domingo, 6 de marzo de 2011

EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Muchas veces me pregunto cuánto tiempo de mi vida he pasado conduciendo, con la mente ocupada por regletas, chorreras y proyectos, de un sector para otro, de aquí para allá en busca de aquel pedazo de roca eterna que, por un corto periodo de existencia para ella, a nosotros nos encandila, nos atrapa, nos ilusiona y nos da la vida...

Hacer 1200 km en un fin de semana puede parecer una barbaridad. A mí también me lo parece. Pero aún hoy siento ese nerviosismo infantil que me acompañaba en aquellas noches precedentes a una jornada de escalada, cuando eso de escalar era aún algo por descubrir...

En el transcurso de la hora que necesito para recuperar mis castigados antebrazos, tras el fallido intento a ese eterno proyecto, contemplo a aquellos escaladores que ahora están descubriendo esta pasión por la roca. Observo todos sus movimientos. Intento recordar esas sensaciones pioneras para ellos y tan aprendidas ya por mí. Calzarse los pies de gatos, atarse el nudo, colocarse las cintas, la magnesera, respirar profundamente...

Mientras eso ocurre mis cintas siguen colgando en esa placa vertical e imponete, a la espera que mi cuerpo y mi mente estén preparados y dispuestos para una nueva batalla contra sus treinta metros de exigentes movimientos...

Sigo descansando al calor de esos rayos de sol invernal sentado sobre la fresca hierba del pie de vía. Observo los movimientos de los nuevos escaladores sobre una vía de sexto grado. En cada movimiento ha de haber una traducción por parte del cuerpo sobre lo que la mente quiere ejecutar. Yo, desde mi privilegiada posición, hace rato que se que, si no pone el pie izquierdo cuarenta centímetros más arriba y a la derecha a la vez que gira la cadera, no podrá coger el agarre deseado y, probablemente, caiga. Un rato más tarde, tras algunas paradas, el escalador llega a la reunión y su fiel compañero lo devuelve a suelo firme. Su cara y sus ojos los dicen todo. Su felicidad es transmitida a cada uno de los allí presentes y su llegada a la cadena de la vía fue toda una victoria. Yo ya se lo que va a ocurrir esta noche cuando se vaya a la cama y cierre los ojos. Todas esas sensaciones volverán y ahí es cuando comienza ese descubrimiento maravilloso, ese aprendizaje...

De reojo miro hacia arriba. Esta vez unos 15 metros a la izquierda de la vía de sexto grado, hacia esas cintas colgando desafiantes. Es mi turno... Después de treinta metros de perfectos movimientos sincronizados con la caliza gris y perfectamente ejecutados llego a la sección clave de la vía. Desde unos planos buenos he de coger una regleta de hombro con izquierda bastante roma, clavar el pie derecho y coger otra regleta vertical con la mano derecha. Después de subir pies he de hacer un movimiento dinámico para alcanzar un canto plano pero bastante bueno. Caigo. No me lo creo. Mi impotencia hace que grite con rabia. Estuve tan cerca esta vez!!
La rabia y la impotencia desaparecen al instante tras soltar toda la adrenalina acumulada durante la treintena de metros que tiene la vía. Al llegar al suelo recuerdo ese rato mientras descansaba a la espera de intentar mi proyecto. Siento una felicidad comparable a la que creo que podía sentir el escalador al que observaba en mi rato de descanso, o por lo menos, sin duda, siento algo parecido. Ya se lo que va a ocurrir esta noche cuando vaya a la cama y cierre los ojos.

Realmente da igual cuanto tiempo llevemos escalando. No importa la dificultad de la vía que estemos intentando. Importa esa cara y ese brillo en los ojos que veo cuando, aunque te hayas lastimado una dedo, aunque te hayas parado veinte veces en una vía, aunque hayas caído en el último paso de una vía, llegas al suelo y transmites todas esas cosas maravillosas que has sentido ahí arriba. Así que, mientras pueda, seguiré conduciendo de aquí para allá con la mente ocupada por regletas, chorreras y proyectos, de un sector para otro, en busca de aquel pedazo de roca eterna que, por un corto periodo de existencia para ella, a nosotros nos encandila, nos atrapa, nos ilusiona y nos da la vida...

2 comentarios:

  1. Buenas..hermosos pensamientos traducidos al lenguaje ordinario. Percibo en el pasaje en el que dices que ya sabes que pensaras cuando vallas a sobar cierto gusto agrio.....un zumbido de frustración tras la oreja como mosca cojonera...recuerda que lo mejor es el viaje, el esfuerzo día a día,el afán de superación y lo que descubres en el camino .....el objetivo es tan solo..... EL FINAL.

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  2. por supuesto.... por eso escalo después de tanto tiempo!!

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