miércoles, 7 de septiembre de 2011

QUÉ BUENO ESTO DE ESCALAR!


Durante estos últimos años nunca pensé que mi motivación pudiera decaer, aunque uno siempre es consciente de que eso ocurre, a otros claro. Pero a unos también le ocurre. Por diferentes motivos comienzas a trepar menos y, poco a poco, dejas de suministrarle esa “droga” al cuerpo, y éste parece ir liberándose lentamente, desintoxicándose de tanto años de roca, pegues, proyectos… Un día comienzas a pensar que quizás haga mucho calor como para pegarte hora y media de carretera y pasar calor intentando por enésima vez ese movimiento. Llegas a asustarte, claro. Qué iba a hacer yo cuando no escalara? Qué haría un fin de semana o unas vacaciones? Me daba pánico verme un lunes etiquetado en una foto de Facebook con una copa en la mano y levantando el pulgar de la otra, en una discoteca cualquiera a cualquier hora de la madrugada, pasar el domingo tirado en la cama prometiéndome no volver a salir más una sábado por la noche. Pero en estos meses en lo que casi no he escalado he descubierto que uno no es lo que hace, si no lo que siente. Y yo soy escalador. Lo soy porque lo siento; lo soy porque ponerse el arnés, atarse el nudo y calzarse los “gatos” forma parte de mí; lo soy porque a veces, cuando hablamos de escalada frente a una cerveza fresca con las manos doloridas me llegan a sudar las manos, como me ocurre en este instante en el que escribo estas líneas. Lo soy porque así lo siento. Lo sé desde hace tiempo. Pero ayer, después de un parón obligado por el calor, volví a experimentar esas sensaciones que hicieron que un día llegara a amar este deporte, esta forma de vida, a vibrar en una pared desplomada caliza de 35 metros, luchando con monodedos, regletas, reposos y nervios…

Ayer iba motivado y me sentía más ligero que nunca. Alcanzar la sección clave del monodedo fue algo impresionante, y pude seguir hacia arriba pero fallé en pararme a chapar una cinta que tendría que saltarme y caí. Pero la sensación de superar el “crux” de esta vía me hizo chupar una buena dosis de motivación. Desde ahí a la cadena fue un paseo. La sensación de volver a apretar, a darlo todo, a gritar extasiado. El olor a roca, a naturaleza, a encadene… Qué bueno es escalar!!

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