domingo, 29 de marzo de 2009

LA MONTAÑA

A medida que nos hacemos mayor nos vamos definiendo como personas. Con el tiempo, nuestro carácter va cogiendo forma al mismo tiempo que nuestros gustos, aficiones, pensamientos, etc. Recuerdo una mañana de primavera en una excursión donde se hicieron dos grupos que realizarían dos actividades diferentes en la sierra de Grazalema. Un grupo haría un senderismo por la zona de Benaocaz para visitar unas formaciones cársticas. El segundo iría a una zona de escalada cercana, Aguas Nuevas (una escuela que hoy en día recibe pocas visitas y se encuentra un poco anticuada), y realizarían un curso de iniciación - conocimiento de la escalada deportiva. La verdad es que la curiosidad me llevó a ir con el segundo grupo, pero también podía haber ido en el otro. Fue una decisión tomada a la ligera, sin más. Desde ese día algo ocurrió y las ganas de conocer “eso” de escalar fue inquietándome cada vez más. Rápidamente fui aprendiendo, de forma autodidacta principalmente, las técnicas de aseguramiento, los nudos, el material y todo cuanto hacía falta para poder realizar de forma autosuficiente “eso” de escalar. No puedo disimular una sonrisa cuando recuerdo los comienzos con Sergio, aventurándonos en los sectores con los “terriblemente” difíciles 6as. Poco a poco fuimos aprendiendo y, casi sin darnos cuenta, “eso” de escalar se convirtió en nuestra actividad favorita para nuestro tiempo libre. Luego, con el tiempo y unos amigos (Antoin, Varo, David Pérez, Sergio y yo), montamos un pequeño panel en un pequeño garaje donde cada tarde íbamos a apretar y a ponernos fuertes (o por lo menos eso nos gustaba pensar y decir). Hoy en día cada uno de los cinco sigue escalando. Antoin en Francia con su compañera incondicional Virgie; Sergio en “su” Málaga, en su Cala y siempre motivado con las compes y demostrándonos en cada sesión de plafón como se hace un buen bloqueo; David entre Puerto Real y Rota, meticuloso en su entrenamiento y con una exquisita técnica; Varo donde le lleve la motivación y con ganas de más siempre, aferrado al apriete y a las largas vías de Grazalema que lo traen “cabeza-abajo”; y yo, que hago lo que puedo. Quizás, los cinco, en un determinado momento decidiéramos ser escaladores o, mas bien, no creo que sea una cosa que se decida así, mas bien es un impulso a hacer algo que te llena. El cuerpo te lo pide. Entiendo el frío en las manos al tacto de la roca en un día lluvioso e invernal mientras aseguras a un tarado que, una y otra vez, trata de comprender una secuencia de movimientos a veinte metros del suelo y se pone superfeliz cuando la ejecuta. Entiendo el cansancio y los kilómetros de un jueves cualquiera después de haber salido de trabajar y, con el tiempo justo, ir a darle un pegue al proyecto de turno. Entiendo diez días y dos mil kilómetros dando vueltas por España en busca de un buen sector de sol. Entiendo todo eso. Entiendo elegir una forma de vida no convencional en post de un sentimiento. Yo lo elegí; o quizás simplemente me dedique a hacerlo…
No tengo palabras para describir todo lo bueno que he recibido de la escalada y la montaña. Pero hoy, la misma montaña, la que queremos, la que amamos y de la que no nos podemos separar, se ha llevado algo que no le pertenecía. Ha sido implacable. Mi más sentido pésame a la familia.

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