jueves, 31 de marzo de 2011

PROYECTO

Cuando sientes ese extraño cosquilleo en el estómago y solo con pensarlo el pulso se acelera; cuando vas conduciendo, dejas volar la imaginación y las manos comienzan a sudar; cuando tu mente no descansa ni un solo momento y todo lo demás carece de la importancia que requería cuando reinaban circunstancias; cuando la ilusión se apodera de tí y la transmites a los demás con brillo en los ojos; cuando deseas algo con todas tus fuerzas, tanto que no eres capaz de articular palabra; cuando mueves cielo y tierra para que los hilos comiencen a moverse para tejer los sueños; cuando logras que una multitud se siente en el suelo a contemplar tu sueño y sientes esa emoción, y se te escapa una sonrisa, y estás feliz; cuando te acuestas agotado y lo ves todo sin sentido y, de repente, despiertas enérgico y lleno de vida e ilusión; cuando ves el apoyo desinteresado de tu familia y amigos ante un sueño. Cuando eso ocurre solo puedes luchar por conseguirlo, solo puedes seguir deseándolo y poner todo tu empeño y lo mejor de tí por que se haga realidad. Cuando eso ocurre no existe el fracaso, porque fracasar hubiera sido no haberlo intentado, no haberlo dado todo. En las últimas semanas he estado trabajando en ello. Noche y día con la mente puesta en un sueño que espero se cumpla. Como el más duro de los proyectos había que imaginarlo primero, darle forma. Equiparlo es lo más laborioso, aunque, sin duda, el esfuerzo mereció la pena. Pero sin duda, la parte más bella de todas es el camino hacia la cadena. Enfrentarte a todas las dificultades que te ofrece el proyecto y, poco a poco, ir asimilando cada tramo, cada paso. Encadenar no tiene tanto valor si no has tenido que dar gran parte de tí para conseguirlo. De esta forma la recompensa es aún mayor. El resto, el existo, depende de otros factores que quizás se escapen de uno mismo. Pero el hecho de haberlo intentado, de haberlo disfrutado y de haberlo dado todo es con lo que cada noche, cuando cierras los ojos, quieres recordar. Felices sueños..

domingo, 6 de marzo de 2011

EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Muchas veces me pregunto cuánto tiempo de mi vida he pasado conduciendo, con la mente ocupada por regletas, chorreras y proyectos, de un sector para otro, de aquí para allá en busca de aquel pedazo de roca eterna que, por un corto periodo de existencia para ella, a nosotros nos encandila, nos atrapa, nos ilusiona y nos da la vida...

Hacer 1200 km en un fin de semana puede parecer una barbaridad. A mí también me lo parece. Pero aún hoy siento ese nerviosismo infantil que me acompañaba en aquellas noches precedentes a una jornada de escalada, cuando eso de escalar era aún algo por descubrir...

En el transcurso de la hora que necesito para recuperar mis castigados antebrazos, tras el fallido intento a ese eterno proyecto, contemplo a aquellos escaladores que ahora están descubriendo esta pasión por la roca. Observo todos sus movimientos. Intento recordar esas sensaciones pioneras para ellos y tan aprendidas ya por mí. Calzarse los pies de gatos, atarse el nudo, colocarse las cintas, la magnesera, respirar profundamente...

Mientras eso ocurre mis cintas siguen colgando en esa placa vertical e imponete, a la espera que mi cuerpo y mi mente estén preparados y dispuestos para una nueva batalla contra sus treinta metros de exigentes movimientos...

Sigo descansando al calor de esos rayos de sol invernal sentado sobre la fresca hierba del pie de vía. Observo los movimientos de los nuevos escaladores sobre una vía de sexto grado. En cada movimiento ha de haber una traducción por parte del cuerpo sobre lo que la mente quiere ejecutar. Yo, desde mi privilegiada posición, hace rato que se que, si no pone el pie izquierdo cuarenta centímetros más arriba y a la derecha a la vez que gira la cadera, no podrá coger el agarre deseado y, probablemente, caiga. Un rato más tarde, tras algunas paradas, el escalador llega a la reunión y su fiel compañero lo devuelve a suelo firme. Su cara y sus ojos los dicen todo. Su felicidad es transmitida a cada uno de los allí presentes y su llegada a la cadena de la vía fue toda una victoria. Yo ya se lo que va a ocurrir esta noche cuando se vaya a la cama y cierre los ojos. Todas esas sensaciones volverán y ahí es cuando comienza ese descubrimiento maravilloso, ese aprendizaje...

De reojo miro hacia arriba. Esta vez unos 15 metros a la izquierda de la vía de sexto grado, hacia esas cintas colgando desafiantes. Es mi turno... Después de treinta metros de perfectos movimientos sincronizados con la caliza gris y perfectamente ejecutados llego a la sección clave de la vía. Desde unos planos buenos he de coger una regleta de hombro con izquierda bastante roma, clavar el pie derecho y coger otra regleta vertical con la mano derecha. Después de subir pies he de hacer un movimiento dinámico para alcanzar un canto plano pero bastante bueno. Caigo. No me lo creo. Mi impotencia hace que grite con rabia. Estuve tan cerca esta vez!!
La rabia y la impotencia desaparecen al instante tras soltar toda la adrenalina acumulada durante la treintena de metros que tiene la vía. Al llegar al suelo recuerdo ese rato mientras descansaba a la espera de intentar mi proyecto. Siento una felicidad comparable a la que creo que podía sentir el escalador al que observaba en mi rato de descanso, o por lo menos, sin duda, siento algo parecido. Ya se lo que va a ocurrir esta noche cuando vaya a la cama y cierre los ojos.

Realmente da igual cuanto tiempo llevemos escalando. No importa la dificultad de la vía que estemos intentando. Importa esa cara y ese brillo en los ojos que veo cuando, aunque te hayas lastimado una dedo, aunque te hayas parado veinte veces en una vía, aunque hayas caído en el último paso de una vía, llegas al suelo y transmites todas esas cosas maravillosas que has sentido ahí arriba. Así que, mientras pueda, seguiré conduciendo de aquí para allá con la mente ocupada por regletas, chorreras y proyectos, de un sector para otro, en busca de aquel pedazo de roca eterna que, por un corto periodo de existencia para ella, a nosotros nos encandila, nos atrapa, nos ilusiona y nos da la vida...

martes, 1 de marzo de 2011

PRESENTACIÓN OFICIAL DE VERTIKALIA

Desde hace tiempo comprar productos de montaña y escalada empezó a ser cada vez más fácil. Recuerdo esas kilometradas que tenía que pegarme para comprar magnesio o pillarme unos pies de gatos. Hasta hace relativamente poco tiempo el mercado de las tiendas de montaña online era muy reducido. Ahora puede decirse que existe un "boom" de oferta de productos de montaña online y eso a los escaladores nos ha venido muy bien. La posibilidad de comparar precios y elegir a la vez que disponemos del producto deseado en 24 horas. Todo un lujo.

Ahora se incorpora Vertikalia.

Vertikalia nace en Málaga con la idea de poner a nuestro alcance todo cuanto necesitemos en cuanto a material de escalada. Dispone de todos los productos de vanguardia y ofrece un trato personalizado y familiar.

Para darse a conocer entre el público escaldor Vertiklia organiza en próximo 2 de abril, en El Chorro un encuento de escalada para presentarse a lo sociedad escaladora. Un encuentro donde habrá escalada, buen rollo y premios en material de montaña al alcance de todo los que acudan a escalar en los emblemáticos sectores de El Chorro. Para más info pincha aquí.