miércoles, 16 de febrero de 2011

BAILE SUTIL

Pues no Juanlu, no. Al final no estuve ni con Lourdes ni con ninguna de sus primas esculturales el pasado fin de semana. Se juntó la mala predicción meteorológica para el domingo y la pesadez de las dos horas y medias de carretera de nuevo. Como si los 5 días que transcurrieron desde la última visita al El Chorro no hubieran pasado. Y como proyectos no nos faltan en cada muro de nuestra geografía, decidimos quedarnos más cerca e intentar tachar algunos de esos proyectos antiguos que siempre pensamos que, como están al lado de casa, pronto haremos. Decidimos escalar en vertical, con pies pequeños, cantos pequeños y vía largas. Con el sol calentándonos la espalda y haciendo que esas ínfimas regletas fueran aún peor. Cómo cambia el asunto cuando tienes que tirar de un bidedo romo hasta alcanzar, allá a lo lejos, una regletas que muerden las llemas de los dedos, con los pies tan malos que no sabes como aún están en contacto con esa adherente roca caliza gris. Después de 25 agónicos metros de incertidumbre, de lucha, de técnica y baile sutil llegas a un paso de fuerza máxima sobre dos regletas que apuntan al cielo y te hace caer una y otra vez. Te arden las manos que ya no agunatan más y te das por vencido. Eso sí, solo por ahora.

Así es la escalada que hemos estado probando en Benaocaz. Sin duda un muro de una calidad impresionante con unas líneas inmejorables.

La escuela pequeñita, la aproxiación corta, el ambiente familiar y un sol que al atardecer dibuja formas caprichosas y espectaculares. Caminar sobre la fresca hierba del pie de vía y ese olor mediterráneo propio de la sierra gaditana. Aquí no hay guiris con sus topos, solo se escucha venga vamos, risas y acento andaluz.

Ojos de Cíngara y Bankov siguen pendiente entre nuestros proyectos. Quizás porque en el fondo queremos volver y disfrutar de ese baile que también engancha, como todo lo que huele a roca y a magnesio...

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