarito, y cuando seas madre, y tu hijo no quiera comer, le recordarás y le harás el juego a tus hijo. Tú recordarás para siempre quién es Chris Sharma y cómo se dice en inglés. Recordarás, sin duda, como se coge el volante de un coche a partir de los 60 km/h y qué se debe hacer si llevas a tu hijo de 10 años, llevando el volante y se cruza contigo un coche de policía. Recordarás tu primera tabla de surf, tu primera bicicleta, tu primeros pies de gatos, tu primera vía ferrata, y le recordarás a él…






Porque esto no va de sangre y de genes verdad princesa? Esto va de amor… y eso, Nadie nos lo podrá quitar.. Él te quiere...Como tu nombre, para siempre....

domingo, 7 de octubre de 2012

El otoño y otras cositas....



Parece que, por fin, ya llegó el otoño. Los mese de verano, para un escalador que se precie o, mejor dicho, que se aprecie son una tortura. Sí, lo se, el verano mola. Los cuerpos bronceados, las chicas en bikini, las cañas en las terracitas de Cádiz, las tardes infinitas,las chicas en bikini, tostarse bajo el sol con el sonido del mar de fondo, ir siempre en chanclas y en camiseta,  las chicas en bikini, las caballitas con picadillo, el tinto de verano y, como no, las chicas en bikini....

Pero...y escalar? Escalar en verano, por lo menos en Andalucía, es algo como que desagradable.. Es como si Mike Tyson te pegara un puñetazo y tu dijeras "bueno, tampoco pega tan fuerte no?" Eso sí, con la nariz rota y un par de dientes menos...

Este verano estuve más listo. Sí sí.. Cada otoño me prometo que no volveré a escalar en verano, que en verano descansaré y eso le vendrá bien a mi cuerpo y a mi mente, que no compensa el dinero en gasolina para no estar a gusto, que en verano disfrutaré de otras cosas (como lo de las chicas en bikini, por ejemplo),  que así cojo el otoño más motivado. Y una mierda... Cada verano vuelvo a caer en lo mismo... Sabéis en qué..?

En los kilómetros basuras con el aire acondicionado a tope, porque si abres la ventanilla te quemas, y claro, el coche chupando a tope. Cuando por fin llegas al sector y bajas del coche ya tienes calor, las chicharras parecen los tres tenores, el suelo irradia calor, El sector está a la sombra, por supuesto, y tienes la esperanza de que los 3 km/h de levante refresquen la pared cuando llegues a ella. Pero claro, está la aproximación. Con eso no contaba. La aproximación es como conocer el infierno pero estando aún vivo, y digo aún porque parece que mueres. De hecho quisieras estarlo. Vas en chanclas, porque es verano, aunque no hay chicas en bikini (las chicas en bikini están en la playa, y luego van a las terracitas a tomar cañas y a lucir sus cuerpos bronceados). Miras a un lado y ves a Varo. Varo es un tío guapo, pero asusta, tiene tatuajes de presidiario, músculos grandes y no lleva bikini (menos mal). Pero miras al otro lado y ves una vaca. Una vaca... Si el suelo irradia calor, imagina la vaca. La vaca cuando respira no echa aire, echa fuego. La vaca es el mal, el diablo. O por qué iba a tener una vaca cuernos y rabo?? Bueno, eso no tiene nada que ver, porque  todos los tíos tenemos rabo, y muchos también tienen...

En fin...

Ya no hay marcha atrás. Con la tontería de la vaca y Varo ya has subido más de la mitad de la cuesta, así que sigues prensado cosas como...
(entre paréntesis mi voz en off)

"Seguro que refresca, son 3 km/h de levante..." (Los cojones)
"Dónde voy a estar mejor que escalando con mi amigo?" (Pues en la playa viendo chicas en bikini)
"Qué se puede hacer un sábado de agosto mejor que escalar?" (Ver chicas en bikini?)
"Seguro que en el sector me encuentro con gente y lo pasamos guay" (Sí, con la vaca)

Luego llegas al sector. Sudas. Mucho. Te secas el sudor con la camiseta y la "tiendes" sobre una roca para que se seque. Es curioso eso. Porque la camiseta no la usas salvo para secarte el sudor. Luego, cuando te vas, no te la pones porque es de algodón 100% made in Spain (aunque lo pongan en inglés) y no se seca hasta el martes. Entonces, por qué cojones no te llevas en lugar de una camiseta una toalla? Supongo que porque la toallas es para cuando vayas, después de escalar, a darte un baño a la playa y poder lucir, junto a las chicas en bikinis, tu cuerpo bronceado. Pero claro, cuando eso ocurre, es de noche, y no hay ni Cristo en la playa. Bueno, sí, una vaca. Sí sí, en las playa de Cádiz puedes bañarte junto a una vaca. Da envidia eh?

Cuando te pones los gatos es como cuando mi hermano y yo compartíamos habitación. Teníamos una litera pero nunca definimos quién dormía en la cama de arriba y quién en la de abajo. Pero siempre, siempre, quién llegaba primero se acostaba abajo. Así, de esta forma, sutilmente, esperaba a que el otro fuera acostarse. Cuando éste levantaba una pierna para hacer el  mantel de 6a obligado e indispensable par subir, el que descansaba plácidamente en la cama de abajo, aprovechaba la situación y el incómodo bloqueo, para meterle el dedo en el culo al otro, jodiéndole el paso y haciendo que lo volviese a intentar. Pues ponerte los gatos en agosto es algo parecido a eso. Una putada.

Bueno, allá vamos. Gatos puestos, cuerda atada al arnés, que a su vez está pegado a tu cuerpo, 1 kg de magnesio en la magnesera, las expresses... Sudo, bebo agua, sudo más, bebo agua, sudo más, dejo el agua, sigo sudando... 1, 2 y 3 km/h... respira, aprovecha el 3....fresquito... (los cojones)

Cuando pones los dos pies en la pared te encomiendas a Dios, o a la vaca, para que Varo no tenga alucinaciones con chicas en bikini, con cañas en terracitas, con tintos de verano o incluso con..... eso...con chicas en bikini...

Todo un suplicio....Podría seguir, pero creo que ya tenemos una idea de lo que puede ser escalar en agosto con Varo... y con una vaca. Hay muchas más cosas, pero os dejo que las descubráis por vosotros mismos el verano que viene...

El caso que, como decía, y ahora en serio (los cojones), este año por lo menos he sido un poco más listo y me he dedicado a hacer otras cosas. No, no... Pues claro que he ido a escalar!!!. Eso de no escalar en verano es una mentira del gobierno para que vayas a la playa y veas chicas en bikini, te entre calor y consumas tintos de verano y cañas en las terracitas...

Lo confieso, he escalado. Y quizás (sí, quizás) más que otros años. Pero he hecho cosas diferentes.

Lo que a continuación os voy a contar es algo que, si alguna vez lo contáis a alguien, yo lo negaré rotunda e irrevocablemente. He pasado de proyectos "duros", he escalado y disfrutado en las placas de San Bartolo, he hecho bloque (joder me estoy poniendo colorado), vías de autoprotección y alguna vía de largos de deportiva. Y me lo he pasado genial.

Placas de San Bartolo:
Por cercanía, por temperaturas y, sobre todo, por cambiar, este verano fui a Bartolo más que nunca (por lo menos en los últimos 10 años). Me seducía cambiar de estilo de escalada y de roca. Dar un descanso a la desplomada caliza, trabajar el canto pequeño y mis maltrechos e inadaptados tendones, colocar pies, fiarme de los gatos, sentir la fricción de la arenisca, pulirme las yemas... Lo pasé genial. Descubrí la belleza de esa escalada y unas vías increíbles. Las mejores sin duda: Sector Los Buitres: Mapache 7c, Duro de pelar 7a/+, Mandrágora 6c+, Amarcord 7b, Aínda 7c. Pero hay más... mucho más...

Bloque:
Yo tengo un crash pad. Cómo dice un amigo. Quién no tuvo un crash pad no tuvo infancia. Pues yo tuve ambas cosas. Pero si soy sincero lo usé poco. Pero por circunstancias ajenas a mí, en verano hice un poquito de bloque. Que sí, que sí.. En verano el bloque es una mierda porque no hay adherencia y tal.. Pero lo pasé bien. En el Helechal hay días que el viento va a 4 km/h..flipa!! En serio, lo pasé bien sobre las piedras, sin arneses, ni cuerdas, ni cintas. Pasando miedo. Con todo lo social y  divertido que llega a ser esta disciplina. De hecho, me he prometido convencer a Varo para que se pille un crash pad (porque yo tengo ya uno) e irnos los tres este invierno a blocar (la vaca ya es de la familia. Vive una semana con cada uno y se llama "illaaaaaa"). Además de divertido, complemento perfecto para tener "power" en vías duras...

Vías de autoprotección:
Durante los primeros años de escalada, cuando más frecuentaba San Bartolo, estuve viendo, impresionado por la belleza de su trazado, una línea en la pared de Los Buitres. Un corte perfecto sobre una lisa placa rojiza de arenisca. Una fisura que, desde el momento que la vi, quise hacer. Pero era séptimo grado, de fisura y autoprotección (los cojones). Pero en Bartolo cortaron los árboles. Podaron el precioso bosque de eucaliptos que hacían de ese lugar un bello rincón para disfrutar de la roca. Y así, descubrieron aún más la perfecta fisura. Así que, cada vez que este verano subía la cuesta con Varo y la vaca, la veía. Le hablaba a la gente de esa línea, de lo perfecta que era. Pero la gente..no se... no la veían como yo... (Claro imagínate a una vaca metiendo friends). El caso es que un día me encontré allí con Alberto, que la estaba montando. Yo no tengo mucha experiencia en vías de autoprotección y hacer una de ese nivel metiendo los cacharros iba a ser una experiencia espeluznante. No, no... Pero Alberto, escalador polivalente con experiencia en el tema, se ofreció a dejarme los friends puestos si yo quería. Ya se que el estilo es el estilo, pero para mí ya era suficiente escalar 7a+ empotrando hasta las orejas, con la ausencia de los resplandecientes químicos que, cada vez más, inundan las paredes de Bartolo. En lugar de eso, empotradores y friends. Gracias a Alberto pude hacer realidad un sueño de escalador. No encadené, pero por poco. Fue una de mis mejores experiencias como escalador del montón, apreté como nunca y sufrí como siempre. Volé de un friend y lo volví a intentar, y volví a volar, y lo volví a intentar, y saqué el paso. El último paso antes de la reunión  fue impresionante. Luego hice con Ana algún largo de la clásica "Equinoccio", Esta vez poniendo los cacharritos y volviendo a pasar miedo... Fue un gran día...

Vía de largos equipadas:
Orión:
Los Vados, Granada.
Vas de Granada dirección Motril. Dejas a tu izquierda las cumbres de tres mil metros de Sierra Nevada. Conduces hacia el sur, hacia el Mediterráneo. Pero, antes de llegar a la costa, la carretera cruza a través de un profundo barranco de unos 200 metros de altura aproximadamente. En el centro e una de sus paredes se encuentra la vía Orión, 6c (los cojones. Algún largo era mínimo 7a).

Una línea para soñar, una roca perfecta, un ambiente impresionante, la soledad, la compañía, el silencio, el vacío, la risas, el olor, el sabor, la letra, la pasión, el dolor, la manzana y tú....

buenas escaladas otoñales...... (a la mierda el puto verano)







domingo, 16 de septiembre de 2012

CUESTIÓN DE SUERTE?


Nunca tuviste la sensación, al despertar una mañana, de que ese día era especial por algún motivo, pero estabas tan dormido que aún no sabías por qué? Y cuando por fin se despierta la mente, justo después de los sentidos, solo puedes sonreír y ponerte en marcha.... Cuestión de suerte?

Me levanto, desayuno un tazón de cereales y un poco de fruta fresca. Me lavo los dientes, me afeito y me doy una ducha, de esas en las que acabas cerrando el grifo porque la conciencia irrumpe en la increíble. maravillosa y gratificante sensación del agua cayendo por mi cuerpo.

La emoción del momento hace hasta que se me olvide coger algo de comida para pasar el día. "Da igual, ya comeré cuando vuelva". La realidad es que mientras escalo mi cuerpo está tan excitado que mi estómago se cierra, pudiendo estar sin comer nada durante horas.  Esa misma emoción hace que se me olvide coger de casa el otro par de pies de gatos, pues los que tengo en la mochila tienen un agujero que en breve puede dejar al descubierto mi dedo gordo del pie izquierdo. Hay dos cosas de la fisionomía humana que me parecen bastante feas: los penes y los pies. Comprendo que ambos son muy necesarios y carecer de ellos sería una gran putada, pero tampoco es para ir enseñándolo por ahí, digo yo...

Vale...

La ausencia de comida y el hecho de que los gatos estén medio rotos me producen tanto mal rollo como que  Cristiano Ronaldo esté triste. Eso no me va a estropear el día, en absoluto.... 

Mientras conduzco me dejo llevar por el paisaje. La llanura gaditana con su suave brisa fresca comienza a cambiar a medida que me adentro en el interior de la provincia. La campiña jerezana con sus suaves lomas y esa mezcla de tonalidades verdes. Mientras conduzco y observo el paisaje me dejo llevar por la música. No recuerdo cuándo fue la última vez que conduje de esta forma tan relajada. En Arcos ya huele a sierra. La silueta de la Sierra de El Pinar es sublime. Como ancestro testigo de nuestros pasos, permanece solemne y firme, como fiel centinela del portentoso embalse, siempre lleno de vida, a los pies del Castillo.  Leyendas. Infinidad de leyendas medievales se asocian a los muros y pasadizos de la fortaleza, como aquella, referente a la conquista de Arcos por Alfonso X, que narra cómo los cristianos se sirvieron para tomarla de un conducto oculto que conectaba el castillo con el río Guadalete, utilizado por las noches por una bella musulmana, señora de la villa, para bañarse en sus aguas, y por eso llamado «el baño de la reina».

Llego a El Bosque y los aromas cambian. El olor de los bosques de pino invaden mi coche al abrir las ventanillas y quitar el maldito aire acondicionado. Siempre que llego a El Bosque, por mucho calor que haga, hago lo mismo. Abro las ventanillas para "oler" la montaña. En Benamahoma recojo a un chico alemán que hace autostop. La conversación es más bien un intercambio de palabras típico de viaje en ascensor. Poco a poco, al comprobar que no es un asesino que quiere robar "todo" lo que tengo, me suelto y hablamos en un fluido inglés londinense :). En los 20 minutos que duró el viaje le expliqué todos los senderos que podía hacer desde Grazalema (eso sí, early in the morning..), hablamos acerca de lo bueno que son los coches alemanes y lo mal que conducen los guiris por las estrechas carreteras serranas. 

Tras pasar por El Puerto de El Boyar el aire se vuelve más fresco y la esencia de la montaña más intensa. Llegamos a Grazlema y lo dejo en la puerta del camping. Seguramente no lo vuelva a ver más en la vida, pero en este camino anduvimos juntos durante un rato. 

- Thank you very much
- No, Thank YOU  for your company

Sincronizados, llegamos al parking. Echaba de menos esa sensación y no han pasado ni 48 horas. Enseguida cogemos el material y nos ponemos en marcha. Reboso de energía. me siento ágil y fuerte. De repente, me encuentro de nuevo en una carrera contra reloj, una carrera contra el tiempo. Cómo ganarle tiempo al tiempo? Solo es posible cerrando los ojos y saboreando el momento, sonriendo... no es así?

Comenzamos a escalar y me hacen gracia tu comentarios cada vez que hago una vía. Parecen gustarte todas las vías. Tú vas detrás. Aún me sorprendo al verte escalar. Los movimientos son siempre suaves y precisos. Parecen no costarte hasta gritas al aire, te estiras y haces esos movimientos de dedos para poder llegar al siguiente agarre. Yo sonrío por dentro porque se que se siente al darlo todo en un vía.  Así hasta que nos obligamos a descansar un poco porque son las 4 de la tarde y ya llevamos unas cuantas vías, mientras los demás aún están mirando el croquis para ver qué es lo que hacen. 

Tu vienes con un tupper y dos tenedores. Me gusta que me cuides. Lentejas? Sabes de mi poca predisposición para ingerir alimentos mientras escalo y me ofreces lentejas? Aún así, me imagino que las has hecho tú y, no se por qué, me apetece probarlas. Están buenas, pero son lentejas y quiero seguir escalando a tope... 

Luego nos escondemos y hacemos otra vía, y luego otra, y luego otra.... y  el maldito tiempo sigue corriendo, y yo sigo robándole al tiempo un instante feliz....

- Gracias
- NO, gracias a ti.... 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Clic.....

 En el confortable prado verde, rodeado de simpáticos almendros con flores de nieve, donde la espesa niebla desaparece vencida por los cálidos rayos de sol de noviembre andaluz. Allá abajo, donde un juego de luces mágicas de colores enmarca el horizonte y aún se puede oler el suave y joven aroma de tu piel. Allá abajo, donde tengo la sensación de que el tiempo se detiene y, en realidad, en lugar de eso, va tan deprisa que parece que las horas duraran algunos segundos. Allá abajo, donde me acerco a ti y se me disparan los sentidos excitando todo mi cuerpo. Allá abajo, donde te dejas guiar por mí; y a mí me gusta eso, cuidarte, protegerte, que me mires cuando te hablo, que sonrías conmigo, que regatees tiempo al tiempo para quedarte a mi lado un poco más. Ahora te toca a ti.


Clic...

Respira, tranquila. Relaja... Ya pasó ese momento de angustia e incertidumbre en el que no sabías qué iba a ocurrir, en ese momento que temías cuando estabas...allá abajo. Los has hecho bien y se nota en la expresión de tu cara. Tus ojos brillan, y eso me gusta.

 Durante unos minutos nuestros cuerpos permanecen unidos por una cuerda tan delgada o gruesa como el dedo índice de tu suave mano. Tú controlas la situación a la perfección mientras confías tu vida en mí.  Yo permanezco atento, y lo sabes. Puedo oír tu respiración, entonces suspiro... Tu cuerpo se mueve lento pero preciso, como algo frágil y delicado que parece pudiera romperse al más mínimo descuido. Pero eso no ocurre porque tu mente parece haber hecho que tu cuerpo se mueva ingrávido, como si no pesara, o como si la gravedad no quisiera molestar ese momento tan especial y tan íntimo que solo tú y yo nos hemos dado cuenta de ello, mientras los demás  matan el tiempo antes que el tiempo los mate a ellos.

Ese tiempo nos perteneció a nosotros. El tiempo que soñé la noche anterior y que se convirtió en realidad. Esa realidad que ya no se si la buscamos, la escogemos o es, simplemente, cuestión de suerte...

Tu cuerpo permanece quieto, casi petrificado. Quizás hechizado por el momento, quizás extenuado por el esfuerzo. Pero tus  ojos brillan dándole vida a tu inmóvil y estilosa figura. Te quitas la cuerda y das dos pasos hacia mí. Tu sonrisa... Me rodeas con tus brazos y nuestros cuerpos se vuelven a unir. Esta vez no hay nada entre ellos. Ahora puedo oler tu piel, acariciarla...

Ahora me toca a mí. Me preocupa la maltrecha piel de las yemas de mis dedos, me preocupa cómo será el tacto de la roca después de que durante toda la mañana ésta estuviera envuelta por el espesor de la niebla, me preocupa mi estado físico después de los os intentos del día anterior, me preocupa ese movimiento infinito y el no saber cómo hacerlo. Los primeros metros son fáciles y eso hace que mi mente aún deambule en las profundidades de mis temores. Ahora estoy en un repisa donde puedes soltar tus manos, "mojar" magnesio y ordenar los pensamientos. Algo tan fácil como seguir mi cuerda hacia debajo. Cojo el invertido y siento cómo mis pies abandonan el confort de la repisa, como por sí solos... Los movimientos van saliendo a la perfección impulsados por tu suave voz que me acompaña en cada momento dándome el aliento necesario para mantenerme pegado a la pared. Sin darme cuenta estoy en el paso que tanto me preocupaba. Lo afronto tranquilo, calmado. Las regletas son tan finas que hacen resbalar mis dedos desgastado y caigo. Y lo vuelvo a intentar, y vuelvo a caer, hasta que desisto. Sigo escalando, concentrado, dándolo todo. llego al final y por fin tengo una tregua.

- "Bien, no?"
- "Claro" Contesto
- "Cada vez estás más cerca"
- "Si, muy bien, me encanta esta vía. Me da igual haber caído porque aún disfruto intentándola"

Pero lo que en realidad lo que  más me fascinó fue ese momento en el que me até la cuerda y la seguí hasta ti, El momento en el que te acercaste y unimos nuestros puños. El momento en el que  miré desde la repisa hacia debajo y todos mis temores se disiparon. El momento en el que  tu voz empujaba mi cuerpo, centímetro a centímetro....

Uno espera los mejores momentos y después se da cuenta de que terminan en un instante. Pero, y ese instante?

Ese instante en que te vi por primera vez y me dije a mí mismo: "............."